El VAR y la tragedia del gol atragantado

26 de noviembre, 2022 | 00.05

Arrancó el Mundial en Qatar 2022 y además de los partidos, el fixture, el show de los hinchas, los goles de figuras Messi o las asistencias de Harry Kane, lo que irrumpió de forma intempestiva en toda la escena futbolera internacional fue el extremo protagonismo del VAR (Video Assistant Referee) en el desarrollo de los partidos. Lo paradójico es que, lejos de aportar justicia y colaborar con la dinamización del juego, este dispositivo tecnológico de asistencia para los árbitros generó múltiples interrupciones y dio pie a decisiones humanas equivocadas que erosionaron la calidad del espectáculo, devaluaron la humanidad del fútbol, y aportaron un cierto halo de desencanto sobre el deporte más bello del mundo.

Para la Selección Argentina la intromisión del VAR fue particularmente perjudicial. En el partido contra Arabia Saudita le cobraron diez offsides y tres goles fueron anulados por la posición adelantada milimétrica de un pie o un hombro. Por ello, es pertinente analizar cómo el fenómeno del VAR y la inteligencia artificial impactan sobre el mundo del fútbol, sus rituales y las percepciones humanas.

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La IA, el fútbol algorítmico y el gol que no se grita

Luis Alberto Quevedo es sociólogo, investigador del Área Comunicación y cultura y Director de la FLACSO Argentina. Además es uruguayo nacionalizado argentino, amante del fútbol e hincha fanático de San Lorenzo de Almagro. Beto analiza que si bien en general el uso de tecnologías en algunos deportes ha sido beneficioso y ha aportado cierta transparencia, como en el caso del tenis o el rugby, en lo que respecta al fútbol se observa “una incorporación un poco primitiva, sucia, que enrarece el fútbol”: “Yo no creo que haya un fundamentalismo antitecnológico en el deporte. En el futbol la incorporación del “Ojo de halcón”, la tecnología para ver si entra la pelota completa en el arco sirve. Pero el VAR es distinto. En primer lugar porque es un mecanismo de interrupción, genera la espera, la revisión, y eso no le hace bien a la continuidad y mucho menos a la cultura del fútbol, al espectáculo deportivo, a la expectativa de los hinchas y de los jugadores. Gritar un gol y que haya que esperar 5 minutos para ver si es o no, te angustia, te interrumpe. Eso ensucia al fútbol, es un mal uso de la tecnología”.

En esta Copa del Mundo la FIFA está estrenando un sistema de IA (Inteligencia Artificial) que, en teoría, facilita el trabajo de los encargados de la cabina del VAR para determinar milimétricamente y en 0,5 segundos la posición adelantada en una jugada. Para eso un algoritmo recibe datos de 12 cámaras distintas que monitorean y registran movimientos de 29 puntos en el cuerpo de cada jugador. De esta manera se crean los muñecos animados que vemos en los partidos y el sistema automáticamente emite una alerta al árbitro y sus asistentes. El periodista deportivo Cherquis Bialo denunció esta semana que “el VAR es una parte de la corrupción del fútbol que legitima el abstracto, puede legitimar lo que nadie vio. Y ahora para manejar los resultados (...) han inventado un offside semi automático. Es un dibujo, ni siquiera una foto, es decir que yo llegado el caso te puedo determinar la posición adelantada en un dibujo por uña o media rodilla.”

Sobre el recorte que hace esta nueva tecnología, Quevedo entiende que ensucia al fútbol: “El futbol tiene ante todo una dimensión de cancha grande, cancha de 100 o 120 metros de largo por 80 de ancho. Es un futbol que se juega en un pastizal, y se juega toscamente. Tiene algo de deporte campesino, y por eso se puede jugar en cualquier lado, algo que no pasa con el tenis o con el básquet. El futbol es más rustico y tiene la corporalidad. Y ahora se incorpora una tecnología milimétrica que le cambia la escala al futbol y buscan que los jugadores no tengan un hombro adelantado. ¿Cómo puede un jugador calcular un hombro? Me parece que hay algo de es matematización del espacio que no le hace bien al futbol”.

