2026 arrancó con una baja del dólar, una suba de la inflación y más recesión

El Gobierno impulsa una caída del valor nominal de la divisa como ancla para retomar un proceso de desinflación, pero los precios en las primeras semanas de enero siguieron aumentando. Ingresos y dólar atrasados agravan anticipan más recesión. Solo los sectores primarios muestran dinamismo.

18 de enero, 2026 | 00.07

El precio del dólar cayó 2,1% desde que arrancó el año, en una estrategia forzada por la administración de Javier Milei para volver a colocar a la divisa como principal ancla para forzar un proceso de desinflación que no vine dando resultados, según las primeras mediciones de consultoras privadas que detectaron una aceleración en la suba del precio de los alimentos y estimaron un índice general de 2,3% para el mes.

Un informe de C-P Consultores advirtió que la apuesta del Gobierno libertario es a un cambio estructural de la dinámica de la economía, que por su característica es lento e implica una tendencia al estancamiento, con pérdida de puestos de trabajo formales y la creación de empleos de baja productividad e ingresos bajos.

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La combinación de apreciación del peso, que abarata las importaciones y complica las exportaciones, con la aceleración inflacionaria, en un contexto de caída de ingresos del conjunto de la sociedad, especialmente de los salarios registrados tanto del sector público como del sector privado, anticipan una profundización de la recesión económica con especial impacto en los sectores manufactureros y del comercio que atienden el consumo interno.

El consumo privado seguirá estancado.

La situación de los sectores productivos se complejiza por la nueva disparada de la tasa de interés en el mercado doméstico impulsada por la falta de liquidez del Tesoro nacional que encarece el crédito, especialmente el giro en descubierto sobre las cuentas corrientes que las empresas utilizan para la operatoria diaria.

La suba de tasas afecta a empresas y familias.

La suba de interés también golpea a los consumidores, especialmente por el incremento de la tasa sobre los saldos impagos de los resúmenes de las tarjetas de crédito y de los préstamos personales, tanto dentro del sistema financiero tradicional como el que se opera a través de las billeteras digitales.

La depreciación del dólar viene impulsada por la liquidación de las divisas proveniente del endeudamiento del sector privado, que alcanzó un nivel récord el año pasado y que en enero ya supera los 1.000 millones de dólares, con la última colocación del Banco Macro por 400 millones que se sumó a los 600 millones de Telecom, los 80 millones de John Deere Credit, los 40 millones de Scania y los 10 millones del banco de inversión BTS.

El dólar mayorista se atrasa por la emisión de deuda privada.

Además de la colocación de deuda en el mercado de capitales, el stock de créditos en dólares al sector privado se incrementó en las primeras dos semanas en 592 millones de dólares y alcanzó el récord de 18.305 millones de dólares) cifras corregidas por tipo de cambio) que también son liquidados en el mercado oficial alimentando la oferta de divisas en reemplazo de las originadas por la actividad productiva.

El dólar oficial baja y complica a la industria.

Esa disponibilidad de divisas le permitió al BCRA comprar este viernes 125 millones de dólares y acumular 469 millones en la semana y 678 millones a lo largo del mes, que financió con los pesos que obtuvo por la venta de bonos indexados por el valor del dólar oficial, lo que viene actuando como una especie de seguro de cambio permitiendo una ganancia al sector privado de 1% a 2% en cada operación.

El mercado esperaba que la compra de divisas se realice con emisión de pesos, lo que permitiría una mayor monetización de la economía, recuperando la liquidez para bajar la tasa de interés que impulse el crédito al sector privado para reactivar el nivel de actividad por una mayor demanda del consumo.

“El cambio de esquema no vino acompañado de una mayor laxitud monetaria, como muchos anticipaban”, advirtió el informe del banco de inversión CMF y especuló que “quizás, para avanzar hacia una remonetización más genuina, el equipo económico necesite primero consolidar algunos buenos datos de inflación, luego de la aceleración observada en la medición mensual durante el último semestre”.

En cambio, el informe de C-P Consultores pareció acertar mejor sobre lo que se debe esperar para los próximos meses vinculados a la política monetaria y cambiaria de Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, en un informe que denominó “Cambio estructural y estancamiento”.

La consultora resaltó que el “cambio estructural, primarización y estancamiento emergen en el horizonte como los rasgos más sobresalientes” de “las consecuencias del modelo económico libertario sobre la demanda agregada, la oferta y el mercado de trabajo”.

El programa económico apuesta a que la inversión y las exportaciones reemplacen al consumo privado y público como “motores” del crecimiento pero ese “cambio estructural de la dinámica de la economía es lento e implica una tendencia al estancamiento, en tanto estos componentes pesan poco en el PBI”, destacó la consultora de Pablo Moldovan y Federico Pastrana.

El cambio estructural vía oferta es intenso y se expresa en que los sectores vinculados a los recursos naturales crecen y los vinculados al mercado interno caen. En el informe señalan que “la heterogeneidad sectorial se explica por el esquema macro, la mayor apertura y el achicamiento del sector público. Sobreviven aquellos sectores que construyen su competitividad sobre ventajas naturales. Se expresa también una tendencia al estancamiento, en tanto los sectores primarios continúan representando un porcentaje menor del PBI en comparación con los perdedores (industria, construcción y comercio)”.

El cambio estructural y la heterogeneidad sectorial consolidan el deterioro del mercado de trabajo y como los sectores ganadores son pocos y no son intensivos en mano de obra, se destruye empleo privado formal y se retroalimenta el empleo informal vía cuentapropismo y empleo no registrado. Esa dinámica consolida un mercado de trabajo con empleos de baja productividad e ingresos bajos.

“La apuesta del gobierno es arriesgada, en tanto los sectores primarios tan solo representan un 14,5% del PBI, mientras que los grandes perdedores continúan siendo muy relevantes en la estructura productiva (27% del PBI). Así, el proceso de cambio estructural tiene implícita una tendencia al estancamiento en el corto plazo”, considera el informe. 

El PBI per cápita tardará cinco años en volver a 2015.

C-P Consultores concluye que, “aún siendo optimistas y proyectando a partir de las tasas de crecimiento de los últimos 4 trimestres, el PBI per cápita de 2015 recién se alcanzaría en 2031”, lo que resta saber es si el consenso social está dispuesto a esa espera y los sacrificios que implican la transición.