Contrario a la promesa de reducir la asistencia estatal, el gobierno de Javier Milei no recortó los planes sociales, una política pública que la ideología libertaria que él mismo rechaza con énfasis. En un escenario donde los salarios, las jubilaciones y el empleo registrado pierden terreno frente a la inflación, la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar no solo sumaron beneficiarios, sino que también mejoraron su poder de compra real, convirtiéndose en el principal sostén social del ajuste impulsado por el Gobierno.
En el foro económico de Davos, Milei afirmó: "Nosotros no damos el pescado, enseñamos a pescar con la caña y hasta que tengas tu propia empresa de pesca". Sin embargo, durante los primeros dos años de gestión libertaria, las transferencias sociales fueron las únicas que lograron crecer en términos reales. Mientras el empleo formal y los haberes previsionales se deterioraban mes a mes, la AUH y la Tarjeta Alimentar se consolidaron como un ancla de ingresos para los sectores más vulnerables. Ese dato resulta clave para entender por qué, pese a la magnitud del ajuste económico, no se produjeron estallidos sociales de gran escala.
Lejos de la narrativa oficial sobre el “fin de los planes”, las cifras del presupuesto social muestran que la asistencia directa a los hogares de menores recursos fue la única partida que avanzó de forma sostenida, tanto en cantidad de beneficiarios como en capacidad de compra.
Según los últimos datos oficiales, la AUH alcanza a 4.121.245 titulares. En paralelo, la Tarjeta Alimentar llega a 2.546.130 familias y cubre a más de 4,5 millones de niñas y niños. En conjunto, el sistema de asistencia supera los seis millones de planes sociales, una cifra récord que refleja un proceso de creciente dependencia de transferencias estatales.
Los indicadores de evolución real refuerzan esta tendencia: tanto la AUH como la Tarjeta Alimentar se ubicaron de manera consistente por encima de la inflación. El contraste con el resto de los ingresos es marcado.
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Ajuste sin estallido social
La política de ingresos destinada a la infancia alcanzó valores históricamente altos en términos reales. Actualmente, la AUH es un 23% superior a la que se pagaba durante la presidencia de Alberto Fernández y un 10% mayor que la vigente en el gobierno de Cristina Kirchner, cuando se creó el programa.
La mejora se explica por un aumento excepcional: en la comparación interanual, la AUH mostró una suba real del 47%. Según las propias mediciones oficiales, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2024 el incremento rondó el 100%. Se trata de una variación inusual que consolidó a la política social como el principal amortiguador del modelo económico, en un contexto marcado por el fuerte deterioro salarial tras la devaluación del 120% de diciembre de 2023, cuyos efectos aún no fueron completamente revertidos.
