La nueva serie surcoreana: El arte de Sarah se estrenó el 13 de febrero de 2026 en Netflix y ya se ha convertido en una de las producciones más comentadas del momento por su mezcla de thriller, misterio y crítica social. Con ocho episodios intensos, la historia propone un juego constante entre la verdad y la construcción de una vida basada en mentiras.
La trama de "El arte de Sarah"
La trama arranca con un hallazgo inquietante: el cadáver de una mujer sin identificación, hallado en una alcantarilla bajo un distrito exclusivo de Seúl, acompañado de un bolso de lujo que conecta el hecho con Sarah Kim, una misteriosa ejecutiva vinculada a la marca de moda de alta gama Boudoir. El detective Park Mu-Gyeong, a cargo de la investigación, pronto se da cuenta de que hay algo extraño detrás de la supuesta víctima y de la propia identidad de Sarah.
A medida que Mu-Gyeong interroga a conocidos de la mujer y revisa cámaras de seguridad, se revela que “Sarah Kim” no es un nombre real, sino una identidad cuidadosamente construida por una mujer que anteriormente se llamaba Mok Ga-hui, una trabajadora endeudada en un gran almacén de lujo cuyo destino cambió cuando decidió fingir su muerte para resurgir como alguien diferente. Gracias a esa transformación, pudo crear Boudoir y penetrar en círculos donde la apariencia y el estatus son moneda corriente.
Final explicado de "El arte de Sarah"
El final de la serie es un giro inteligente sobre la idea de verdad y autoengaño: cuando una imitadora, Kim Mi-jeong, intenta suplantar a Sarah para quedarse con su imperio, termina muerta en el intento. En la comisaría, la verdadera protagonista se presenta como la asesina, haciendo pasar por Mi-jeong, y el detective, incapaz de probar lo contrario, la detiene bajo esa identidad. La decisión de Ga-hui está calculada: se presenta como si fuera Mi-jeong y asume la responsabilidad del crimen bajo esa identidad. De este modo, Boudoir continúa siendo un éxito mientras ella asume la condena, y su verdadera identidad queda en secreto, cuidadosamente guardada.
Este desenlace, que obliga a la audiencia a cuestionar quién es realmente la protagonista funciona como una reflexión potente sobre la construcción de la identidad en sociedades obsesionadas con la apariencia y el estatus. “El arte de Sarah” ofrece un misterio apasionante e invita a preguntarse hasta qué punto la verdad es una elección social y hasta qué punto puede ser una obra de arte.
