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En la década del 50, durante la segunda presidencia de Juan Perón, el complejo industrial de Córdoba cobra un gran impulso gracias al desarrollo de la Fábrica Militar de Aviones (FMA) que trajo consigo la conformación de uno de los mayores polos productivos del país y Sudamérica. La FMA no sólo desarrollaba aviones de última generación como el Pulqui; sino también se convirtió en el motor de la industria automotriz cordobesa, con modelos populares como el Rastrojero y la moto Puma.

La instalación de multinacionales automotrices como la norteamericana IKA y la italiana Fiat trajo consigo la apertura de cientos de autopartistas que requirieron mano de obra altamente calificada; que a fin de cuentas, construyó un nuevo actor social: el obrero industrial cordobés.

La síntesis de este nuevo actor social es Santiago Pampillón, un militante universitario de Franja Morada y obrero metalmecánico de IKA que se oponía a la dictadura de Juan Carlos Onganía, que apoyado por la Embajada de EEUU había derrocado al presidente Arturo Illia el 28 de junio de 1966. El presidente depuesto había anulado los contratos petroleros que beneficiaban a las compañías extranjeras y atentaban contra la soberanía nacional; y sancionó la ley de medicamentos que privilegiaba el bien social por sobre los intereses de los laboratorios dueños de las patentes.

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Luego del golpe de Onganía, miles de estudiantes nucleados en la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) iniciaron una huelga contra las restricciones de la autonomía universitaria y de las libertades públicas. En septiembre de 1966, a los estudiantes se le suman distintos sindicatos; y durante una masiva movilización por el centro de la ciudad, el 7 de septiembre es asesinado por la Policía el obrero y estudiante Santiago Pampillón. Esas jornadas fueron la primera muestra de unidad entre los estudiantes y la clase obrera cordobesa.

Tres años después, en mayo de 1969, los dirigentes Agustín Tosco de Luz y Fuerza, Atilio López de UTA y Elpidio Torres de SMATA lanzan un paro contra el plan de ajuste de Onganía y su ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena; que había devaluado la moneda un 40%, congelado los salarios durante dos años y producido un plan de despidos en el Estado. Mientras, la burocracia sindical nacional de la CGT conducida por Augusto Timoteo Vandor y José Alonso trata de aplacar la protesta cordobesa. La CGT de los Argentinos, la central obrera antiburocrática dirigida por el gráfico Raimundo Ongaro, apoya la protesta organizada desde Córdoba por Tosco, López y Torres y lanza un paro nacional para el 30 de mayo. Acorralado por las bases, Vandor también convoca para la huelga nacional del 30 de mayo.

“Este es el camino que debe seguir la clase obrera, este es el camino que debe seguir el pueblo argentino, sometido y humillado por esta dictadura infame y feroz”, reclamaba Tosco desde el edificio de la CGT Córdoba en uno de los tantos actos que se realizaron en mayo de 1969.

El líder de Luz y Fuerza, junto a sus compañeros de SMATA y UTA, definen que en Córdoba la protesta será por 48 horas, comenzando el jueves 29 de mayo. Ongaro decide sumarse a la protesta y viaja a Córdoba, pero es detenido la noche del miércoles, cuando llega a la provincia mediterránea. La noche del martes 27, en una parrilla céntrica de la avenida Olmos al 100, que era propiedad del periodista Sergio Villarruel, los dirigentes sindicales cordobeses diseñaron la táctica de lucha para que las masas obreras de las automotrices IKA, Fiat, Grandes Motores Diésel, Perkins y Thompson-Ramco avanzaran desde el sur de la ciudad; mientras que los trabajadores de EPEC nucleados en Luz y Fuerza realizarían apagones programados para dejar la Capital a oscuras; y los estudiantes coparían la Ciudad Universitaria, el centro y el barrio de Alberdi donde está apostado el Hospital de Clínicas, para distraer a la Policía y al Ejército; para que los trabajadores pudieran llegar con sus columnas hasta el centro.

Los primeros choques se dan cerca de la Ciudad Universitaria, en la plaza de Las Américas, cuando retenes de la Policía Federal reprimen con gases y balas de goma el paso de los obreros de IKA. A la misma hora, en Buenos Aires, el dictador Onganía iniciaba un discurso transmitido por Cadena Nacional en conmemoración por el Día del Ejército.

Al mediodía, la Policía cordobesa desata una furiosa represión contra los mismos trabajadores de IKA que pugnaban por llegar al centro de la ciudad. En la esquina de Arturo M. Bas y el bulevar San Juan, cae asesinado por balas policiales el obrero Máximo Mena; quien como Pampillón, también trabajaba en la planta de Santa Isabel de IKA.

El crimen de Mena se conoce por toda la ciudad en cuestión de minutos y se desata una violenta revuelta, cada cuadra se convirtió en una trinchera desde donde se combatía a policías provinciales y federales. El barrio Clínicas, como se llamaba a la zona de Alberdi donde está enclavado el hospital universitario, fue una zona liberada por estudiantes que durante horas tuvieron a maltraer a la Policía.

Los piquetes, las barricadas levantadas por trabajadores y estudiantes se extienden por cuadras en el centro y macrocentro de la ciudad de Córdoba. La sociedad civil se pliega a la protesta y colabora en la construcción de barricadas, como también en refugiar a manifestantes perseguidos por la represión. La Policía está desbordada y no sabe qué hacer, finalmente decide acuartelarse.

Los comercios de multinacionales extranjeras arden con los bombazos molotov de los manifestantes. El centro es un caos de fuego y terror. Ni bien cae la tarde, Onganía le ordena al jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, general Jorge Raúl Carcagno, ingresar a Córdoba y recuperar la ciudad. En un total de 65 vehículos entre camiones y jeeps, ingresan a la ciudad desde el oeste por la avenida Colón, declarando el toque de queda y el estado de sitio.

Con la energía cortada por los piquetes de los trabajadores de Luz y Fuerza, el Ejército intenta regresar al orden a la ciudad. Los disparos aislados y el fuego de las barricadas, indican que no hay calma. La jornada termina con más de diez muertos.

El viernes 30 de mayo, día del paro nacional; el dictador Onganía anuncia la creación de los Consejos de Guerra para juzgar a los responsables del Cordobazo: fueron detenidos Tosco, Torres y Jorge Canelles, dirigente de la UOCRA y del Partido Comunista. Tosco fue condenado a 10 años de prisión, pero finalmente recuperó su libertad seis meses después.

A las pocas semanas del Cordobazo, el interventor Carlos Caballero es obligado a renunciar por Onganía, y en su reemplazo asume el general Jorge Carcagno.

Muy golpeado por la revuelta popular cordobesa, el dictador Onganía ve tambalear su Revolución Argentina, con la que planeaba gobernar con puño de hierro durante dos décadas. Se producen otras tomas de ciudades como Rosario o Cipolletti.

Un año después, el 29 de mayo de 1970, es secuestrado y asesinado por Montoneros en la pequeña localidad bonaerense de Timote el dictador Pedro Eugenio Aramburu; sellando la caída definitiva de Onganía, quién renunció el 8 de junio de ese año.

Hoy se cumplen 50 años de esa gesta popular que significó el principio del fin de una dictadura feroz. El ejemplo de Tosco sigue vigente en cada lucha que sale de las bases y se planta frente a la complicidad de la burocracia sindical.