Para ocupar una suerte de Casa Blanca del subdesarrollo, el ultraderechista Abelardo de la Espriella asumió este viernes la presidencia de Colombia. Después de que le colocaran la banda presidencial gobernará desde el edificio que mandó a construir en tiempo récord con plata de empresarios y que está dentro de una instalación militar. Además del gesto hacia Washington, los privados y sectores castrenses, la foto de su entorno dio otras señales ya que estuvo acompañado de mandatarios como Javier Milei y Daniel Noboa, y en la previa fue visitado por el canciller de Israel, Gideon Sa’ar, y hasta del titular de la FIFA, Gianni Infantino, quien no se pierde una. En cuanto a sus allegados locales, se contaron los nuevos funcionarios que van desde quemadores de libros -como su futuro representante en la OEA Alejandro Ordóñez- hasta economistas liberales y sectores conservadores de distintas iglesias. Todo en la ciudad de Cali que por primera vez vio la asunción de un presidente y que para la ocasión fue totalmente militarizada. El primer rugido del “Tigre” en funciones ya da pistas claras sobre sus próximos cuatro años en los que promete crear una “patria milagro”.
Cuatro años antes, Gustavo Petro, quien fuera guerrillero del M19 y luego se volcaría a la vida democrática hasta ser parte, con ese movimiento, del proceso constituyente de los años 90 y más tarde convertirse en alcalde de Bogotá, asumió como primer presidente de izquierda de Colombia. La ceremonia del 7 de agosto de 2022 siguió la tradición en Bogotá, pero Petro eligió no solo celebrarla en la central Plaza Bolívar de la capital, sino que también contó con la espada del libertador latinoamericano.
Este viernes, De la Espriella, el ultraderechista que se impuso al candidato de izquierda Iván Cepeda el 21 de junio, quiso dar vuelta toda esa simbología. Eligió ser investido en la ciudad de Cali, la capital del Valle del Cauca, una de las zonas calientes de la violencia en Colombia. El gesto, según dijo el mandatario tiempo antes de asumir, es en contra del centralismo bogotano: "No voy a gobernar desde la Casa de Nariño. Voy a ir a Bogotá, por supuesto, pero voy a estar en todas las regiones del país". A la vez que dijo que su Gobierno -en un país unitario- tendrá sedes alternas a la capitalina y como Milei, afirmó que va a estar poco en la casa del Ejecutivo. Otra promesa en su discurso fue que al final de su mandato el Estado controlaría todo el territorio colombiano, algo imposible para todas las administraciones desde hace décadas.
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Pero un segundo mensaje fue el de jurar ante los militares, cosa que le fue impedida por el Congreso. No conforme con eso, después de su acto de posesión en una universidad -donde estaban las comitivas internacionales y donde no habló- fue a dar su discurso de asunción ante militares en el Batallón Pichincha, un lugar que fue objeto de un atentado en abril del año pasado. “La mayor distinción que Dios, el pueblo y la vida han podido concederme”, dijo en una de sus tantas referencias a lo divino con la que salpicó -al mejor estilo de otro de los representantes ultra de la región, Jair Bolsonaro- todo su discurso.
Colombia adentro: En la América hispanohablante se baila al ritmo de Trump
Abelardo de la Espriella prometió en campaña que se sumaría al Escudo de las Américas de Trump y desde el día uno de su mandato hizo todo por demostrarlo. Ratificó que Colombia se va a sumar a esta supuesta alianza militar para combatir el narcotráfico -de cuyas actividades poco se sabe desde su lanzamiento en marzo-. Este “escudo” está integrado por más de una decena de presidentes de derecha de la región, desde Milei al salvadoreño Nayib Bukele y el ecuatoriano Daniel Noboa, hasta el paraguayo Santiago Peña y el chileno José Antonio Kast.
En su discurso de asunción, y para ser consecuente con ese “club” de Donald Trump, dijo que en sus primeras horas de gobierno publicará una lista de grupos “narcoterroristas”, a la vez que prometió gobernar “lejos de los movimientos totalitarios bolivarianos”.
El vicepresidente de Colombia, el economista José Manuel Restrepo, quien había sido ministro del Gobierno de Iván Duque (2018-2022) -que fue objeto de las mayores protestas de la historia reciente de Colombia entre 2019 y 2021 conocidas como Paro Nacional- ya había anticipado que el mismo viernes 7 de agosto tendrán reuniones bilaterales con la delegación de Estados Unidos. Lo describió como parte de “la apuesta” de Abelardo por la seguridad y para la que contará “con el respaldo del primer socio de Colombia comercial y de inversión que son los Estados Unidos de América”.
Son reuniones que siguen en línea recta el camino que ya venían trazando en distintos encuentros en Washington entre el ministro de Defensa, cuando aún era designado y no había asumido, el general retirado Jorge Eduardo Mora, y el subsecretario adjunto de defensa de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, Joseph Humire. Ahí comenzó la idea del Plan Patriota 2.0, una reedición del Plan Colombia de los años 2000 y el Plan Patriota de años después, con la llegada de Álvaro Uribe a la presidencia (2002-2010).
Este programa, vuelve a situar a Colombia en un “modelo de seguridad subsidiada”, como señaló el investigador en temas de paz y seguridad Andrés Hernández Cubides, en un artículo que escribió en el medio La Silla Vacía. Esto es ya conocido para los colombianos: se trata de “un esquema de alta interoperabilidad con Washington que habla mucho de tecnología y coaliciones, pero muy poco de las lecciones y consecuencias que han dejado otras estrategias como el Plan Colombia y el Plan Patriota 1.0”.
