Una situación límite y desesperante quedó expuesta en vivo durante una entrevista radial. Yackelin Aguilar relató el calvario que atraviesa luego de haberse endeudado con prestamistas informales para poder subsistir, una decisión a la que se vio forzada cuando el Estado interrumpió el pago de la pensión de su hijo.
En diálogo con Marcelo Bonelli y su equipo en Radio Mitre, la mujer explicó cómo la falta de ingresos durante un trimestre derivó en una espiral financiera insostenible. La interrupción de esa asistencia oficial no solo generó un descalabro económico en su hogar, sino que además la obligó a recortar la atención médica indispensable para el menor.
La suspensión de las terapias y el impacto en la salud
Durante la conversación, el equipo periodístico contextualizó el origen del conflicto al recordar que Aguilar estuvo tres meses sin percibir los fondos correspondientes y que recurrió a préstamos informales para cubrir los gastos básicos cotidianos. La entrevistada confirmó el panorama y reveló la consecuencia más dura: "Ahora actualmente mi hijo está sin terapia hace tres meses. No las podemos pagar".
La presión cotidiana por parte de los acreedores ilegales terminó por afectar de manera directa la estabilidad física y emocional de la mujer. Al ser consultada sobre cómo sobrelleva el día a día, describió un escenario de hostigamiento permanente que no le permite descansar.
"Es insoportable. Porque es todos los días levantarse con: 'Hoy quiero mi plata', 'Hoy quiero mi plata', como si fuese que yo no quiero pagar y estar tranquila", manifestó con angustia. En esa misma línea, remarcó el deterioro que sufre a nivel personal: "No duermo. Hasta adelgacé, no se imaginan cuánto. Y a mí me hace mal a la salud, así".
Pérdida de herramientas de trabajo y reclamos interminables
Para intentar cancelar los montos exigidos, Aguilar comenzó a desprenderse de sus propios bienes de producción. La mujer detalló que contaba con equipamiento nuevo que utilizaba para elaborar productos de pastelería y pizzas destinadas a la venta, pero debió entregarlo a valores irrisorios frente a la urgencia de los prestamistas.
"Fui cancelando varios con cosas que yo tenía nuevas. Una amasadora de dos millones y medio me dijeron: 'Te la agarro en 300 000'. Y se la tuve que dar", graficó sobre el nivel de pérdida patrimonial que sufrió al intentar reducir los saldos pendientes.
Sin embargo, la entrega de dinero y herramientas no frenó las exigencias. Hacia el final del diálogo, ante la consulta de la mesa sobre si los prestamistas informales continúan reclamando pagos a pesar de haber recibido lo acordado, Aguilar confirmó la mecánica usuraria: "A la primera que le había sacado, yo le terminé, pero ella te sigue cobrando".
