El 27 de mayo pasado falleció Nuria Eulalia Andrea Cortada de Fortuny, a los 85 años, dejando un legado silencioso pero invaluable para quienes buscan preservar la historia de Carlos Gardel. Aunque su nombre no sea ampliamente conocido, su rol como custodio de recuerdos y documentos vinculados al “Zorzal Criollo” la transformó en una pieza clave para la memoria del tango.
Lejos de la fama y los escenarios, Nuria vivió gran parte de su vida alejada del mundo del tango y los homenajes, pero durante décadas resguardó sin proponérselo una parte esencial del patrimonio gardeliano. Walter Santoro, presidente de la Fundación Internacional Carlos Gardel, recordó con emoción el vínculo que construyó con ella y destacó su memoria prodigiosa para narrar hechos de hace más de setenta años.
Gracias a Nuria, se pudo conocer una faceta humana y cercana de Armando Defino, amigo y albacea de Gardel, distinto del personaje público. Ella relataba con cariño cómo Armando, sin poder tener hijos propios, se había encariñado con ella y sus hermanos, llevándola a escondidas a teatros y cines, y cómo en noches familiares proyectaba películas de Gardel con un viejo proyector de 16 milímetros.
Como bien informa La Prensa, sus recuerdos también incluían visitas a la casa de Jean Jaurés, donde conoció a Bertha Gardés, madre de Gardel, y a Adela Blasco, quienes formaron parte de su vida cotidiana. Estos relatos simples, como la imagen de Doña Pepa en una silla mecedora o el perro ovejero "Indio", tienen un valor histórico incalculable porque provienen de alguien que realmente vivió esos momentos.
Tras la muerte de Gardel en Medellín, Armando Defino cumplió la promesa de cuidar de Bertha Gardés, y la familia Fortuny acompañó a Armando y Adela en esa misión, formando lazos familiares profundos. Luego, en 1944, cuando Armando se mudó a la casa de Saavedra, trasladó gran parte de los muebles, documentos y objetos personales de Gardel y su madre a una casa de vacaciones de la familia Cortada de Fortuny en Río Ceballos, Córdoba, donde permanecieron olvidados durante más de siete décadas.
Fue recién después de 2008 que las hermanas Fortuny, al revisar la propiedad para venderla, descubrieron ese valioso patrimonio intacto. Nuria, más que enfocarse en el valor material, se preocupó por la conservación y la integridad de la colección, buscando que permaneciera en una institución que garantizara su preservación en Argentina.
Gardel al resguardo de Nuria
La historia tomó un nuevo impulso cuando Alfredo Echaniz, esposo de Nuria y apasionado por la cultura latinoamericana, se encargó de organizar y clasificar la documentación para preparar una muestra y un libro catálogo llamado “Archivo Carlos Gardel colección Armando Defino”. Este trabajo sembró la semilla para que Nuria y su hermana María Inés confiaran la continuidad de esa misión a la Fundación Internacional Carlos Gardel.
“No quiero lucrar con Gardel, sino mantener viva su memoria y su obra”, solía repetir Nuria, reflejando su compromiso con la preservación de la historia más que con el beneficio personal. Su cesión gratuita de los derechos universales vinculados a Gardel fue un acto de confianza que permitió la creación y consolidación de la Fundación, asegurando que miles de documentos y objetos sigan disponibles para las futuras generaciones.
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Mientras se recuerda a Nuria, su voz revive en los relatos sobre Armando proyectando películas para los chicos, las reuniones familiares en Castelar, los veranos en Río Ceballos y las pequeñas escenas domésticas que parecían perdidas en el tiempo. Su partida representa la despedida de una guardiana de la memoria que hizo posible que la historia de Gardel siga viva y accesible para todos.
