Se fue Trump de la Casa Blanca, pero el fantasma del fascismo continúa presente

La asunción de Biden-Harris otorga una ventana de oportunidad; pero, ¿permitirán un cambio a favor de la democracia y las mayorías?

22 de enero, 2021 | 16.16

Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del fascismo. La crisis política de Estados Unidos, expresada tristemente con la violenta toma del Capitolio por parte de seguidores trumptistas, confirma el cuestionamiento a las instituciones democráticas de occidente. La asunción de Biden-Harris otorga una ventana de oportunidad; pero, ¿permitirán un cambio a favor de la democracia y las mayorías?

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El cuestionamiento a la democracia occidental no es reciente y podemos ensayar un fundamento de economía política. El modelo de acumulación extrema en el capitalismo financiero simplemente ha generado mayores niveles de desigualdad, desempleo y empobrecimiento. Este elemento, sumado a la incertidumbre de las regulares crisis económicas y financieras tanto en el centro como en la periferia, ha dejado a las grandes masas populares despojadas de herramientas de protección, consolidando estados supuestamente democráticos pero que representan casi exclusivamente a las corporaciones.

El enojo y desencanto de las mayorías ha sido canalizado por movimientos sociales, expresiones de la sociedad civil, y luchas populares en América Latina, entre otros. Algunas veces conquistando derechos, pero muchas otras veces no. Pero, como ya advertía John Maynard Keynes hace casi 100 años en su libro Las consecuencias económicas de la Paz, las políticas de empobrecimiento de un país pueden dar lugar al surgimiento de movimientos de extrema derecha y fascistas. Keynes hacía el análisis sobre las exageradas restricciones impuestas por los ganadores en la primera guerra mundial sobre Alemania, las cuales, tal como había previsto, derivaron en gran crisis económica y con ello el surgimiento del nazismo.

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Hoy, a lo largo y ancho del mundo se han instalado consignas de derecha o extrema derecha, caracterizadas por un supuesto rechazo al establishment político (cuando sus impulsores son parte del núcleo) que en realidad oculta la oposición a las conquistas en materia de derechos sociales y libertades individuales. No hablamos solo de Donald Trump, sino también de las expresiones de extrema derecha en Europa y en América Latina. En nuestra región, Bolsonaro mantiene su liderazgo en Brasil, y aparecen propuestas fascistas en sectores ultra conservadores en Bolivia, donde llevaron adelante un golpe de Estado, por ejemplo. En Argentina, los Espert o Milei militan la antipolítica y nutren expresiones de odio.

Este diagnóstico nos debe permitir hacer dos reflexiones a nivel global. En primer lugar, cómo actuamos para despojar a quienes tienen prácticas fascistas de la esfera pública, repudiando su comportamiento, con los típicos cordones sanitarios de la política frente a ciertas expresiones. En segundo lugar, cómo recuperar la democracia y cómo reconstruir estados incorporadores que pongan límites al capitalismo salvaje y redistribuyan para las mayorías.

El reciente proceso neoliberal en la Argentina ha dejado a la vista sus sedimentos de individualismo y meritocracia, desordenando, generando angustia y odio. A diferencia de Europa y Estados Unidos, los procesos populares que sostienen la organización comunitaria y la construcción de subjetividades entre las mayorías, han permitido actuar como cordón sanitario de esas ideas entre muchas capas de la población. Ahora bien, la amenaza latente del lawfare, legitimado por ciertos medios de comunicación, con el poder desestabilizador de algunos grupos económicos pueden poner en riesgo nuestra democracia. Hoy en Argentina no tenemos un Trump, pero tenemos comportamientos trumpistas/fascistas por parte del lawfare y ciertos medios.

Los conflictos deben encontrar la respuesta en más política, y la política en su mayor y mejor expresión debe actuar frente a comportamientos fascistas de manera unificada. La mal llamada grieta es fundamental en términos de disenso entre partidos políticos para la estabilidad del sistema institucional, pero ahora debemos prestar atención a la verdadera grieta, asentada en un nuevo territorio: entre la democracia y el fascismo.

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Delfina Rossi

Nació en Rosario. Es magíster en Economía y en Políticas Públicas y cursa el doctorado en Ciencia Política. Directora del Banco Ciudad de Buenos Aires. Exdirectora del Banco de la Nación. Referenta de Buenos Aires 3D. Feminista, ciudadana del mundo, porteña por elección.