Mónica Santino es jugadora, directora técnica de fútbol femenino y referente del Club La Nuestra de la Villa 31. Desde su punto de vista, el uso del VAR viene a romper códigos, usos y costumbres ligadas al deporte y su cultura: “Es raro porque si bien estaría como acorde a los tiempos que corren, para el hincha es un enorme fastidio. A nadie le gusta gritar un gol 10 minutos después de la jugada. Eso es muy extraño. Creo que a priori en esta cotidianeidad impactó como algo extraño y algo que no se acepta”.

Santino cita a César Luis Menotti, DT del icónico e inolvidable Huracán Campeón del 73’ y de la Selección Campeona del Mundial en 1978, cuando dice que "todo amante del buen fútbol, sabe reconocer la belleza cuando la tiene frente a sus ojos". “El Flaco dice que quizás el futbol sea el único deporte que tiene un reglamento donde pueden entrar las subjetividades y las interpretaciones, y todas nosotras, todos nosotros, los que crecimos jugando al fútbol en la calle, en los potreros, o en picados, hemos tenido esas expresiones de libertad absoluta alrededor del juego. Cuando queríamos cobrar, porque no había un árbitro, lo que se media era la intención, si quiso jugar con la mano o no quiso jugar con la mano, puso el cuerpo de tal manera, lo que había era un pacto, un acuerdo", indica la referente del fútbol feminista. Y continúa: "En el fútbol profesional, el error del árbitro forma parte del juego, esto de putear a los jueces es parte del folklore del hincha, es una parte de los partidos. Entonces cuando pasás a medirlo de manera milimétrica y con tecnología,  la sensación para la mayoría de los y las hinchas es que ya no hay fútbol, que ahí hay toda una cuestión ahí que se pierde”.

Hugo Lamadrid es exjugador de fútbol e hincha fanático de Racing de Avellaneda y periodista deportivo de El Destape. Lo primero que cuestiona es que con el VAR se empieza a perder la certeza de la emoción, tanto del jugador como del hincha: “Hoy vemos que los jugadores hacen un gol y muchas veces no lo festejan o están esperando a ver si el réferi se lleva la mano al oído, y el hincha hace lo mismo. En la tribuna se está perdiendo esa explosión que significa un gol, el abrazo con el tipo que tenés al lado. Eso destruye la esencia del deporte, un deporte que no es ajedrez, es pasión”.

Además identifica que las decisiones que toma el VAR se alejan del sentido común de la aplicación del reglamento, que sí las tiene un árbitro que entiende y lee las situaciones particulares del partido: “Hay situaciones en la cámara lenta que parecen mucho más espectaculares y duras que en la cámara normal. Esas decisiones que toma el árbitro están apalancadas a esas imágenes que nada tienen que ver con lo que sucedió y con el desarrollo del juego. Hay un montón de cuestiones del sentido común que el VAR hace que los árbitros dejen de aplicar”.

El hincha, la charla de café y el dolor de ya no ser

El fútbol no se limita a lo que ocurre durante 90 minutos adentro de la cancha. Por el contrario, como toda dimensión sociocultural, trasciende ese momento-espacio del juego e incluye los rituales y costumbres a su alrededor. Es un espacio de pertenencia y un lenguaje que aprendemos desde la infancia, pero también es una conversación ininterrumpida entre sujetos, una matriz de significados que se van construyendo de forma compartida, y un territorio en permanente disputa. En ese marco se engrandece la figura del hincha, de la familia en las tribunas, de la charla de café después del partido y los debates acalorados sobre las polémicos irresolubles. El VAR también interviene en esta dimensión del fútbol como escenario de una performance social.

