Ecos de la pandemia por COVID-19: por qué Rosario se está quedando sin taxis

Crece el movimiento nocturno por las flexibilizaciones y la reactivación, pero una flota golpeada por la crisis que dejó el macrismo y un año y medio de restricciones no llega a cubrir la demanda.

20 de septiembre, 2021 | 21.05

Con cifras por debajo de 100 casos diarios y solo un 4 por ciento de camas de terapia ocupadas por COVID-19, la ciudad santafesina de Rosario está viviendo un renacer económico. La mayoría de los rubros que estuvieron frenados por la cuarentena estricta, hoy están en plena reactivación y movilizan a miles de personas, generando que la demanda del servicio de taxis se haya incrementado notablemente, en especial de noche, con la flexibilización de las medidas en actividades recreativas, culturales y gastronómicas y un aliento estatal al movimiento en el centro cuando cae el sol, no solo para ayudar a la recuperación del comercio sino para reforzar la seguridad en una zona que quedaba abandonada a esas horas.

Pero como efecto colateral de la pandemia, la ciudad se quedó sin coches en días y horarios clave, principalmente el nocturno. Conseguir un taxi los fines de semana es prácticamente imposible, porque la flota no da abasto y es común ver las esquinas llenas de usuarios varados, incluso en los corredores gastronómicos, que no encuentran forma de volver a casa, más aún ahora que rige la ordenanza que estipula que no puede beberse alcohol al volante (antes el límite era 0,5 g/l) y la inseguridad es un grave problema urbano. Los taxis son pocos, y se ocupan rápido, y en la ciudad no existe la posibilidad de tomar un Uber, ya que el municipio combatió su desembarco declarándola ilegal y hasta secuestró vehículos que llevaban pasajeros para la app.

En muchos casos esto se debe a que durante la cuarentena se había suspendido la contratación de choferes para turno noche, y según los propietarios de las chapas, también con alguna dificultad incluso para conseguir nuevos ahora que se retomó el movimiento cuando cae el sol. Las cámaras del sector reconocieron que el servicio nocturno fue el primero en resentirse producto de la crisis económica y la inseguridad, pero ahora también hay problemas para conseguir taxis durante el día: de los 6 mil choferes que deberían estar trabajando en la actualidad, hay menos de 3 mil al volante.

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Trabajo insalubre

En tanto, el municipio admitió que, de las 4 mil licencias, hay unas 200 en caución y cerca de 800 que no están circulando: quedaron guardados en la casa del titular, que no ha podido reparar o cambiar la unidad que tienen un límite de antigüedad. Sin embargo, el mayor déficit es en choferes, porque no es un empleo atractivo ni rentable. Según datos del Sindicato de Peones de Taxis, durante los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri y el año y medio de pandemia, el sector perdió unos 1.000 puestos laborales por la depresión económica y muerte de la demanda, sobre todo en el turno nocturno. Un análisis sobre la ecuación económica del peón cuando se sube al auto ayuda a explicar por qué.

El taxista promedio trabaja 6 días a la semana para ganar unos 60 mil pesos por mes, y es difícil para el que es único sostén de hogar con hijos llegar a fin de mes. Vivir en la calle significa comer, consumir cigarrillos y café: no vuelve con todo el sueldo a su casa. Trabajan asediados por el estrés y el miedo a ser asaltados, y con una vida sedentaria que no combina con la rutina familiar. "Aunque hay un convenio colectivo, al no haber controles del municipio, el titular no registra bien al trabajador. A nadie le seduce trabajar en un taxi sabiendo que esas son las condiciones", explicó a El Destape el secretario general del gremio, Horacio Yannotti. El 60% está mal anotado, por media jornada o como cubrefrancos. Con ese recibo de sueldo no tienen acceso a obra social ni al crédito, les cuesta jubilarse y la ART cubre lo mínimo en caso de accidente.

Hay dos tipos de acuerdo con los propietarios sobre la recaudación. Uno es "a porcentaje", en el que el chofer se lleva entre el 30% y el 50%; y el otro es a fijo, en el que paga una tarifa por el turno de 12 horas, de entre 2.500 y 4 mil pesos, dependiendo del tipo de vehículo. Todos tienen que "pedalear" muchas horas para llevarse algo a la casa: "Es una actividad estresante. Estás en la calle manejando todo el día, la inseguridad es una sombra permanente. Hay un solo franco semanal, y a veces los muchachos necesitados lo trabajan", cuenta el sindicalista. Por su parte, el titular de una licencia se lleva, en promedio, el otro 50 a 70% de la recaudación. En un doble turno, son 12 mil pesos brutos por día. A eso hay que descontarle los costos fijos: combustible, reparaciones y mantenimiento, seguro, cargas patronales y amortización del vehículo.

