3J: ¿qué rol juegan los varones en el avance de las luchas feministas?

¿Los varones pueden sumarse a la lucha feminista? En un nuevo aniversario del Ni Una Menos, El Destape dialoga con organizaciones que luchan contra el machismo en busca de lograr una sociedad con masculinidades deconstruidas y por fuera del sistema de violencia patriarcal.

03 de junio, 2021 | 00.05

El grito Ni Una Menos, lanzado desde Argentina y extendido como marea en distintas regiones del mundo reclamando políticas públicas y compromiso social para frenar la violencia femicida, llega a su sexto aniversario con avances y pendientes. Las últimas cifras oficiales sobre femicidios, difundidas el fin de semana por la Oficina de la Mujer de la Corte, revelan que el año pasado hubo 251 víctimas, es decir, hubo al menos 251 hombres que mataron mujeres, trans y travestis. En este contexto, cuál es el rol que los varones pueden y deberían tomar para acompañar las luchas. Apuntes para repensar las nuevas masculinidades.

No me dejaron llorar por varón

En diálogo con El Destape, Matías Barboza y Fran Simón, militantes del Colectivo de Varones Antipatriarcales de CABA,  reflexionaron sobre debates, inquietudes y cuestionamientos masculinos en el camino por reconocerse como varones deconstruidos.  

- ¿Existe la concepción del ‘nuevo hombre’?

M: En principio, no es un término que utilicemos en la organización. Hombre es un término que está ligado a otro tipo de definiciones que, creemos, no nos permiten construir políticamente en conjunto. De ahí que elegimos llamarnos varones antipatriarcales. “Varón” es la referencia que nos ha permitido lograr una convocatoria amplia a diferentes masculinidades y permite que recordemos cuál es nuestro punto de partida, desde dónde viene nuestro proceso político-deconstructivo. “Antipatriarcales” es el horizonte al que nos dirigimos y la perspectiva que le damos a los debates.

F: Yendo puntualmente a la pregunta, si hacemos una lectura de lo que es ser varón partiendo de la idea de que no es solo lo que uno elige para identificarse sino cómo te ven en la calle. Entendemos que la masculinidad es el régimen político que organiza a la sociedad de forma cómplice y violenta, y que el horizonte es desarticularla en vez de pensar en un ‘nuevo hombre’ como arquetipo ideal.

- Una de las discusiones que más divide al feminismo se centra en el rol de los hombres hetero cis en la lucha. ¿Consideran que deben ser incluidos?

M: Por la experiencia del colectivo de Varones y los encuentros que hemos realizado, pienso que sí es posible. La mayoría de los que participan son varones cis heterosexuales, mientras que las maricas tenemos un rol de coordinación en las bajadas de línea y las actividades propuestas. Quizás porque no hay otros espacios de contención en donde puedan trabajar exclusivamente estos temas de género y disidencia sexual en particular, ni en asociaciones civiles o lugares de encuentro político.

F: Como el feminismo es el que le pone marco teórico y palabras al patriarcado, no siento que sea posible convocarlos desde otro movimiento que no sea ese. En El Bondi (NDA: así llaman amorosamente al colectivo) se genera una dinámica muy potente y necesaria entre las vivencias de masculinidades entre pakis y maricas. Por un lado, los pakis descubren otra forma amorosa de tejerse entre varones, habilitando algo del erotismo no sexual de los vínculos que comúnmente reprimen o resuelven de manera violenta, y en el caso de las maricas se siente mucho empoderamiento.

- Es llamativo esto que remarcás, la apertura a zonas emocionales que los propios mandatos de la cultura machista cancelan.

F: Siempre tiene que haber un proceso de empatía desde la propia herida del varón para que esto se produzca. En el caso de las maricas es diferente, ya lo tenemos adherido porque siempre terminamos expulsadas de los modelos normados.

M: Creo que ese es uno de los aportes más importantes que ha tenido nuestra militancia en Varones Antipatriarcales: poder compartir la sensibilidad con los varones con lxs que nos encontramos. No pensar las relaciones por medio de la violencia sino en idear vínculos amorosos fuera de una lógica de amenazas y competencias. Es algo súper transformador eso. En lo personal, he tenido muy pocas experiencias copadas con hombres hetero cis en donde pude sentir afecto sin la amenaza latente de que todo podía terminar en una situación de peligro.

- En el caso de los varones pakis, ¿cuáles son las inquietudes que más afloran en los encuentros?

M: Reconocerse como sujetos sensibles, sin duda. Me sorprende lo poderoso que tienen algunos encuentros en los que desconocides compartimos cosas íntimas. Une se reconoce en el relato del otro, necesariamente nos vemos reflejados porque tanto los varones cis heterosexuales como las maricas hemos pasado por lo mismo. En el 2018 realizamos en Buenos Aires el séptimo encuentro de Varones Antipatriarcales Latinoaméricanos y durante el primer día invitamos a los participantes a que escriban en un papel qué no pudiste hacer por ser socializado varón. De todas las respuestas hubo una que llamó particularmente la atención por la carga que contenía: ‘no me dejaron llorar’. Es terrible estar privado de algo tan natural como el llanto.

