La industria textil es de las más golpeadas por las medidas del gobierno de Javier Milei que provocaron la crisis económica actual y la sangría en el sector no para. En las últimas horas, la empresa Emilio Alal S.A.C.I.F.I., con más de un siglo de trayectoria en la industria argentina, confirmó el cierre definitivo de sus dos plantas productivas, una decisión que afectó el futuro de 460 trabajadores.
De esta manera, 260 empleados que se desempeñaban en la localidad de Goya, provincia de Corrientes, quedaron en la calle. En tanto, otros 200 trabajadores fueron cesanteados en Villa Ángela, Chaco.
En un comunicado oficial, la compañía calificó la medida como “no deseada” y aseguró que fue adoptada tras haber agotado “todas las instancias posibles” para sostener la producción y el empleo. No obstante, el desenlace expone las crecientes dificultades que atraviesa la industria textil nacional en un contexto de apertura comercial, caída del consumo interno y pérdida sostenida de competitividad.
Desde la empresa señalaron que el cierre responde al “actual contexto económico y comercial adverso”, con especial énfasis en el ingreso masivo de productos importados.
La liberalización de importaciones de hilados, telas, prendas de vestir y ropa usada generó, según advirtieron al medio Diario Pluma, una "competencia desigual" que atentó contra la capacidad de las firmas locales para sostener sus niveles de producción. La empresa también alertó sobre un deterioro creciente de la cadena de pagos y cobranzas, que terminó de comprometer su flujo financiero y su operatividad diaria.
Antes de avanzar con el cierre, Emilio Alal aseguró haber desplegado diversas estrategias para evitar los despidos: entre ellas, acordó suspensiones temporales de producción con el sindicato por un período de 60 días e incluso incorporó nuevas líneas de producción de telas con mayor valor agregado.
Antecedentes de la crisis
Ya en octubre del año pasado, el secretario adjunto de la Asociación Obrera Textil (AOT), Isaac Solís, había advertido sobre el deterioro estructural de la industria textil en territorio correntino. En ese momento, el dirigente denunció que la apertura indiscriminada de importaciones estaba golpeando de lleno a las empresas del sector. “Nos está destruyendo la industria, tanto a nivel provincial como nacional”, había señalado.
En diálogo con Radionord, Solís explicó que mientras algunas plantas siguen produciendo con relativa normalidad -como IT Londeria, Textil Liberada de Laguna Brava y Olla- otras atraviesan una situación crítica. El caso más delicado es el de la localidad de Bellavista, donde se aplica un régimen laboral 4x3, con cuatro días de trabajo y tres de suspensión, combinado con retiros voluntarios. "Eso para nosotros es un despido indirecto”, afirmó Solís, al remarcar que muchos operarios aceptan esos acuerdos ante la falta de alternativas reales de empleo.
Otro de los ejes centrales de la crisis textil en Corrientes es el deterioro del poder adquisitivo. Solís cuestionó duramente la última paritaria del sector, que estableció aumentos del 2% mensual entre diciembre y marzo. “El salario está aplastado por la inflación disfrazada”, sostuvo el dirigente sindical. Antecedentes de una crisis que viene de lejos
