Cumbre de las Américas: lo que quiere (y no dice) EE.UU. para la región

De cara al cónclave de esta semana en Los Ángeles, la Casa Blanca pretende sellar compromisos políticos en torno a la gobernabilidad democrática, la agenda digital y de salud, la cuestión ambiental y las migraciones pese al veto sobre Venezuela, Cuba y Nicaragua. El verdadero objetivo detrás de la agenda de Washington.

05 de junio, 2022 | 00.05

En vísperas de una nueva Cumbre de las Américas vale recordar que todo lo que Estados Unidos hace en materia de política exterior, lo hace pensando en su seguridad. No hay filantropía ni magnos valores en la estrategia de la principal potencia del continente pese a esa seductora narrativa sobre el faro moral que supieron exportar mientras articulaban golpes de Estado y libraban guerras en nombre de la democracia. La agenda de Washington solo vela por sus intereses que no suelen coincidir con los de Latinoamérica y el Caribe. Y en el caso del próximo cónclave en Los Ángeles, entre el 6 y el 10 de junio, el trasfondo geopolítico detrás de las propuestas que presenta del anfitrión es uno y claro, aunque no se especifique: frenar el avance de China en la región.

El director principal del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Juan González, sinceró cuál es la aspiración rectora de su país en esta Cumbre, durante una teleconferencia con medios de toda la región de la cual formó parte El Destape: “Ninguna otra parte del mundo impacta la seguridad y la prosperidad de los Estados Unidos más directamente que el hemisferio occidental, y es por eso que el Presidente (Biden) ha dicho constantemente que ve el objetivo de la política de los Estados Unidos de promover una visión de una región segura, de clase media y democrática como algo que está fundamentalmente en el interés de la seguridad nacional de los Estados Unidos”.

Bajo el lema “Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo”, la Cumbre de las Américas regresa al lugar donde nació allá por 1994, con otra administración demócrata — entonces era la de Bill Clinton— y una agenda de fuerte impronta comercial: sentar los pilares del diseño de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que naufragaría en el extremo sur del continente, en Mar del Plata, once años más tarde. Casi tres décadas después, la reedición del conclave en suelo estadounidense se localizará en la costa opuesta del país—de Miami a Los Ángeles— y el anfitrión presentará una agenda volcada hacia lo político acorde a las principales preocupaciones de la Casa Blanca en un mundo muy diferente de aquel.

“Estamos unidos con el hemisferio no solo por la geografía sino también por nuestros lazos económicos, principios democráticos, conexiones culturales y lazos familiares”, insistió González, el primer funcionario de la gestión Biden que descendió al Sur en 2021. Por ello, además de las cabezas de gobierno, la cumbre albergará otros tres encuentros oficiales y un número variado de actividades paralelas: el Noveno Foro de la Sociedad Civil, el Sexto Foro de Jóvenes de las Américas y la Cuarta Cumbre de CEO de las Américas. Los últimos tres días de la cumbre serán los de actividad fuerte para los presidentes americanos, entre el 8 y el 10 de junio.

“La administración Biden demostró una falta de liderazgo en las relaciones interamericanas. Sin embargo, la agenda de ‘Build Back Better’ —una iniciativa para fomentar las inversiones privadas sobre la base de la sustentabilidad— plantea temas que pueden permitir un diálogo interamericano renovado alrededor de desafíos comunes como la agenda social para enfrentar la desigualdad y relegitimar las instituciones democráticas o como el cambio climático”, opina ante la consulta de este medio Jean-Marie Chenou, profesor asociado del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes. Junto a otros académicos, Chenou presentará un informe en el foro demandando más coordinación. “Si la administración Biden lidera una agenda social en las Américas, puede fortalecer la cooperación y volver a tener un liderazgo necesario en un contexto de crisis y de competencia geopolítica en la región”, añade.