“Al otro día del partido en el café las especulaciones eran si el árbitro se había equivocado por malo, porque no había visto tal o cual situación, o porque te perjudicó adrede. Y ahora se suma un componente tecnológico sobre el cual el hincha pierde el control. El hincha en la cancha ve lo que hace el árbitro y después puede juzgar si lo hizo bien o mal", explica LaMadrid. "Ahora perdemos de nuestro radar a la gente que va a tomar una decisión con determinados parámetros tecnológicos que no tienen el componente del sentido común, del espíritu de juego, o el reglamento del futbol. Hoy 5 o 6 personas atrás de una máquina mirando una cámara pueden definir un resultado. Se pierde nuestra propia opinión, se pierde nuestra propia equivocación o no, y se empieza a perder el debate, la charla en el café, la discusión futbolera”, define.

En el gol de Lautaro Martínez que fue anulado se vio claramente como los árbitros e hinchas terminaron viendo una imagen generada por una computadora, manejada por alguien, que no era un reflejo de lo que había pasado sino un pequeño recorte diseñado digitalmente. El exfutbolista de la Academia entiende que este dispositivo genera un mayor grado de suspicacia: “Esto viene a abrir otra puerta de desconfianza y de escenarios con nuevas fabulaciones que nunca existieron en el fútbol. En Argentina, por ejemplo, es muy claro: tenés a los hinchas en la cancha y a unos señores que están sentados en Ezeiza mirando un partido en una pantalla que empiezan a modificar hasta nuestra forma de ver el futbol”

Santino, además, hace hincapié en la desazón que genera, tanto para un jugador como un hincha, que te anulen cuatro goles por la posición adelantada de un hombro: “Me parece que lo que vivimos es como una especie de locura. Parte de la gran amargura luego del debut de Argentina, más allá de la derrota que duele por la falta de respuesta del equipo a un planteo táctico que es muy antiguo, es esa desazón de sentir que ya no es el juego que nos gusta jugar, que ya no seríamos tan nosotros. Si le tengo que poner el título de un tango creo que sería ‘El dolor de ya no ser’ “.

El error humano como parte del juego

Probablemente con el VAR nos hubiésemos privado de celebrar la Mano de Dios en el Mundial de 1986. “Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un Dios sucio, pecador, el más humano de los dioses”, sintetizó alguna vez Eduardo Galeano sobre el mejor jugador de todos los tiempos. Es que ese momento de la historia y la forma de jugar maradoniana resumen el espíritu del fútbol, la magia de lo impensado, la picardía de quien busca la gloria. Pensarlo contrafácticamente suena descabellado, pero si lo miramos para adelante podemos avizorar un futuro lleno de reglas y demarcaciones, y poco espacio para lo contingente.

El sociólogo Quevedo justamente identifica que el fútbol tiene algo del orden de lo contingente que lo hace diferente: los errores, la dimensión humana, la cosa irregular, áspera, campesina, elementos que se ven afectados por el uso de la inteligencia artificial: ”En el fútbol hay errores humanos que forman parte de la cosa bella, como que un delantero con el arco libre erre un gol. Incluso hay errores de los jueces de línea que no miran milimétricamente, miran como se ve en la realidad y evalúan si se saca ventaja deportiva. Pero no miran si el hombro o la rodilla esta adelantada. Esa es la dimensión humana que tenemos en el fútbol, y que este algoritmo está desplazando hacia un lugar que no es muy interesante. Nunca un dispositivo de control va a hacer al fútbol más emocionante”.

La exjugadora y pionera del fútbol femenino argentino, Mónica Santino, habla de la presencia de una imperfección que forma parte del juego y resulta imprescindible: “Vos podés meter un gol por tener muy buena técnica, pero también porque estás aprovechando errores del rival. Ahí te das cuenta de que no hay lugar para la perfección en términos medibles. El fútbol no es preciso, el fútbol está lleno de imperfecciones, y eso es lo que lo que lo hace bello.”

“El futbol eran 11 contra 11, un arbitro y muchas veces la injusticia, que puede venir del error del árbitro, de perder inmerecidamente, cuestiones que no tienen que ver con algo ajeno a la pelota que está rodando en una cancha – agrega LaMadrid - yo no sé si quiero un deporte mas justo o prefiero convivir con el posible error. Después podemos discutir si los errores son por falta de preparación, falta de sentido común. Yo no quiero un deporte más justo”.

