Maryna Bondarenko dice que tiene tres maletas preparadas en su apartamento de Polonia, esperando el día en que vuelva la paz a Ucrania.
Esta periodista de 51 años huyó de Kiev con su hijo y su madre después de que Rusia lanzó su invasión el 24 de febrero de 2022. Pensó que estarían en el extranjero durante uno o dos meses, hasta que terminara la guerra.
Cuatro años después, sigue allí, trabajando en una redacción en lengua ucraniana que atiende a una comunidad de más de 1,5 millones de ucranianos que viven en Polonia.
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"Hubo muchos momentos en los que pensamos: 'Ya está, por fin vamos a volver'. Fuimos varias veces a la oficina de correos, empaquetamos nuestras pertenencias en cajas, absolutamente seguros de que íbamos a volver", cuenta.
La invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia ha desencadenado la mayor crisis de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Según cifras de la ONU, más de 5 millones de ucranianos se encuentran dispersos por toda Europa, muchos de ellos en Europa Central y Oriental.
SEPARADA DE SU MARIDO
Aproximadamente tres cuartas partes de los refugiados son mujeres y niños, después de que Ucrania impuso la ley marcial que prohíbe a los hombres en edad militar salir del país.
Bondarenko anhela reunirse con su marido, Andrij Dudko, un exoperador de cámara de televisión de 44 años que presta servicio como operador de drones en el frente. Pero las oleadas de ataques aéreos rusos, que han dejado sin electricidad a decenas de miles de personas en Kiev durante un crudo invierno, la convencieron de quedarse.
"Nos preparamos para irnos y entonces se produce otro ataque masivo. Nos preparamos de nuevo y entonces llega el frío invierno y no hay calefacción, ni electricidad, ni agua. Y no puedo llevar a mi hijo allí, bajo los cohetes".
En Polonia, han surgido grandes comunidades ucranianas en ciudades como Varsovia y Cracovia, lo que en ocasiones ha provocado tensiones con los residentes locales, que se quejan de que los recién llegados se quedan con las prestaciones sociales y los puestos de trabajo.
"Quiero volver a casa, de verdad. Sé que no será fácil", dijo Bondarenko, añadiendo que el país al que regresa habrá cambiado profundamente.
El Gobierno del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, espera que el 70% de los ucranianos que se encuentran en el extranjero regresen una vez que termine la guerra. Sin embargo, las encuestas muestran que, con el paso del tiempo, la proporción de ucranianos que dicen querer volver está disminuyendo.
Para muchos de los jóvenes ucranianos que viven en el extranjero, como Danylo, el hijo de 11 años de Bondarenko, el país es un recuerdo lejano.
Le gusta Polonia, a pesar de haber experimentado cierta hostilidad hacia los ucranianos en la escuela.
"No recuerdo a nadie de Ucrania. Recuerdo que tenía un amigo, pero no lo recuerdo muy bien y he perdido el contacto con él", dijo. "No creo que vuelva a Ucrania".
"LA VIDA TOMÓ UN GIRO DIFERENTE"
Iryna Kushnir y Olga Yermolenko, que eran amigas en el instituto de la ciudad de Járkov, en el este de Ucrania, reavivaron su amistad después de que ambas huyeron a Estambul al comienzo de la guerra, formando parte de un número mucho menor de ucranianos que buscaron refugio en Turquía.
"Pensaba que la guerra terminaría rápidamente, así que no tenía intención de quedarme mucho tiempo en Estambul", dijo Kushnir, de 42 años, que dejó a su hija Sofía, de 19 años, en Ucrania para que estudiara.
Pero cuatro años después, está casada con un turco y tiene un trabajo como profesora en el departamento de ucraniano de la Universidad de Estambul.
"Como todos los ucranianos, tenía pensado volver a casa, pero la vida ha sido diferente", afirma Kushnir, que se siente orgullosa de que su hija haya decidido quedarse en Ucrania.
Su amiga, Yermolenko, de 43 años, trabaja a distancia desde Estambul como especialista financiera para clientes ucranianos. Su madre, Tetyana, de 73 años, sigue viviendo en Járkov y están en contacto constante.
"No puedo decir que esté involucrada al 100% en la vida turca. Es una sensación un poco extraña estar atrapada entre tu vida anterior y una posible vida futura", afirma Yermolenko, que ha empezado a aprender turco. Sigue de cerca los acontecimientos en Ucrania, pero intenta no pensar en cuánto durará la guerra.
"Abro las noticias —hay un canal de Telegram que informa en tiempo real de lo que ocurre en Járkov— y veo un misil volando hacia mi casa", explica. "En ese momento, la sensación es aterradora. Tengo mucho miedo. Y, por supuesto, llamo inmediatamente a mi madre para asegurarme de que está bien".
(Escrito por Daniel Flynn; Editado por Gareth Jones; Editado en Español por Ricardo Figueroa)