Sobre el primero de estos agregó: “La meta declarada era destinar el 80% de los recursos a lo social y solo el 20% a lo militar. La realidad fue otra: el 57,5% del gasto se dirigió a operaciones contra el narcotráfico y el crimen organizado, y apenas el 16% al desarrollo social”. Sobre el segundo, comentó que fue una continuidad: “con una campaña militar más grande (...) con una doctrina de guerra total y un componente social marginal. En ese momento se ganó por capacidad de fuego y presencia militar, pero no se transformaron las condiciones estructurales que mantienen el conflicto armado”. Y desde entonces hasta ahora, Colombia vive el mismo conflicto, con transformaciones y avances tecnológicos. La única novedad de esta versión 2.0 parece ser solo una parte del nombre.
La relación con Washington será, además, exclusiva. Donald Trump de nuevo exige sacar a China, en lo posible, de ciertos intercambios. La semana pasada, cuando aún no se había oficializado su nombramiento, el designado embajador de Estados Unidos en Colombia, Nate Morris, explicó los lineamientos de su gestión: "Creo que el gobierno colombiano debe decidir si opta por Estados Unidos o por China. No considero productivo que ambos países estemos invirtiendo allí. Me resulta muy alentadora la postura del nuevo presidente y su compromiso de retirar a Colombia del memorando de entendimiento sobre la iniciativa de la Franja y la Ruta. Me parece un paso extraordinario para dejar claro dónde residen nuestras alianzas".
La militarización, el liberalismo y batalla cultural
“Motosierra” y “mano dura” son los ingredientes que Abelardo de la Espriella metió en la licuadora de la extrema derecha regional combinando mileísmo y bukelismo. Sobre lo primero, anunció antes de asumir que recortará más de una decena de embajadas y el día de su asunción dijo: "Firmaré el decreto de congelamiento del gasto público (...) para poner la casa en orden". Sin embargo, también “a la Milei”, prometió preservar los programas dedicados a los más vulnerables. Rápidamente, para que los privados no chisten, le tocó dar anuncios para esos sectores: dijo a los empresarios que Colombia va a ser “un lugar seguro para invertir” y agregó que va a eliminar el impuesto al patrimonio para dejar de "castigar a quienes invierten y generan riqueza". Esto va en línea con lo que dijo en campaña y en su programa, donde dijo que avanzaría con “ajuste fiscal que reduzca el tamaño del Estado”, una “Gran Revolución de Desregulación” para la “eliminación de trabas para el sector empresarial” y apoyado en la centralidad de la producción de petróleo y gas. También dijo que va a “estabilizar y refinanciar la deuda pública”.
En Economía también quedó claro que los sectores sobre los que se apuntalará son el campo, “el fracking responsable y sostenible” -sector que hasta ahora no está claro si es viable en el país-, la minería y agregó que respetará los acuerdos de libre comercio y eliminará “barreras arancelarias”, en total sintonía con Trump.
Sobre su reedición de Bukele y Noboa, el Tigre dijo: “Le imparto desde aquí a las fuerzas militares y a la policía la orden perentoria de combatir a todas las estructuras criminales sus integrantes. Los integrantes de las bandas criminales y del narcoterrorismo tienen dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza decidida del Estado colombiano y su fuerza pública”. Y en ese camino, les ofreció garantías jurídicas de que no serán "perseguidos" porque los considera “héroes” y serán una parte "esencial" de la construcción de lo que denomina "patria milagro". “Que no se equivoquen, el Tigre -dijo hablando en tercera persona- ha llegado y sabrán lo duro que muerde cuando se trata de defender al pueblo colombiano”, comentó.
Repitió también que la erradicación de los cultivos ilícitos “por todas las vías”, como ya anticipó en campaña cuando dijo que va a simplemente destruir los campos de coca y fumigarlos con “bioherbicidas” -ante todo, cuidar el medioambiente-, desmontar a los grupos armados, fortalecer de las FF. AA. y F. S., a la vez que propone construir una suerte de milicias urbanas llamadas “Bloque de Defensa para la Seguridad Urbana” que aún quedan en la nebulosa, construir de 10 “megacárceles” y terminar con la política de “Paz total” de Petro así como con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) que fue creada en 2017, tras ser pactada en el Acuerdo de Paz de 2016 entre el Gobierno colombiano, entonces liderado por Juan Manuel Santos, y la guerrilla de las FARC-EP.
Un capítulo que no podía quedar afuera llegó casi al final cuando De la Espriella dijo: "Mi gobierno librará la batalla cultural para recuperar el valor de la familia, el mérito (...) la creencia en Dios y la responsabilidad individual". Durante su investidura hablaron referentes de diferentes credos -católicos, evangélicos, judíos- y días antes se mostró en una suerte de retiro espiritual. Jaime Andrés Beltrán, ahora ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio, comentó en X sobre el encuentro: “La mano del hombre es inútil sin la ayuda de Dios. Todo el gabinete del nuevo gobierno, junto al Presidente Abelardo de la Espriella, vivimos un momento de encuentro y unión, porque sabemos que la batalla que se viene también es espiritual”.
En todas sus promesas, Abelardo de la Espriella parece prometer que Colombia comenzará a girar el curso de su historia hacia el sentido que siempre tuvo y quizás más allá.
