Entre los muchos símbolos que dejaron huella en la vida de Ricardo Fort, pocos representan su personalidad como su legendario Rolls-Royce Phantom. Este automóvil británico, sinónimo de distinción y artesanía, fue una de las joyas más valiosas del “Comandante”. Con un diseño majestuoso, un precio que rozaba los 700.000 dólares y una mecánica digna de un palacio sobre ruedas, el Phantom de Fort sigue siendo un ícono de lujo automotor en la Argentina.
El Rolls-Royce Phantom que poseía Fort era de color blanco perlado, con detalles cromados y una línea imponente que combinaba tradición con modernidad. Su carrocería de más de 5,8 metros de largo estaba construida a mano en la fábrica de Goodwood, Inglaterra, y destacaba por la icónica figura del “Espíritu del Éxtasis” sobre su parrilla cromada. El interior, como era de esperarse, era un auténtico santuario del confort: tapizados en cuero natural, inserciones de madera artesanal, relojes analógicos de precisión suiza y un aislamiento acústico que transformaba cada viaje en una experiencia casi espiritual.
En cuanto a la mecánica, el Phantom de Fort equipaba un motor V12 de 6.75 litros, capaz de entregar 460 caballos de fuerza y un torque monumental de 720 Nm. A pesar de su peso superior a las 2,5 toneladas, podía acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 5,9 segundos, una cifra impresionante para un vehículo de su tamaño. Su transmisión automática de 8 velocidades y la suspensión neumática adaptativa hacían que cada desplazamiento fuera tan suave como flotar sobre una alfombra.
El empresario utilizaba el Rolls-Royce Phantom en sus apariciones públicas, eventos sociales y grabaciones televisivas. Era su carta de presentación, su forma de decirle al mundo que el lujo y la extravagancia podían ser parte de la cultura popular argentina. No era simplemente un auto, sino una extensión de su personaje mediático, un símbolo de éxito y audacia.
Tras su fallecimiento en 2013, el destino del Phantom generó gran expectativa. Durante varios años permaneció en manos de su familia, pero posteriormente fue adquirido por un coleccionista privado argentino que decidió conservarlo en perfecto estado. Actualmente, el vehículo se encuentra en una colección exclusiva en Buenos Aires, donde se lo mantiene restaurado y con todos sus componentes originales, como un homenaje al legado automotor de Fort.
El Rolls-Royce Phantom de Ricardo Fort no es solo un auto: es una pieza de historia del espectáculo y del lujo en la Argentina. Un recordatorio de que, incluso una década después de su partida, el “Comandante” sigue rodando en la memoria colectiva con la misma potencia, elegancia y magnetismo que lo caracterizaron en vida.
