¿Juicio por defraudación en la final? Venga al fútbol argentino

La Selección Argentina perdió la definición del Mundial 2026 frente a España y ya volvió la actividad local, con las estruendosas derrotas de Boca y River en el debut.

27 de julio, 2026 | 15.15

Importantes estudios de abogados de Estados Unidos, “que lo que quieren obviamente es ganar plata”, enfatiza el conductor radial, esperan juntar al menos cinco mil firmas de los ochenta mil hinchas que fueron el domingo a la final del Mundial para iniciar una demanda contra la FIFA. Entre los documentos, sigue el informe, presentarían el video en el que el capitán argentino Lionel Messi, ya saliendo del vestuario, dice a sus jugadores que “lo principal es estar tranquilos. Olvidémonos de todo, pensemos en jugar nomás”.

Interpretan, libremente, claro, que esa arenga sugiere que le sucedió algo feo al equipo previo al partido y que solo así, intimidada, podría explicarse entonces que la selección no haya disparado un solo tiro al arco en 117 minutos (sí lo hizo en los tres finales, desesperado en busca del empate para forzar la definición por tiros penales).

Se trata, en rigor, de una de las tantas tonteras y especulaciones surgidas en Argentina tras la derrota 0-1 ante España en la final que se jugó ocho días atrás en el MetLife, el Estadio de Nueva Jersey/Nueva York que albergó una de las finales más desparejas en la historia de las Copas Mundiales. Es una disparidad que, por mucho que duela, puede tener sólidos argumentos futboleros. Una podría ser que la selección sufrió una media de edad casi cuatro años más vieja y que además tuvo un día menos de descanso para afrontar el octavo partido del Mundial más largo de la historia. Su figura principal (Leo Messi) tiene 39 años, veinte más que el jugador desequilibrante de España (Lamine Yamal). Y otra es el juego colectivo claramente superior de España, que había borrado casi de igual modo al equipo que tenía el mejor ataque del torneo, Francia, en una semifinal que tuvo una media hora final inútil, pues ya todo estaba definido.

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“Nos faltó energía”, reconoció Didier Deschamps, apenas terminó el partido, reconociendo el estilo de España, que se adueña de tal modo del balón que gana por frustración. Por abandono. Argentina, si bien con un planteo infinitamente más mezquino que el francés, sí se mantuvo en partido hasta el último segundo, cuando falló sus únicas ocasiones de gol. Fueron también sus únicas incursiones al área de España luego de 120 minutos de pura defensa, cierre de torneo injusto por lo deslucido, especialmente luego de la alentadora segunda parte que impulso la reacción del triunfo 2-1 ante Inglaterra en semifinales, lo mejor de Argentina en un Mundial en el que ofreció alta emotividad, pero juego discreto.  

La breve arenga filtrada de Messi, claro está, no sería prueba de nada. Podría interpretarse perfectamente como un deseo de intentar jugar pese a todo. Pese a los rumores de que Argentina (exactamente al contrario de lo que indicaría esa supuesta demanda) tenía el favoritismo de la FIFA y de que su fútbol era deslucido y también desleal.

Aún así, esa arenga, podría admitirse, genera para los amantes de la conspiración un debate posible. Mucho más que el de la supuesta “campaña antiargentina” financiada por “fondos rusos” (siempre deben ser rusos) porque nuestro país “conserva cosas” como “la familia y principios cristianos” y porque nuestros jugadores hacen “la señal de la cruz” y usan “canilleras con la Vírgen de Luján”, todas “cosas que molestan al movimiento woke”. Textual de la crónica periodística. Y no de una página fake, sino de un canal de noticias de la TV argentina.

Volvamos al inicio, al informe sobre la posible demanda que presentarían estudios de abogados de Estados Unidos. La acusación contra la FIFA, dijo el informe, sería por “defraudación”. Porque hubo hinchas que pagaron hasta 50 mil dólares algún boleto en la reventa y, por las razones que fuere, presenciaron un espectáculo que no cumplió con lo prometido. No hace falta ser abogado para saber que esa, justamente, es una de las características centrales del fútbol (fábrica de ilusiones, es cierto, pero que casi siempre duran nada).

Aun el partido más esperado de todos, como una final de Copa Mundial, podrá trascurrir más de cien minutos en el tedio más absoluto. Porque uno de los dos equipos (Argentina) renunció a atacar y el otro (España) dominó a voluntad pero casi jamás provocó peligro serio y, las pocas veces que lo hizo, chocó contra el arquero rival (Dibu). El poder magnético del fútbol se debe también a ese tedio, a ese minuto inolvidable que romperá ese tedio. O al segundo final que definirá todo, gloria o drama. A la injusticia de ganar por penales una final en la que el vencedor no atacó en 120 minutos. A lo que fuere.

Si fuera esa pues la causa de la demanda, a los que realmente especulan con iniciarla, y a los que difunden esa tontera, les vendría bien observar solo la vuelta de nuestro fútbol doméstico: el River que incorpora a Nicolás Otamendi y a Angel Correa, que presenta a cuatro campeones mundiales de Qatar y que gasta fortunas para mejorar su plantel, pero que, sin embargo, pierde en su propio estadio, ante su propia gente 1-0 contra Barracas, un equipo que tiene un valor diez veces menor y que casi no atacó en todo el partido.

Riestra aplastó a Boca en la primera fecha del Clausura 2026.

¿Y qué decir de Boca al día siguiente? Su plantel también cotizado en más de cien millones de dólares y que fue goleado 3-0 en cancha de Riestra, otro equipo de presupuesto diez veces menor y que venía de anotarse apenas una victoria en catorce fechas del anterior Torneo Apertura. Eso sí que es “defraudación”. Por duplicado. Y viene sucediendo cada vez más seguido.