Mendoza suele asociarse con bodegas, montaña y nieve. Sin embargo, a más de 3.000 metros de altura existe un paisaje poco visitado incluso por mendocinos: la Laguna del Diamante, un espejo de agua rodeado de silencio absoluto y con una de las mejores vistas del volcán Maipo.
Ubicada dentro de la Reserva Natural Laguna del Diamante, en el departamento de San Carlos, es uno de los escenarios más impactantes de la cordillera argentina. Su acceso limitado y su apertura solo en temporada la convierten en un destino exclusivo para quienes buscan naturaleza pura y lejos de multitudes.
La laguna se formó por actividad volcánica y debe su nombre al reflejo perfecto del volcán Maipo sobre sus aguas. Cuando el clima acompaña, la imagen genera un efecto de simetría casi irreal: montaña y reflejo parecen un solo paisaje.
El entorno conserva una biodiversidad protegida. Allí habitan guanacos, zorros colorados y numerosas aves andinas, además de ser uno de los hábitats del pejerrey patagónico en altura, lo que atrae también a pescadores deportivos.
MÁS INFO
Un acceso que explica por qué pocos llegan
Para entrar hay que registrarse previamente y abonar un permiso provincial. Solo permanece abierta entre diciembre y abril, dependiendo del clima, ya que la nieve corta completamente el camino el resto del año.
El recorrido incluye más de 80 kilómetros de ripio de montaña, con curvas y altura constante. Por eso se recomienda ir temprano, en vehículos en buen estado y prever combustible y comida para toda la jornada: no hay servicios dentro de la reserva.
