Jean-Luc Mélenchon cerró este domingo la edición 2026 de los AMFIS, las universidades de verano de La Francia Insumisa (LFI), ante varios miles de militantes reunidos sobre un escenario montado a orillas del río Isère, en Châteauneuf-sur-Isère. Con más de 8.000 personas durante el fin de semana, LFI nunca había organizado unas jornadas de esta magnitud. Rodeado por los principales dirigentes y electos de su movimiento, el candidato repasó el panorama de crisis internacionales y climáticas y llamó a la "resistencia de los pueblos" de cara a las elecciones presidenciales.
Guerras, canículas y un presupuesto que promete censurar
"Las guerras y la canícula hoy se pagan con un costo social muy alto", planteó Mélenchon, al denunciar la estrategia de los países europeos frente a lo que calificó de "crímenes israelíes" en Gaza y al lamentar la inacción estatal frente a los incendios y olas de calor que definió como "lo peor del momento". En esa misma línea, apuntó contra el gobierno de Emmanuel Macron y el presupuesto que prepara el primer ministro Sébastien Lecornu, al que prometió volver a censurar.
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También retomó una de sus propuestas del verano boreal: que el Banco Central Europeo "congele" la deuda pública de los Estados, empezando por la contraída durante la pandemia, una idea que el sábado había calificado de "económicamente posible" el banquero Matthieu Pigasse, invitado al evento, aunque su legalidad frente a los tratados europeos y su eficacia real son discutidas entre economistas.
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Días atrás, Gabriel Attal había acusado a Mélenchon de querer llevar a Francia "a la bancarrota total" por su plan de anular parte de la deuda pública, que el líder insumiso había planteado en junio con la fórmula de "tomarla y tirarla al fuego"; Mélenchon respondió que la operación no afectaría a ningún acreedor y que se trataría apenas de "un asiento contable interno".
Un "Estado ecológico" frente al "harakiri" del mercado
La transición ecológica ocupó buena parte del discurso. Mélenchon reclamó una planificación ecológica que calificó de "obligación ardiente", insistió en su propuesta de una "conscripción ecológica" para formar guardias regionales de seguridad civil y retomó su concepto de "ecorregiones" a cargo de frenar el saqueo de los bienes comunes, con la gestión del agua como eje de las políticas públicas locales.
Denunció además un ambiente "envenenado" por pesticidas, hidrocarburos, metales pesados y la cría industrial intensiva, y sostuvo que ese envenenamiento ecológico es "resultado de decisiones políticas". Frente a lo que llamó la "descomposición" de un Estado que hizo "harakiri" en beneficio del mercado - y frente a la idea de un "spoil system" que impulsa el ex primer ministro Gabriel Attal para ampliar el poder de nombramientos del presidente sobre la alta administración -, reclamó un "Estado imparcial" en el que nadie sea juzgado "por su color de piel" o su domicilio.
El duelo que Mélenchon lleva años preparando
Después de haberlo perdido por apenas 420.000 votos en 2022, la incógnita es si esta vez Mélenchon logrará cruzar la barrera de la segunda vuelta para enfrentar, según las proyecciones, a Marine Le Pen. El propio candidato viene construyendo desde hace más de una década ese esquema de "ellos contra nosotros", donde "ellos" es la ultraderecha como brazo del capitalismo y "nosotros" es el pueblo. Según reporta el diario Le Monde, Para el politólogo Jean-Yves Dormagen, fundador del instituto Cluster17, la estrategia de Mélenchon consiste en erigirse en el anti-Le Pen: el rostro de una Francia más joven, popular y mestiza frente a una Francia que la líder del Rassemblement National (Reagrupamiento Nacional) representa como cerrada y homogénea, con un interés mutuo de ambos en instalar la elección como un duelo directo.
La candidatura insumisa es tomada en serio incluso por sus adversarios. Gérald Darmanin, ministro de Justicia, que esta semana formalizó su respaldo al ex primer ministro de Macron, Édouard Philippe, estimó en el diario La Voix du Nord que Mélenchon podría superar el 20% en la primera vuelta. El consultor Alain Minc, otro apoyo de Philippe, llegó a comparar a Mélenchon en inteligencia y cultura política con ex ministros históricos del socialismo francés.
El respaldo más inesperado llegó desde el propio gobierno: la ministra de Ecología, Monique Barbut, declaró al diario Libération que Mélenchon es "quien más integra la cuestión climática" en sus propuestas económicas y sociales, un elogio que cayo muy mal a Los Écologistes. La presidenta del bloque verde en la Asamblea Nacional, Cyrielle Chatelain, presente este fin de semana en los AMFIS insumisos, lo interpretó como un mensaje de la ministra dirigido a su propio sector. Pese a la tensión, la secretaria nacional de Les Écologistes, Marine Tondelier, dio un giro a mediados de agosto al enviar una carta a todos los partidos de izquierda proponiendo encuentros bilaterales para construir un proyecto compartido. En LFI, sin embargo, la respuesta fue cautelosa: el intendente de Saint-Denis, Bally Bagayoko, la calificó de "carta Canadá Dry" por su parecido con lo que dice ser sin serlo exigiendo pruebas de sinceridad. Es evidente que una adhesión formal de Tondelier le daría a Mélenchon una legitimación adicional del "voto útil" y ampliaría mecánicamente su base electoral.
