Facundo Campazzo y Leandro Bolmaro, del club de barrio a la NBA

Son dos exponentes del trabajo de los clubes de barrio en todo el país. Los dos salieron de equipos que no tienen planteles en la Liga Nacional pero que fueron claves en su formación. 

22 de noviembre, 2020 | 00.05

Después del retiro de Manu Ginóbili había un hueco en la NBA. El lugar que la propia leyenda de los San Antonio Spurs fabricó para los jugadores nacionales había quedado vacante. En la última semana, dos jugadores argentinos, lo llenaron. Facundo Campazzo y Leandro Bolmaro llegaron a la mejor liga de básquet del mundo. Cada uno con un camino distinto, pero que tiene un mismo inicio: los clubes de barrio.

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Uno entró por el potencial que las grandes franquicias vieron en él. Leandro Bolmaro, de 20 años, ingresó por su futuro. El otro, Facundo Campazzo, de 29, lo hizo por su actualidad. A Bolmaro lo eligieron los New York Knicks, pero esa misma noche lo traspasaron a Minesotta Timberwolves, donde está como asistente técnico Pablo Prigioni. En el caso de Campazzo fue distinto su llegada tardó en concretarse. Tras un debut temprano en Peñarol de Mar del Plata, jugó seis años en la Liga Nacional, pasó al Real Madrid -el mejor liga de Europa- y tras un altibajo en UCAM Murcia, rebotó hasta convertirse en el jugador más importante a nivel europeo.

Antes de la profesionalidad, los dos iniciaron su camino por los clubes de barrio. La primera vez que Facundo Campazzo entró al club Municipalidad de Córdoba fue a los cinco años. Era inquieto y su mamá, María Elena lo retaba todo el tiempo. Con el paso de los años, le tomó el gusto. En una nota al portal Básquet Plus, el base, contó: “Llegaba al club después de comer, tipo tres y volvía a las 9 de la noche. Siempre era básquet”.

Para Bolmaro esa vida fue similar, pero en el Club Almafuerte. La ciudad cordobesa de Las Varillas que el jueves pasado explotó de alegría y salió a la calle a festejar por “su” Leandro posee una particularidad: tiene 20 mil habitantes y dos jugadores NBA. Fabricio Oberto, que llegó a ganar un título con San Antonio Spurs, también es de esa ciudad. “Ya nos están diciendo que somos la Bahía Blanca cordobesa con todo el básquet, ja”, cuenta a El Destape, César Pagani, actual coordinador de Almafuerte. Además, añadió: “Leandro siempre venía con una sonrisa. Venía en bicicleta y se ponía a tirar tiros al aro”. Más allá de la pelota naranja, Leandro tenía un amplió espectro deportivo. Hacía atletismo y compitió en los Juegos Evita en los que llegó a ser campeón argentino de hexatlón.

Aún con esta cercanía con otros deportes, el básquet siempre fue la primera opción. “Leandro era muy competitivo, siempre le gustó competir a todo hasta a las bolitas”, recuerda Pablo Ayala, el entrenador de Almafuerte durante la adolescencia del flamante NBA. Ingeniero Agrónomo, después de 12 años de trabajo junto al básquet, el coach dio un paso para dedicarse a su carrera. Más allá de que su trabajo haya cambiado, Ayala todavía ve cosas en su jugador: “Hay fundamentos que lo tiene desde chiquito. Nosotros siempre le hicimos picar la pelota aunque sea alto. Para que aprenda eso. Todos tienen que picar la pelota aunque sean altos. Maneja bien la pelota. Lo sigue teniendo”.

Tanto el club Municipalidad de Córdoba como Almafuerte no son instituciones con un nombre reconocido en la Liga Nacional de Básquet. Son clubes chicos, de barrio, en la cual los chicos tienen su primer acercamiento a los deportes. A diferencia del fútbol, el básquet no tiene tantos “potreros” y el club suele ser la iniciación de un chico en este deporte. Según un relevamiento de la Asociación de Prensa de Básquetbol Argentina -previo al inicio de la pandemia- hay entre 1.200 y 1500 clubes que tienen básquet en formato competencia en todo el país. Este número se estira a casi 3 mil para el Observatorio Social y económico de clubes de barrio cuando se habla de “iniciación” o divertimento del básquet.

Con estos números como plafón, en diversas entrevistas, el entrenador campeón en Atenas 2004, Rubén Magnano revalida la idea del rol de los clubes: “Son la célula que mantiene viva al deporte”, ha dicho. Desde Bahiense del Norte para Manu Ginóbili y Pepe Sánchez en Bahía Blanca pasando por Afalp para Luis Scola hasta Almafuerte para Bolmaro, los clubes de barrio volvieron a poner a otros dos jugadores en la liga más importante del mundo.

 

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