Las aguas marinas del planeta alcanzaron este fin de semana su temperatura máxima jamás registrada al llegar a un promedio global de 21,1 grados, superando el pico histórico reportado en marzo de 2024. Según alertó el servicio europeo de cambio climático Copernicus, el calentamiento de las aguas continuará intensificándose en los próximos meses, lo que ejercerá una presión inédita sobre los ecosistemas marinos y la estabilidad meteorológica global.
La anomalía responde a la combinación del cambio climático provocado por la quema de combustibles fósiles, que ya elevó la temperatura base del agua en 0,8 °C, y la aceleración de un fenómeno natural de El Niño de magnitud extraordinaria. A diferencia del patrón habitual, donde las temperaturas oceánicas picos ocurren hacia el final del verano austral entre marzo y abril, el récord actual se fijó en agosto, anticipando un escenario crítico cuando El Niño alcance su fase máxima hacia fin de año.
"Es otra señal más de que nuestro sistema climático está sometido a una gran presión y de que el océano se encuentra bajo una enorme tensión", sostuvo Samantha Burgess, responsable estratégica de clima de Copernicus. Por su parte, la oceanógrafa y exdirectora de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA), Jane Lubchenco, advirtió que un océano tan cálido desestabiliza los patrones de lluvias, intensifica las tormentas marítimas y pone en riesgo la seguridad alimentaria.
El impacto ecológico ya refleja secuelas de gravedad. En la actualidad, la cantidad de coral sensible al calor que permanece vivo representa apenas una quinta parte (el 20%) de las poblaciones existentes en la década de 1990. Aunque los biólogos marinos identificaron que algunas especies oportunistas han logrado adaptarse, el deterioro del hábitat coralino continúa en niveles alarmantes.
Asimismo, la comunidad científica alertó sobre la amenaza latente de colapso en grandes pesquerías globales, con especial foco en la pesquería de anchoveta en las costas del Pacífico sudamericano. Ante el calentamiento de las aguas, los mamíferos y peces de mayor tamaño migran hacia zonas más frías, mientras que las anchovetas no logran desplazarse, interrumpiendo su reproducción o muriendo por falta de alimento. Esta alteración rompe la cadena trófica global y afecta directamente a las industrias pesqueras de la región.
En contraste con el retroceso de las especies emblemáticas, el aumento de la temperatura y la pérdida de oxígeno oceánico propició la proliferación masiva de medusas en diversas latitudes coastal, un organismo oportunista que prospera en aguas cálidas y evidencia la profunda transformación de los ecosistemas marinos.
Con información de la Agencia Deutsche Welle.