Mientras tanto, China avanza. En su artículo “Cómo Latinoamérica puede navegar las guerras comerciales entre China y EE.UU.”, publicado en septiembre de 2021 en el Americas Quarterly, el ex ministro de Hacienda chileno Felipe Larraín y el director asociado y miembro del Centro Adrienne Arsht para América Latina del Atlantic Council Pepe Zhang describen que el intercambio de Beijing con América latina y el Caribe pasó del 1,7% al 14,4% entre 2000 y 2020. La inversión directa, por su parte, ya totaliza una décima parte de todos los desembolsos en esta parte del mundo durante los últimos años. Aún en medio de la pandemia, y cuando gran parte del planeta seguía paralizado, China aprovechó rápida recuperación para que el flujo no cayera.

Una agenda a medida

Pese a las interferencias durante las últimas semanas a raíz de la intención de excluir a Venezuela, Nicaragua y Cuba de la Cumbre, desde la Casa Blanca auguran una reunión “increíble” en la que Biden espera interactuar con el resto de los líderes y representantes para “avanzar en nuestros objetivos comunes y encontrar un terreno común”. Tal es el nivel de optimismo que manejan. Estados Unidos empuja lo que denomina una “agenda ambiciosa” con posibles anuncios de “acciones clave” sobre diversas áreas. En la misma conferencia con los medios latinos, Brian Nichols, subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental dentro del Departamento de Estado, adelantó que su meta es que los participantes asuman cinco compromisos políticos en torno a la gobernabilidad democrática, salud y resiliencia, la transición de energía limpia, el futuro verde y la transformación digital. 

Respecto a la agenda económica, la Casa Blanca quiere alinear a los líderes regionales junto a los referentes del sector privado y la sociedad civil detrás de un fortalecimiento de los acuerdos de libre comercio ya vigentes en el hemisferio. Sin ahondar en detalles, los funcionarios estadounidenses ponderaron la importancia de actualizar las herramientas disponibles de un sistema multilateral con varias décadas a cuestas para promover la recuperación económica de la mano de los sectores de ingreso medio. En su audiencia frente al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el diplomático Kevin O’Reilly, a cargo de la coordinación de la Cumbre, habló de liberar fondos del Banco Interamericano de Desarrollo para impulsar reformas verdes en la región. 

La última expansión de la iniciativa de La Franja y La Ruta de China en la región —con la firma de Ecuador y Argentina en febrero— disparó una alerta en Washington. Sobre todo, porque dicha plataforma no solo abre la posibilidad de un incremento del comercio, sino también de un desembarco cada vez mayor de Beijing en el continente en su calidad de prestamista para infraestructura. Se trata, a las claras, de una herramienta de expansión geopolítica del gigante asiático que ya sedujo a veinte países de América latina y el Caribe en los últimos cuatro años. 

En paralelo, desde el gobierno de Biden aspiran a poner en debate la cuestión de la seguridad alimentaria y su impacto en las poblaciones vulnerables con un enfoque continental, vinculándolo al desplazamiento de millones de personas a lo largo y ancho del continente. Si bien el fenómeno encuentra múltiples razones, una de ellas, sin dudas, gira en torno a la pobreza y la creciente desigualdad, un proceso que antecede a la pandemia y se magnificó desde entonces. Estados Unidos impulsará la firma de una Declaración migratoria para establecer que la responsabilidad es colectiva. 

“La migración irregular es un problema regional que afecta a casi todos los países y, a menudo, un síntoma de otros desafíos que enfrentan América Latina y el Caribe. Lo que esperamos hacer es no solo compartir la responsabilidad y la necesidad de brindar apoyo económico a los países afectados por los flujos de refugiados y migratorios, sino también la importancia de las vías de procesamiento en el país, la expansión de las protecciones de los refugiados y abordar también algunos de los principales impulsores de la migración, que son la falta de oportunidades económicas y la inseguridad”, ilustró González.

Resolver la precaria situación de los migrantes y desplazados que arriban a sus fronteras es una de las deudas pendientes de la actual administración demócrata. Porque, aunque Washington habla de “trabajar juntos para abordarlo de una manera que trate a los migrantes con dignidad, invertir en crear oportunidades que disuadirían a los migrantes de abandonar sus hogares en primer lugar, y proporcionarían las protecciones que los migrantes merecen”, en rigor, la estrategia de deportaciones masivas, represión por parte de la Patrulla Fronteriza y encierros no ha cambiado tanto desde los años de Trump hasta acá. Ni siquiera se ha planteado demoler los tramos del muro que su antecesor alcanzó a levantar.

