Murió Irene de Grecia, la discreta princesa y tía del rey Felipe que marcó a la realeza española

La princesa falleció a los 83 años en el Palacio de la Zarzuela. ¿Qué legado dejó esta figura tan unida a la reina Sofía y sus sobrinos?

15 de enero, 2026 | 20.22

Este jueves 15 de enero, a las 11:40 de la mañana, falleció en Madrid Irene de Grecia, hermana menor de la reina Sofía y tía del rey Felipe VI. La muerte ocurrió en el Palacio de la Zarzuela, según informó la Casa Real. La reina Sofía suspendió su agenda para acompañar a su hermana en sus últimos momentos, afectada por un deterioro cognitivo que había sufrido durante años.

Conocida cariñosamente como “tía Pecu” por sus sobrinos españoles, Irene fue una figura discreta, espiritual y profundamente ligada a su familia. Nunca contrajo matrimonio ni tuvo hijos, y eligió vivir en Madrid junto a su inseparable hermana, la reina Sofía. A lo largo de su vida, se dedicó a causas solidarias y cultivó pasiones como la cultura hindú, la espiritualidad, la música y la arqueología. Incluso llegó a ser concertista de piano, mostrando un talento destacado.

Princesa Irene: su vida de Grecia a España

Nacida en el exilio el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, fue la hija menor de los reyes Pablo y Federica de Grecia. Su infancia la vivió entre Sudáfrica, Egipto y Grecia, y a pesar del desarraigo, mostró siempre optimismo y capacidad de adaptación. Su padre, el rey Pablo, ascendió al trono cuando Irene tenía apenas 4 años, el 1 de abril de 1947, y su muerte marcó un punto de inflexión en su vida.

La música fue una constante en su vida, y estudió piano con la reconocida pianista Gina Bachauer, logrando incluso ser intérprete profesional en conciertos benéficos por Europa y Estados Unidos. Además, junto a la reina Sofía compartió la pasión por la arqueología, excavando en Decelia, cerca del Palacio Real de Tatoi, donde ambas vivieron su infancia y juventud. Allí descansan sus padres y el último rey de los helenos, Constantino II. Juntas publicaron dos libros sobre sus investigaciones arqueológicas, reflejando una relación muy cercana y colaborativa.

El exilio y los cambios políticos también marcaron su historia. Tras la muerte de su padre y la llegada al poder de su hermano como rey, la familia tuvo que abandonar Grecia en 1967 debido a la dictadura militar. Durante ese tiempo, Irene vivió en Roma y luego se trasladó a Madrás, India, con su madre. Fue en Asia donde abrazó la cultura hindú y una espiritualidad que la acompañó el resto de su vida.

Después de la muerte de su madre en 1981, Irene llegó a España para visitar a su hermana y terminó quedándose. En sus palabras, “Vine a Madrid para pasar cinco días y me quedé cinco años. Y según pasaba el tiempo entendí que mi lugar estaba al lado de Sofía”. Se instaló en una habitación sencilla del Palacio de la Zarzuela y evitó los lujos, renunciando a joyas y patrimonio, que donó a la ONG Mundo en Armonía, fundada por ella en 1986. Esta organización desarrolló proyectos filantrópicos en todo el mundo, buscando el bienestar moral, espiritual y material de todos los seres vivos.

Una de las iniciativas más destacadas de su ONG fue el traslado de vacas sanas a la India para alimentar a niños desnutridos, en respuesta al sacrificio masivo de vacas en Europa debido a la sobreproducción de leche. Sobre su labor solidaria, Irene afirmaba: “El propósito no es salvar al mundo, sino ofrecerle un poco de alivio, un poco de esperanza, un poco de armonía donde hay sufrimiento”.

Su residencia en Madrid fortaleció aún más su vínculo con la familia real española. Compartió viajes, eventos públicos y momentos familiares con la reina Sofía y sus sobrinos. Estaba especialmente unida a la infanta Cristina, quien estuvo pendiente de ella durante el funeral del rey Constantino. Su cariño fue tal que la infanta Cristina llamó a su única hija Irene, en honor a su tía, mientras que la infanta Sofía, hija menor de los reyes Felipe y Letizia, guarda un gran parecido físico con ella.

En marzo de 2018, Irene obtuvo la nacionalidad española por carta de naturaleza, un reconocimiento especial del Gobierno debido a sus estrechos lazos con la familia real y su vinculación con España. Su salud fue buena durante gran parte de su vida, gracias a su estilo oriental, la práctica de yoga y una dieta sin carne. Sin embargo, en 2002 enfrentó un cáncer que impactó a su familia, aunque su tratamiento y recuperación fueron llevados con discreción.

En sus últimos años, el deterioro cognitivo afectó su calidad de vida, lo que intensificó el cuidado de la reina Sofía. A pesar de ello, Irene participó en importantes eventos familiares, como el 60 cumpleaños de la infanta Elena en Madrid y las bodas de sus sobrinos nietos en 2024 y 2025. Su delicado estado de salud le impidió asistir a la temporada de verano en Mallorca, algo habitual para ella.

La princesa Irene se despidió sin estridencias, como vivió, dejando una huella profunda en la familia real española que la valoraba mucho. La reina Sofía, en particular, perdió a la persona que mejor la conocía, en un momento delicado tras la reciente muerte de su prima segunda, la princesa Tatiana Radziwill, ocurrida el 19 de diciembre de 2025, a quien acompañó en París junto a Felipe VI y las infantas Elena y Cristina.