Un equipo internacional de científicos detectó una estructura que podría cambiar lo que sabemos sobre el planeta más hostil del Sistema Solar. En la superficie de Venus, donde las temperaturas rondan los 460 °C y la presión aplasta cualquier sonda en cuestión de horas, apareció una formación que se asemeja a una cueva volcánica formada por lava solidificada.
El hallazgo surge del análisis de imágenes de radar tomadas por la misión Magellan de la NASA, reinterpretadas con tecnología moderna. Al revisar antiguos datos con modelos topográficos más precisos, los investigadores identificaron una depresión circular con bordes derrumbados y una zona interior protegida, características típicas de los llamados tubos de lava: túneles que se generan cuando la superficie de un río de magma se enfría mientras la roca fundida sigue fluyendo por debajo.
Un refugio natural en el planeta más extremo
En Venus, sobrevivir en la superficie es prácticamente imposible para cualquier nave actual. Sin embargo, dentro de estas cavidades la situación podría ser distinta. Los científicos creen que el interior de estos túneles ofrecería temperaturas más estables y protección frente a la radiación y a la atmósfera corrosiva rica en dióxido de carbono y ácido sulfúrico.
Si se confirma que se trata de un tubo de lava intacto, no solo sería una rareza geológica: también podría convertirse en el mejor candidato para futuras misiones robóticas, e incluso, a muy largo plazo, exploración humana, porque permitiría estudiar el planeta durante más tiempo sin que los instrumentos se destruyan de inmediato.
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Venus es considerado el “gemelo” de la Tierra por su tamaño y composición, pero evolucionó hacia un efecto invernadero descontrolado. Estas cavernas aportarían evidencia de actividad volcánica relativamente reciente, un dato clave para entender cómo pasó de ser un mundo potencialmente habitable a uno completamente inhóspito.
El descubrimiento refuerza una idea cada vez más aceptada entre los planetólogos: aunque su superficie sea infernal, Venus todavía guarda lugares donde la exploración podría ser posible. Y paradójicamente, la mejor forma de sobrevivir allí no sería resistir su ambiente, sino esconderse debajo de él.