Otro campo sobre el que EE.UU. busca avanzar en la Cumbre es el de la salud, como “prioridad de seguridad nacional”. En Washington no pasa desapercibido que China y Rusia pisaron fuerte en la región a lo largo de 2020 y 2021 cuando ambas potencias apelaron a la diplomacia sanitaria y proveyeron a Latinoamérica de insumos médicos y vacunas al tiempo que Estados Unidos preservaba celosamente su producción. Recién a mediados del año pasado, la potencia norteamericana liberó los candados al advertir su error y que había cedido demasiado terreno a sus rivales.

Desde entonces, el gobierno de Biden donó casi 70 millones de vacunas al hemisferio —“sin ningún compromiso”, resaltaron los funcionarios— y en la próxima cumbre esperan dar un paso más: promover los sistemas de salud y la seguridad sanitaria en la región frente a futuras pandemias, fortaleciendo las cadenas regionales de suministro de seguridad en salud, no sea cosa que volver a dar ventaja en este plano. Esta hoja de ruta adoptaría la forma, de momento, de un compromiso de los asistentes de avanzar en torno a un enfoque hemisférico que decante en “un plan de acción sobre salud y resiliencia” a futuro, con la expectativa de implementarlo antes de la próxima cumbre en 2026. 

El programa abarcaría una ampliación de “los servicios de salud de calidad centrados en las personas y la comunidad, fortalecer los programas educativos y de capacitación en el campo de la medicina, la salud pública, la nutrición y la investigación en ciencias biomédicas y examinar los sistemas financieros para mejorar de manera más eficiente, efectiva, sostenible, equitativa y transparente el financiamiento público relacionado con los sistemas de salud”, acorde al funcionario del Departamento de Estado.

Por último, en referencia a la cuestión ambiental —una de las banderas que levantó la actual gestión para diferenciarse de la precedente—, la Casa Blanca fomentará una nueva asociación sobre clima y energía a nivel estratégico con las naciones del Caribe, aunque las conversaciones podrían involucrar a otros países. De hecho, es uno de los temas que ya se pre-anunció en la agenda de la bilateral con Jair Bolsonaro pese a que el líder brasileño no es precisamente uno eco-friendly. La responsabilidad de avanzar por este sendero recaería, en caso de prosperar, en la vicepresidenta Kamala Harris quien ya se ocupa de los vínculos con Centroamérica en lo ateniente a las migraciones.

Dentro de este capítulo, y en el apartado correspondiente a “energía limpia”, los funcionarios estadounidenses anticiparon que se trazarán objetivos para la transición hacia una matriz de energía renovable y las formas a través de las cuales el hemisferio puede compartir conocimientos técnicos y mejores prácticas “para poner a las Américas a la vanguardia” del proceso global. Esto implicaría colaboraciones con el sector privado para identificar oportunidades para la fabricación o el comercio de bienes y servicios de energía limpia; fomentar las condiciones propicias para la ampliación de este tipo de fuentes; promover los principios del sector minero sustentable y responsable y asegurar la integración de las cadenas de suministro de minerales en el continente.

En lo concerniente a la suba de la temperatura, y mientras se intenta mitigarla, el plan que propondrá Washington es trabajar en metas nacionales para fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación frente a los fenómenos meteorológicos extremos. “Nuestro compromiso político regional sobre nuestro futuro verde incluirá medidas tales como promover la Declaración de los líderes de Glasgow sobre los bosques y el uso de la tierra para detener y revertir la deforestación; disminuir la cantidad de carbono emitido por las actividades de uso de la tierra y aumentar el almacenamiento de carbono; aprovechar el papel de los océanos y otros cuerpos de agua y combatir la contaminación por plástico en los océanos”.