F: Los vínculos con los grupos de amigos también es un tópico que suele repetirse. Lo que implica estar en uno, las conductas machistas que ahí se reproducen, la incomunidad que genera distanciarse de ciertas cosas.

- En esos grupos vinculares suelen estar los ‘aliados de cartón’, que se sacan fotos con el pañuelo verde pero lanzan chistes homofóbicos en el partido de fútbol con los amigos. ¿Qué sienten ante la hipocresía masculina en torno al avance de la lucha feminista?

F: Desconfío de cualquier varón que esté solo, individualmente, pronunciándose a favor de alguna consigna feminista con un pañuelo. Es difícil pensar que ahí haya un proceso deconstructivo, si partimos de la base de actuar en colectivo.

M: La hipocresía no tiene límites ni barreras. Más en un contexto donde las redes sociales tienen un rol de poder significativo.

- Hay que decirlo, las redes sociales ayudan a que el Orgullo queer o la revolución de las mujeres puedan ser apropiados como un slogan de marketing.

F: El sistema transforma en mierda todos los intentos que tenemos para sobreponernos al régimen patriarcal, un buen ejemplo son las publicidades de bebidas alcohólicas con la marca LGBTTIQ+ durante el mes del Orgullo. Hay que encontrar formas renovadas de escape ante estas jugadas sucias. En ese sentido siento que tiene que ver, en otra dimensión, con cuánta visibilidad se le da al recrudecimiento de los femicidios en Argentina. El sistema se caga en las militancias.

¿Qué se hace para repensar la masculinidad?

Entre preguntas, dudas y, sobre todo, con intenciones de mejorar, existen las masculinidades que buscan replantearse actitudes lejanas al sistema de violencia machista. Lucía Rodriguez, Gustavo Gersberg y Andrés Arbit hacen Privilegiados, un proyecto a través de Instagram en el cual problematizan esta situación y entregan algunas herramientas para la reflexión.

"La perspectiva de género no es transversal a ser una 'buena persona'. O sea, ser bueno amable, empático, es posible. Y nadie se tiene que colgar una medalla por eso. Podés ser todo eso y también incurrir en prácticas machistas", dice a El Destape Andrés Arbit. En ese sentido, agregó: "Tratamos de tener una idea. El machista no es solo Barreda. Ese es el extremo y es claro. Pero si hay actitudes machistas que hacemos todos los días, que son pequeñas y que afectan”.

Algunos pasos para no seguir reproduciendo conductas que alimenten la violencia patriarcal según el proyecto Privilegiados

- "Deconstruirse no es un software que tiene una barrita que dice '80% deconstruido'. Es un camino que se transita día a día".

- "Pensar si estoy en una posición de poder dentro de un espacio. Ver desde qué óptica manejo ese espacio, a quién le doy la oportunidad de opinar. Que no quede en el aire el 'acá puede opinar cualquiera', sino que se les dé el espacio".

- "En el ámbito laboral y en la vida hay que ver y medir cuántas veces interrumpimos a las mujeres cuando estamos hablando sobre un tema. Y después, contabilizar en qué situaciones nos acercamos y les decimos de qué forma tienen que realizar algo. Esto se conoce como 'mansplaning' y está pésimo: al estar consciente empezás a modificar las prácticas".

¿Por casa cómo andamos?

- Más allá de estos tres ejemplos, también existen otras circunstancias. ¿Qué se hace con el varón que se piensa a sí mismo como "buen tipo" pero aún así se siente repelido por la deconstrucción?

Esos 'buenos tipos' tienen que poder rever desde qué violencia se ejerce la práctica machista. Empezar a hacerse cargo. En los “buenos tipos” hay una sensación de que ser machista es ser Barreda. Por eso hay que hablar entre nosotros y hacernos cargo de nuestro machismo. En el camino hay choques, se van a perder amistades y relaciones por estos planteos deconstructivos. Está bueno que, cuando se habla con amigos, se digan las cosas sin recurrir a ataques o señalamientos. Si los apuntás diciendo “vos sos un misógino”, el que se autopercibe "buen tipo" se va a cristalizar y termina repelido.

- ¿Y la autocrítica dónde queda?

Si estás hablando con un amigo sobre una situación machista que notaste que está haciendo y le decís, 'che, me parece que le estás pifiando', y te responde con algo que pasó hace dos mil años y que vos mismo hiciste, tenés que darle la razón. La deconstrucción también lleva a esa autocrítica y a la posibilidad de ser interpelado.

 

 

 

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