Un joven fue condenado a perpetua por el primer “matricidio” en San Juan

El juicio por un hecho que conmocionó a la provincia tuvo hoy su veredicto. Violentó desde adolescente a su madre hasta que la quemó y la dejó 40 días agonizando.

01 de octubre, 2021 | 18.40

El hecho fue aberrante por donde se lo mire y causó una extrema conmoción en San Juan. Un joven de 30 años quemó viva a su madre adoptiva y la dejó agonizando por 40 días hasta que finalmente murió en el hospital. Pero, antes de hacerlo, la hizo vivir años de violencia psicológica y física.

La mujer contó la verdad sobre lo que ocurrió antes de morir, ya que cuando sucedió el episodio había defendido a su hijo diciendo que se había quemado ella sola en su colchón por un descuido accidental.

Aunque la historia de Liliana Mabel Loyola (64) fue confusa desde el principio, los investigadores no dejaron de asombrarse cuando descubrieron los detalles. El joven al que ella acogió desde pequeño, para cuidarlo y darle todo su amor como si lo hubiera llevado en su vientre, terminó por arruinar su vida, llenarla de dolor, agonía y finalmente llevarla a la tumba. Siempre lo defendió, desde pequeño, hasta que no pudo más. La verdad salió de su propia boca, días antes de morir en la Unidad del Quemado del Hospital Marcial Quiroga en Rivadavia, San Juan.

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Su propio hijo querido, Juan Eduardo Echegaray (30), había llegado al punto de prenderla fuego por recibir la primera negativa: no le quiso dar dinero para drogas. La ira de Echegaray y la violencia que ejercía desde hacía muchos años afloraron por última vez para terminar con su vida. Esta aberrante historia tuvo sentencia ejemplar este viernes.

El Tribunal de la Sala II de la Cámara Penal sanjuanina (integrado por María Silvina Rosso de Balanza, Maximiliano Blejman y Víctor Muñoz Carpino) dio lugar al duro pedido de la fiscal Marcela Torres y determinó la pena de prisión perpetua por el Homicidio Agravado por Violencia de Género (femicidio) de Liliana, una empleada del Poder Judicial.

Según los alegatos emitidos en este juicio, hubo gran cantidad de testigos que confirmaron la violencia ejercida por Echegarary hacia su madre, por varios años. Se pudo comprobar que el joven era así desde que llegó a la adolescencia, exigiendo primero cosas materiales, luego dinero; siempre con agravios “de grueso calibre” y mediante amenazas que se reiteraban a lo largo de los días, meses y años.

Más de 30 testimoniales, pericias, informes técnicos dieron cuenta de que este “matricidio” de Liliana Loyola en manos de su hijo fue la culminación de una violencia intrafamiliar preexistente, marcada por la gravedad que fue creciendo de manera progresiva en los últimos años. Esa violencia llegó a ser física y terminó en lo peor.

Con el correr de los días en el juicio se pudieron reconstruir las horas previas de la muerte de Liliana. Esto fue gracias al testimonio de los vecinos que escucharon gritos y pudieron advertir previamente todas las conductas agraviantes y delictivas de Echegaray.

“Como representante del Ministerio Público de San Juan estoy satisfecha por toda la labor realizada, por el estudio que se le dio al caso y las tres semanas de juicio con inspecciones oculares realizadas. Pese a las nulidades presentadas por la defensa y destruidas por la oposición de la fiscalía, el Tribunal le dio la razón a este Ministerio Público”, remarcó la fiscal Marcela Torres, a El Destape.

Asimismo, conmovida aún por todas las revelaciones que surgieron de la prueba recabada contra Echegaray, añadió: “Yo no tengo registro, ni recuerdo una situación semejante que haya sido juzgada y condenada como en este caso. Llegar a incendiar a su mamá, a quien le costó 40 días de extrema agonía, fue terrible. Queríamos que fuera una sentencia ejemplar”.

Según el Código Penal, al no ser considerado hijo legítimo, no se lo puso juzgar bajo el agravamiento del vínculo, pero sí está claro que ese vínculo existió de igual manera ya que Liliana le brindó una familia, amor, derechos del niño y del adolescente, incluso se hizo carga de él habiendo cumplido su mayoría de edad.

Los fundamentos de la sentencia estarán disponibles el 19 de octubre.

El femicida se declaró inocente

Juan Eduardo Echegaray (30) nació el 8 de mayo de 1991 fue criado como hijo legítimo desde recién nacido por Liliana Loyola y su marido Eduardo Bustos Echegaray, en el barrio Aramburu, Rivadavia. Su violencia comenzó a evidenciarse cuando ya no era tan niño, sobre todo contra su mamá, a quien gritaba, insultaba y maltrataba delante de mucha gente, según manifestaron testigos familiares y allegados.

Él nunca asumió su culpa, de hecho, intentó zafar y pidió ser absuelto de culpa y cargo por asegurar que fue él mismo quien ayudó a su mamá cuando se quemaba viva. Eduardo dijo que esa tarde del 29 de noviembre de 2018, él estuvo en otra parte. Que llegaba del camping donde había estado con amigos que advirtió humo en la habitación de su madre; que entró rápidamente para averiguar qué estaba pasando y que la vio envuelta en llamas. Después de eso, llamó al 911 para pedir ayuda.

Sin embargo, después de años de recolectar pruebas se confirmó que Liliana antes de morir había dicho toda la verdad. Fue su propio hijo quien la roció con alcohol y la prendió fuego por la ira que le causó una negativa por dinero. Aunque en realidad no fue sólo por ese episodio, ya que la forma de tratarla siempre fue con violencia y amenazas. Ese fue sólo el último golpe en contra de su madre.

Cuando Eduardo escuchó a través de zoom, este viernes, desde el Servicio Penitenciario Provincial (donde está encerrado desde hace dos años), que su pena era ineludiblemente dura, se echó para atrás y se agarró la cabeza, como no pudiéndolo creer.

“El Tribunal resuelve condenar a Juan Eduardo Echegaray Loyola a la pena de prisión perpetua por resultar autor material por el delito de homicidio agravado por haber sido cometido con violencia de género (Art. 80 inciso 11 del C.P.).”, leyó el secretario del Juzgado.

Su defensa había pedido su absolución por no tener nada que ver con la muerte de su madre; pero nada salió como lo esperaba. Eduardo se quedó un momento agarrándose la cabeza, ladeándola en negativa, como si lo creyese injusto. Y aunque, seguramente, habrá una queja presentada por su defensa, por seguir sosteniendo su inocencia, las pruebas fueron contundentes. Resultó culpable. 

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