Por último, los anfitriones pondrán particular atención en la transformación digital y las telecomunicaciones, escenario de fuerte disputa con el desarrollo chino y su proyección a través del 5G. Desde el primer día, el gobierno de Biden ha dejado en claro que, en lo concerniente a esta tecnología asiática en América, pensaba muy parecido a Trump. De hecho, en la previa de la cumbre, el lenguaje de la Casa Blanca es el de afianzar redes de telecomunicaciones “interoperables, resilientes, seguras y confiables” para impulsar la innovación y ampliar el acceso a bienes, servicios e información. Para eso, insisten, será necesario hablar en la Cumbre sobre cómo aumentar la armonización regulatoria en áreas como la gestión del espectro y el comercio digital, además de discutir sobre la expansión de internet y la promoción de la educación de calidad y la ciudadanía digital.

Democracias en pugna

“Es una cumbre lánguida porque Estados Unidos se da el lujo de dejar afuera a países que no piensan igual a cómo piensa su gobierno y eso es un pésimo precedente para la celebración de las Cumbres porque las convierte en unos escenarios ideológicos y no de libre controversia política”, opina ante El Destape el ex presidente colombiano Ernesto Samper, referente del Grupo de Puebla y ex secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Y añade: “La gente espera una actitud más firme de Biden convocando a América latina frente a emergencias como la guerra en Ucrania y se requiere una posición más unificada y no lo va a conseguir porque está ideologizando la cumbre.” 

Sin dudas, uno de los puntos que, a priori, asoma como el más ríspido a debatir entre quienes asistan es el que versa sobre gobernabilidad democrática. En la antesala de la Cumbre, la Casa Blanca se refirió al tema en los términos que suele hacer públicos en los organismos multilaterales: “Todos tenemos trabajo que hacer para construir democracias fuertes e inclusivas en el hemisferio, incluso aquí en casa — ensayó Nichols—. En la cumbre, nuestra acción colectiva puede demostrar nuestro compromiso de mejorar los gobiernos transparentes y responsables que brindan democracia a los pueblos de las Américas.”

Con tal fin, promueven adoptar en Los Ángeles un Plan de Acción que reafirme el compromiso de los países del continente con la Carta Democrática Interamericana, lo que incluiría el establecimiento de mecanismos para enfrentar los nuevos desafíos a la democracia y apoyar el trabajo de las misiones de observación electoral. Asimismo, desde la Casa Blanca impulsan que los compromisos asumidos en el marco de fortalecer la gobernabilidad democrática incluyan “mejorar la protección de los defensores de los derechos humanos, los defensores del medio ambiente —en este punto aún está pendiente de ratificación el Acuerdo de Escazú por parte de varios países de Latinoamérica y el Caribe—, los miembros de la prensa y los denunciantes”. También proponen “aumentar la participación de la sociedad civil, el sector privado y nuevos actores en los procesos democráticos y la toma de decisiones”.  

Paradójicamente, como señala el politólogo Juan Gabriel Tokatlián, Estados Unidos no puso el mismo énfasis sobre la relevancia de la calidad democrática en el último encuentro en Washington con los países de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN) cuyas diez naciones, todas vecinas a China, se reparten entre los “autoritarismos” —Myanmar, Camboya, Vietnam y Laos— y las “democracias defectuosas” —Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia—, acorde al Democracy Index 2021 de The Economist. El décimo país, Brunei, es un sultanato. 

“Creo que lo que es realmente importante para nosotros en términos de la cumbre es por qué nos estamos reuniendo, y eso es para centrarnos en nuestras responsabilidades colectivas para forjar un futuro más inclusivo y próspero para el hemisferio. Así que no hemos estado tan concentrados en quién está invitado y quién no, sino en los resultados que queremos lograr en la cumbre”, respondió González al ser consultado sobre las fricciones que desató la actitud del anfitrión por su veto a las tres naciones americanas. El Presidente Alberto Fernández, por su parte, confirmó la semana pasada su participación con el compromiso de llevar a la reunión esa voz de disconformidad en representación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) que preside.

 

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