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Pero llegar al balotaje sigue siendo, para LFI, una meta cuesta arriba. El politólogo Rémi Lefebvre describe en el mismo artículo de Le Monde, el dilema de Mélenchon como una tensión constante entre polarizar para sumar juventud y, al mismo tiempo, tranquilizar a un electorado moderado que necesita convencer de que puede ganar. Dormagen agrega que las anticipaciones sobre la segunda vuelta pesan ya desde la primera: si Mélenchon es percibido como el candidato que más le conviene a Le Pen, puede desalentar al electorado socialdemócrata, un espacio que el ex presidente François Hollande y Raphaël Glucksmann disputan como opción de recambio capaz de vencer a la ultraderecha. Por ahora, según las encuestas, Mélenchon pierde frente a Le Pen, y LFI apuesta a revertir la tendencia convenciendo a los abstencionistas de los barrios populares y las zonas rurales de votar por los insumisos. También cuenta con un eventual "frente republicano" en el balotaje, como el que contuvo el avance del partido de Marine Le Pen en las legislativas de 2024.
De cara a la campaña, la dirigencia insumisa optó por moderar el tono sin resignar radicalidad programática: la eurodiputada Rima Hassan, cara visible de la campaña europea y central en las manifestaciones pro-palestinas, seguirá siendo un activo del movimiento pero no estará en el centro de la campaña presidencial, mientras el partido construye una red de altos funcionarios afines - bautizada "los Frigios" -, buscando gestos hacia el mundo económico.
Un stand argentino
Entre los diferentes stands de las asociaciones de la sociedad civil que participaron en los AMFIS se encontraba el de la Asamblea de Ciudadanos Argentinos en Francia (ACAF) que difundió el reclamo por la libertad de Cristina Fernández de Kirchner, considerada víctima del lawfare. Varios dirigentes de LFI visitaron el stand donde se presentaban libros sobre la actualidad argentina y afiches pidiendo por la libertad de Cristina y de Milagro Sala. Jean-Luc Mélenchon, quien estuvo también presente, expresó su solidaridad con CFK exigiendo su liberación.
Una izquierda todavía sin candidato único
Mientras LFI exhibe su aparato ya en modo campaña, el resto del arco progresista sigue sin resolver quién lo representará. A esta altura hay cuatro nombres confirmados para la primaria del PS-Place Publique de octubre: Raphaël Glucksmann (oficializó su candidatura hoy domingo, y parte como favorito), Ségolène Royal, el diputado Philippe Brun y el diputado Jérôme Guedj. Sigue abierta la incógnita sobre el primer secretario del PS, Olivier Faure, señalado como el principal rival de Glucksmann si finalmente se presenta. Es necesario recordar que la candidata del Partido Socialista (PS), Anne Hidalgo, obtuvo en 2022, 616 478 votos, es decir, 1,75% de sufragios emitidos.
El Partido Comunista Francés (PCF) descartó sumarse a cualquier primaria de izquierda y va a presentar candidatura propia para 2027, por fuera tanto de LFI como del proceso PS-Place Publique. En julio, en su 40º congreso en Lille, Fabien Roussel fue reelecto secretario nacional con el 70,1% de los votos, un resultado que reforzó su camino hacia una tercera postulación presidencial, pese a que en 2022 obtuvo apenas el 2,28%. Este sábado 22, durante la universidad de verano del PC en Toulouse, el secretario nacional tuvo que limitarse a usar el condicional: «La noche del 6 de septiembre, deberíamos ser la segunda fuerza de la izquierda en presentar oficialmente su candidatura.» Vale aclarar que Mélenchon ya había manifestado su malestar por esta probable candidatura comunista, que profundiza la fragmentación del espacio a la izquierda de los socialistas.
La derecha y el macronismo, también sin nombre propio
Del otro lado del tablero, el bloque conservador y el oficialista enfrentan un dilema simétrico, agravado por la propia incertidumbre en la ultraderecha. Marine Le Pen había sido inhabilitada en marzo de 2025 en la causa por los asistentes parlamentarios ficticios del RN, pero apeló el fallo, y en julio de 2026 la Corte de Apelación de París le redujo la pena de inhabilitación a 15 meses, una parte ya cumplidos desde la condena original. El pedido de recurso en casación suspende la ejecución de su pena de prisión. Gracias a este recurso suspensivo, evita la obligación de llevar a cabo su campaña electoral con una tobillera electrónica.
En el bloque que compite por el segundo lugar, Gérald Darmanin acaba de bajar su propia candidatura para respaldar a Édouard Philippe, mientras Bruno Retailleau - candidato oficial de Los Republicanos desde abril -, resiste las presiones de Laurent Wauquiez y David Lisnard, que reclaman una primaria más amplia para unificar al bloque de centroderecha. En el espacio macronista, los sondeos ubican a los aspirantes muy por detrás del propio Philippe: Gabriel Attal ronda apenas el 10% de intención de voto y François Bayrou (centrista) el 3%, mientras la derecha tradicional, golpeada por dos décadas sin ganar una presidencial y por el desplome histórico de Valérie Pécresse en 2022 (4,75%), teme repetir esa humillación y presiona por una unidad del "bloque central" que hoy sigue sin nombre definitivo.
En ese contexto de dispersión generalizada, LFI construye y despliega una campaña de envergadura de cara a 2027: mientras sus rivales de izquierda, centro y derecha discuten fórmulas, alianzas y primarias sin definiciones, Mélenchon ya tiene partido, programa de gobierno y margen para llegar por primera vez a la segunda vuelta. Faltan ocho meses para saber, si esta vez, los franceses serán capaces de elegirlo presidente de la República.
