Roberto Digón habla de Boca: “Fui secuestrado y torturado, lo de Pergolini se puede soportar”

Roberto Digón habló con El Destape sobre su vida, su militancia peronista y la reciente renuncia de Mario Pergolini a la vicepresidencia de Boca. Cómo es su relación con Juan Román Riquelme.

08 de abril, 2021 | 10.30

 

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Hay historias cortas que para ser entendidas requieren de una vida larga. Este fue un viaje que partió de un sentimiento de ausencia, de dolor lánguido; una especie de orfandad ante el porvenir, sin despedidas, con las imágenes del último sueño pegados a los párpados y una cicatriz eterna difícil de soportar. Fue un viaje de saltos de alambradas, de tortura, de fronteras invisibles, de abandono de la tribu: “al abrigo del calor del establo”, como diría Nietzsche. “Fue un viaje entre una idea y su ilegalidad”, dice Roberto Digón, vicepresidente de Boca. “La idea fue el peronismo que me llevó a padecer tiempos duros, secuestro, torturas, exilio, dolor. Pero también risas, convicciones, cariño, alegría, pasión”. Un viaje de vida desapacible, cruzado por océanos atravesados, buscando un pedacito de tierra donde refugiarse de un mundo en el que ya no se reconocía. 

Se puede vivir de recuerdos si la vida pasada no duele. ¿Duele todavía?

Ahora menos. Fueron tiempos duros, de persecución, de terror. Desde los años 50 que vengo “corriendo”. Heredé los genes de mi madre, española, luchadora, de izquierda, republicana, que cuando apareció Perón se hizo peronista hasta la médula. Yo le seguí los pasos

Buscaba una idea donde descansar, y ya no descansó.

He vivido en un sobresalto permanente. La persecución, la clandestinidad, la cárcel. Fue la constante del movimiento obrero de aquellos años. Los que lo vivimos sabemos de lo que hablamos. Como líder sindical del gremio del tabaco, afiliados  a la CGT de los Argentinos, dentro del peronismo obrero combativo, yo sabía que estaba señalado. 

¿Esto le llevó a ser secuestrado, torturado, y al exilio?

Si. Me secuestraron y torturaron durante la dictadura del 76. Luego pasé dos años en el exilio, en Venezuela y en España. Allí coincidí con otros dirigentes del movimiento obrero como Ongaro, Herrera. Regresé al país, y me integré en la Comisión Nacional de los 25. El 27 de abril del 79 preparamos un paro. Me vuelven a detener, y me llevan a golpes a la Coordinación Federal, luego a la cárcel de Caseros.

¿Entraba y salía?

Si. Era la lógica de la época.

La violencia estaba muy presente. 

Así es, y como es sabido siempre favorece a los sectores dominantes. 

La nueva normalidad es un viaje de máscaras, de identidades escondidas. ¿El presente queda vacío de futuro?

Creo que no. Es cierto que el futuro está lleno de incertidumbre, pero este presente nos ha abierto los ojos para tener una mirada diferente. Mis nietos se van encontrar con un mundo distinto, por lo menos en su relación con el medio ambiente. 

¿Qué hacemos con los demonios de siempre: con el el hambre, la violencia, el odio, el racismo? 

Hay que enfrentarlos, pero enfrentarlos desde la educación. Hasta el hambre, desde un punto sociológico, es un problema educacional. Hay que entender que la distribución de la riqueza de una forma más equitativa nos beneficia a todos. Hay que hacer pedagogía. Las desigualdades se reducen compartiendo.

¿Hay algo de naufragio en la renuncia de Mario Pergolini?

No tiene por que. Fui secuestrado y torturado, lo de Pergolini se puede soportar.

Le suena aquella frase: “cuerpo a tierra que vienen los nuestros”.

Si, pero este no es el caso. Desconozco las motivaciones de su renuncia. Tomó una decisión, y se le debe respetar. Le deseamos mucha suerte. Nos acompañó en toda esta campaña. Tendrá otras prioridades. Tiene las puertas abiertas de Boca para regresar cuando quiera.      

La historia está llena de abandonos. Se intuyen más deserciones. 

Ser directivo de Boca no es una imposición, es un regalo. Es una alegría inmensa, porque lo hizo posible el voto de la gente. Quien no quiera estar que no este. 

Hay un ruido sordo, agazapado, relacionado con el comportamiento de Riquelme. 

A Román lo conozco desde hace mucho tiempo, desde las inferiores de Argentinos Juniors cuando lo fuimos a buscar. Tenía 17 años. Nos lleva muchos años de ventaja en el conocimiento del fútbol y su estrategia. Es un privilegio tenerlo con nosotros. Ve el fútbol de una forma excepcional. Tiene una personalidad fuerte, y a veces no se le entiende. 

¿Se reconoce en el comportamiento futbolístico del Boca de hoy?

Arrancamos bien. Los primeros meses se jugó muy bien. Con dos o tres cambios mejoramos mucho. Ahora no podemos negar que estamos ofreciendo un juego irregular..

¿ El fútbol argentino necesita de un espacio de entendimiento donde recuperar la fe en el futuro?

Sin dudas. Hemos sufrido la perdida de Julio Grondona. Nos ha restado peso específico a nivel internacional. Es cierto que el trabajo de Tapia continúa en esa dirección. Julio socializó el fútbol de nuestro país construyendo su poder desde abajo. Buscó el apoyo de  los equipos de la B, la C, la D, y el interior del país, y le quitó cierto poder a los equipos más importantes.

¿No existió una trama de corrupción en los organismos internacionales con privilegios a Estados petroleros, fondos de inversión, multimillonarios, agentes, intermediación?

Algo hubo, privilegios seguro. Es parte de la contradicciones. Pero quiero quedarme con el trabajo de Grondona en nuestro país. La corrupción es una mancha de aceite que se extiende en todos los sectores de la sociedad.

¿Por qué la opinión pública tiene la percepción que el gran problema del fútbol argentino son sus dirigentes?. 

Por que algunos se comprometen a hacer cosas que después no hacen. Se acercan de manera cariñosa al “negocio”, la venta de jugadores, los arreglos con los sponsor. Se mezclan intereses turbios, y nos condenan a todos.

Reconocemos los mejores tiempos solo cuando los dejamos atrás. En ocasiones el pasado se conquista desde los sueños atravesados. Con el universo de Boca en el oído, Roberto Digón busca un lugar donde edificar un futuro íntimo y colectivo. Necesitaba un espacio donde refugiarse. Ha dejado de “correr”. Ahora descansa en las orillas serenas de las antiguas historias, y en un presente que transforme lo siniestro en una especie de poesía. 

 (*) José Luis Lanao es ex jugador de fútbol y periodista. Formó parte de Vélez, clubes de España, y campeón Mundial Tokio 1979.

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