Quién hizo la quiniela: historia y origen de la lotería en la Argentina

La quiniela es uno de los juegos de azar más tradicionales de la Argentina y su historia está marcada por la informalidad, la inmigración y la regulación estatal.

09 de enero, 2026 | 12.28

La quiniela forma parte del entramado cultural argentino desde hace más de un siglo y se consolidó como una de las prácticas de juego más populares del país. Comprender quién hizo la Quiniela y cómo se originó este fenómeno permite reconstruir un recorrido histórico marcado por la clandestinidad, la inmigración y el control estatal del azar.

Qué es la quiniela y cómo surgió en la Argentina

La quiniela es un juego de azar que se basa en la apuesta a uno o más números con la expectativa de que coincidan con los resultados de un sorteo oficial. En sus orígenes, esta práctica no fue reconocida por el Estado y se desarrolló de manera ilegal, especialmente en las zonas urbanas del Río de la Plata.

Diversas versiones coinciden en señalar que el juego comenzó a gestarse a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, en un contexto social atravesado por la llegada masiva de inmigrantes europeos, principalmente italianos y españoles. Estas comunidades trajeron consigo tradiciones vinculadas al juego y las adaptaron a la realidad local, dando forma a una modalidad propia que pronto ganó adeptos.

En ese período, la quiniela consistía en apostar a la unidad o a la decena de los números que resultaban sorteados en la lotería oficial. Los premios podían entregarse en efectivo, bienes materiales u otros beneficios, lo que reforzaba su atractivo en sectores populares con acceso limitado a los juegos legales.

Quién hizo la quiniela y por qué fue un juego clandestino

La pregunta sobre quién hizo la Quiniela no tiene una única respuesta ni un autor identificable. Su creación no fue obra de una institución ni de una figura puntual, sino el resultado de una construcción colectiva y social. El juego emergió de manera espontánea en los márgenes del sistema legal, impulsado por apostadores, organizadores informales y redes barriales.

El carácter clandestino de la quiniela se explica por el contexto normativo de la época. A fines del siglo XIX, la Lotería de Beneficencia Nacional era el único juego de azar autorizado en el país. Cualquier forma alternativa de apuesta era considerada ilegal y pasible de sanciones económicas y penales.

A pesar de ello, la práctica se expandió rápidamente. La posibilidad de apostar montos pequeños y la cercanía de los puntos de juego con la vida cotidiana favorecieron su difusión. Así, la quiniela se convirtió en una actividad habitual para “matar el ocio” y soñar con un premio, incluso bajo el riesgo de la persecución policial.

Cómo funcionaba la lotería legal en la Argentina

Según registros del Archivo General de la Nación, el 16 de octubre de 1893 se autorizó la creación de la Lotería de Beneficencia Nacional mediante la ley 2989. Este organismo dependía del Poder Ejecutivo y tenía como finalidad financiar hospitales, asilos públicos y otras obras de asistencia social.

Conocer quién hizo la Quiniela y cómo se originó este fenómeno permite entender por qué logró un arraigo tan profundo en la cultura popular

La lotería oficial monopolizaba el juego legal y regulaba todas las actividades vinculadas al azar. Los sorteos se realizaban con números de cinco cifras, un dato clave para entender la lógica de la quiniela clandestina, que tomaba los últimos dígitos del extracto oficial para definir a los ganadores.

La ley establecía sanciones severas para quienes organizaran o participaran de juegos no autorizados. Sin embargo, el interés social por las apuestas llevó a la proliferación de casas clandestinas, conocidas popularmente como “garitos”, donde la quiniela encontró un espacio fértil para su desarrollo.

La represión del juego y el arraigo popular

Con el objetivo de frenar el avance de la quiniela clandestina, en 1902 se sancionó la Ley de Represión del Juego. Esta normativa habilitó allanamientos en domicilios privados y otorgó mayores facultades a la Policía de la Capital para desarticular los garitos.

Lejos de desaparecer, la quiniela continuó creciendo como práctica social. Su persistencia evidenció la tensión entre el control estatal del juego y una actividad lúdica profundamente arraigada en la vida cotidiana. Con el paso del tiempo, esa popularidad terminó impulsando su posterior legalización y regulación, consolidándola como un símbolo del juego en la Argentina.