El VAR como mecanismo de control

En general los partidos más atractivos e interesantes son los que fluyen, de ida y vuelta, con la pelota rodando. Las interrupciones pueden darse por elementos propios del fútbol como la vieja táctica de salir a cortar un ataque con faltas, como pasó en el segundo tiempo de Argentina vs Arabia Saudita. Pero cuando el que detiene el juego es el VAR la sensación es la de un elemento de otro orden, forzado, artificial, impuesto, anti natural. No casualmente una las normas del reglamento de esta tecnología es que “no hay límite de tiempo para el proceso de revisión, puesto que la precisión es más importante que la rapidez.”  Parece que el uruguayo Galeano tenía razón cuando dijo que "el juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue".

El VAR funciona como un dispositivo de control que no tiene absolutamente nada que ver con el juego, y sería interesante evaluar si existe la posibilidad de poner límites al avance de la inteligencia artificial con el objetivo de conservar el espíritu del mismo, como utilizarlo exclusivamente para certificar el ingreso de la pelota en el arco, cuestiones puntuales como agresiones, una jugada de expulsión por alevosía y comportamientos anti deportivos.

Mónica Santino cree que “la cámara en el arco para comprobar si fehacientemente la pelota pasó toda la línea para que sea gol” es un mecanismo válido, pero no el VAR para la ley del offside cuyo origen primario es evitar que un jugador saque ventaja de su posición. “La posición adelantada puede medirse al ojo humano de distintas maneras. Pero esta manera meticulosa de medir es solamente un control. Y tener una cantidad de minutos de un partido parado con alguien que mira una pantalla, con gente muy nerviosa, y hacer gritar un gol o fastidiarse 10 minutos después es realmente una locura.

“Cuando se introdujo tuvimos una expectativa de que venía a minimizar los riesgos del error arbitral y solucionar algunas desconfianzas que podía haber, pero en realidad vino a potenciar las desconfianzas porque el VAR no tiene sentimientos, no tiene sentido común, son líneas paralelas, dispositivos tecnológicos", expresa El Flaco LaMadrid, como le dicen en Avellaneda. Y concluye: "Para conservar el espíritu del juego no me pongas límites, porque el futbol tiene su espíritu de juego desde hace años y siempre fue el mismo. Si esto sigue avanzando, nos vamos a encontrar con otro deporte totalmente distinto”. Al mismo tiempo considera que una posible solución sería aggiornar la tecnología a los reglamentos vigentes, imponiendo que tanto árbitros como las personas encargadas de manejar el VAR apliquen el sentido común y no se corran de las variables que intervienen en el juego.

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Fabiana Solano

Mi nombre es Fabiana Solano y tengo 34 años. Soy socióloga egresada de la UBA y casi Magister en Comunicación y Cultura (UBA). Digo ‘casi’ porque me falta entregar la bendita/maldita Tesis, situación que trato de estirar con elegancia. Nunca me sentí del todo cómoda con los caminos que me ofrecía el mundo estrictamente académico. Por eso estudié periodismo, y la convergencia de ambas disciplinas me dio algunas herramientas para analizar, transmitir, y explicar la crisis del 2001 en 180 caracteres. Me especializo en culturas y prácticas sociales, desde la perspectiva teórica de los Estudios Culturales. Afortunadamente tengo otras pasiones. Me considero una melómana millennial que aprovecha los beneficios de las múltiples plataformas de streaming pero si tiene que elegir prefiere el ritual del vinilo. Tengo un especial vínculo con el rock británico (siempre Team Beatles, antes de que me pregunten), que se remonta a mis primeros recuerdos sonoros, cuando en mi casa los domingos se escuchaba “Magical Mistery Tour” o “Let It Be”. Además soy arquera del equipo de Futsal Femenino de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), rol que me define mejor y más genuinamente que todo lo que desarrollé hasta acá. Por supuesto que la política ocupa gran parte de mi vida y mis pensamientos. Por eso para mi info de WhatsApp elegí una frase que pedí prestada al gran pensador contemporáneo Álvaro García Linera: “Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino”.

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