Queja gastronómica

En este contexto, dueños de bares y restaurantes rosarinos elevaron la queja al municipio por la falta de taxis, ya que entienden que perjudica a su actividad que, si bien está remontando, aún sigue con restricciones en el horario de cierre y limitación del aforo al 50 por ciento. Ahora que los clientes pueden salir de noche y quedarse hasta más tarde en los bares, los gastronómicos dicen que esta situación no les hace ningún favor para convertirse en un plan atractivo, más en un contexto en el que tomar el transporte público de noche es arriesgarse a sufrir un asalto, y con la vigencia de la ordenanza de alcohol cero que no permite manejar ni con una copa de vino o pinta de cerveza encima.

“La situación de la falta de taxis en horario nocturno afecta a la gastronomía y al turismo. La disponibilidad de un medio de transporte público que sirva para las demandas del ciudadano y el turista en dicha franja horaria debe ser cumplimentada”, dijo Carlos Mellano, presidente de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica de Rosario (Aehgar). “Es necesaria una reorganización de los esquemas de trabajo y horarios de los servicios frente a las flexibilizaciones de las medidas de restricción, que causaron una mayor circulación de los ciudadanos”, agregó.

En ese sentido, desde la Unión Gastronómica de Rosario (Ugar) marcaron a El Destape que el corte prematuro que dispone el gobierno provincial concentra toda la demanda en el horario de finalización de la actividad, que los viernes y sábados es a las 2 y el resto de los días a la 1. “Los clientes te dicen que no vuelven a salir sin el auto, porque prefieren arriesgarse a que le hagan una multa por alcohol cero antes que esperar un coche eternamente. Además, apuntaron que la norma también los perjudica si no hay movilidad alternativa para que usen los clientes. “Muchos grupos de amigos dicen que no salen por eso. Estamos a favor de la medida, siempre y cuando el transporte público funcione bien. Pero acá es un gris”, comentó un empresario.

Es que mientras la vida en la ciudad vuelve poco a poco a la normalidad, el sistema de Transporte Urbano de Pasajeros (TUP) sigue funcionando en emergencia. En enero de este año, el municipio puso en vigencia el esquema de adecuación a la pandemia, que redujo las líneas operativas de 65 a 57 y espació los servicios. Según un informe del Observatorio Social del Transporte, actualmente circulan 540 coches, 151 menos que en 2019, lo que representa una caída del 22 por ciento. Hay quejas de muchos usuarios, en especial de líneas del noroeste y sur de la ciudad, que deben hacer trasbordos que son engorrosos y a destiempo, sufrir una frecuencia bajísima entre coches y caminar muchas cuadras para poder tomar un colectivo justo en un momento en el que el delito se cierne sobre la ciudad como una nube negra.

Control estatal 

Cuando el municipio otorga la licencia (son limitadas, y hoy en el mercado cotiza a entre 20 y 25 mil dólares), lo hace con la condición de que sea explotada durante 16 horas al día. A raíz de la demanda de la ciudadanía y los comerciantes, la Secretaría de Movilidad realizó un relevamiento e intimó a 800 titulares que no cumplen con la obligación en el horario nocturno. Ahora tienen un plazo para realizar la adaptación, y si no lo hacen procederán a aplicarles sanciones. El Ejecutivo reconoce que existe un menor número de vehículos en funcionamiento, fundamentalmente viernes, sábados y domingos, pero indicó que se están haciendo permanentes llamados de atención, además del monitoreo diario, para que presten el servicio en tiempo y forma. 

“Hemos hecho dos relevamientos por RA, registro por registro, y hemos notificado que vamos a aplicar sanciones a quienes no cumplan, después del plazo que le dimos para acomodarse con la oferta en el horario que corresponde que estén circulando”, manifestó el intendente Pablo Javkin consultado por El Destape. El mandatario consideró que “hay algunos horarios, sobre todo los fines de semana y a la noche, en los que la cantidad de taxis que hay en la calle no es aceptable para la prestación de un servicio público. Esto tiene que encontrar respuesta en la ocupación de choferes para poder cubrir esos servicios”, advirtió. El protocolo indica que tras la segunda intimación sobreviene una sanción que significa la suspensión temporal de la chapa o pagar una multa económica. Incluso, puede significar el retiro de la licencia.

“No lo podemos hacer de un día para el otro, porque tampoco le podemos pedir a un sector que estuvo un año y medio trabajando en otras condiciones que inmediatamente se adapte”, acotó Javkin. De todos modos, aclaró que “son problemas de los que uno elegiría tener, porque tienen que ver con ir recuperando parte de nuestra vida normal. Fue un año y medio sin ningún tipo de actividad nocturna, y ahora tenemos que recuperar este servicio vital”, analizó. Destacó que el último fin de semana, hubo un primer avance con más taxis en la calle y dijo que espera “en los próximos 15 o 20 días, tener normalizado el servicio con valores antes de la pandemia”.

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