15 de noviembre, 2020

Reportaje

Podridos y resquebrajados

Una heladera desconectada. En su interior, diferentes tipos de alimentos y bebidas se descomponen. Este ambiente da lugar a Putrefacción, historieta que se comenzó a publicar en el número 76 de la revista Fierro (2013), y luego fue recopilada en un libro, editado por Historieteca a fines del 2016. Sus autores, Damián Fraticelli (guion) y Ezequiel Couselo (dibujo), narran una historia de género, una suerte de policial negro con intrigas políticas protagonizado por un huevo, uno de los tantos habitantes de la heladera. Y al mismo tiempo, de forma consciente, producen una reminiscencia muy clara a una realidad política muy específica: los acontecimientos de diciembre de 2001, evidenciando las tensiones existentes entre la ficción y la realidad. Para conocer un poco más sobre los dos historietistas, hace unos años, mientras la obra era publicada en Fierro, nos juntamos con ellos en un café del centro porteño para tener una distendida charla.

Podridos y resquebrajados

¿Cómo fue el origen del proyecto? ¿Cómo se conocieron?

Ezequiel Couselo: Nos conocimos por la novia de Damián, que fue profesora mía en la Universidad de Lanús. Ella, que sabía cómo dibujaba, nos puso en contacto, porque él ya tenía el guión. Desde ahí, nos pusimos a laburar juntos.

Damián Fraticelli: La idea había surgido en el 2001, en diciembre, con la crisis. Yo estaba escribiendo unos guiones de historieta y se me habían podrido unas cosas en la heladera, por un corte de luz. Hacía mucho calor y, con la crisis, el ambiente en general estaba un poco “podrido”. Además, el gobierno estaba pidiendo guita afuera y ya no había blindaje que alcanzara. Se había armado un sistema que no se sostenía, que necesitaba mucha guita de afuera para funcionar. Y no se la daban. Eso aparece en Putrefacción: un sistema cerrado en donde todo se empieza a pudrir. No hay electricidad y la heladera deja de enfriar. El hielo se transforma en un bien escaso y todo el mundo se pelea por él. A partir de ese contexto se cuenta la historia. Además, el perfil de los personajes también se va a ir degradando a medida que avanza la historia. Aparece la parte oscura de estos personajes. Se va desvelando lo que tienen adentro. También en el caso del protagonista: vemos su lado oscuro. Volviendo al tema del origen de la historieta: yo había escrito en el 2001 un guión muy cortito con la idea de la heladera. Era una parodia a El extranjero, la novela de Camus. En el 2010, transformé ese guión en una historia más larga y en una parodia al policial negro. Ahí me contacté con Ezequiel.

¿Se dedican profesionalmente a la historieta o tienen otros trabajos?

EC: Yo hago diseño gráfico.

DF: Yo trabajo como guionista, mayormente haciendo productos infantiles para la televisión, aunque también trabajé en proyectos para cine y animación. Además, soy profesor de semiótica en la UBA e investigador. Estoy en un proyecto que estudia el arte y la política en los nuevos medios de comunicación. Me especializo en el humor televisivo. También escribo literatura infantil.

¿Es la primera vez que hacen una historieta juntos?

EC y DF: Sí.

EC: De hecho, es la primera historieta que hago. Vos ya habías hecho algunas, ¿no?

DF: Sí, habíamos hecho algo con Pamela Wehrhahne y Juan Pita - dos dibujantes- y la sacamos en el primer número de Cábula de Ernán Cirianni. Después, se me complicó conseguir dibujantes para una historia tan larga. Entonces llegó Ezequiel al que, por suerte, le gustó el guión.

EC: Al principio nos costó arrancar, yo me colgaba… pero ahora, como tenemos una entrega por mes hay que respetar las fechas.

DF: El concurso de la revista Ñ (en el 2011), en el que participamos, nos ayudó a hacer el primer capítulo. En ese sentido, los concursos son importantes, ayudan a concretar proyectos. Ponen fechas límites.

¿Cómo es el proceso creativo? ¿Se juntan para armar el desarrollo de la historieta o trabajan separados?

DF: Por laburo rara vez nos juntamos.

EC: Nos juntamos para otras cosas; para el concurso, para registrar la obra, para llevar cosas. Hablamos por Skype, o por teléfono. Yo primero hago un boceto chiquito, a lápiz. Se lo paso a Damián. Él me lo aprueba o me sugiere correcciones, y recién ahí empiezo a pintar.

DF: Sí, laburamos mucho por Skype. Él me muestra una primera versión, yo le hago comentarios y siempre se los toma bien. Es un profesional. No se enoja.

Ezequiel, ¿cómo es tu trabajo de creación de las páginas?

EC: Primero hago un boceto en lápiz. Si estamos de acuerdo en que está bien, lo pinto con fibras y microfibras, según el nivel de detalle necesario. Hago los cuadros en grande. Al reducirlos a la mitad para la página final, también se reducen a la mitad los errores que puedo tener en la línea. En grande, la podés pifiar, pero se nota menos al achicarse. Entonces, hago el lápiz, después uso fibras, y por último lo escaneo y retoco con Photoshop. Más que nada porque con fibra solo puedo hacer la parte del negro, pero con el programa puedo agregarle detalles blancos.

¿Cómo se les ocurrieron los personajes? ¿Hay una relación entre los objetos y las personalidades? ¿De dónde viene el hecho de que el personaje principal no tenga rasgos?

EC: Y, el huevo no tiene cara, no tiene mucha personalidad…

DF: Sí, es un personaje que está atrapado en un contexto. De a poco se va a ir viendo su personalidad. Tiene problemas con su identidad, porque no puede recordar cosas de su pasado. Hay algo que tiene censurado. Al mismo tiempo no toma una posición frente al contexto. No evalúa la corrupción de su amigo. No cree mucho lo que dice, se refiere a él irónicamente, pero sigue siendo su amigo. Lo mismo pasa con sus comentarios sobre el contexto. Está inmerso en un mundo degradado. Por eso es un huevo sin rostro. Parece no poder expresar nada. Después, con los otros personajes fuimos eligiendo los productos según su función en la historia y su forma. Por ejemplo, la coca-cola tiene curvas como la botella y cumple la función de femme fatal.

En ese sentido, la heladera les ofrece una cantidad de formas muy variadas.

EC: Y además, las referencias las tengo en la cocina…

Dado el ambiente y el tono de la historia, un buen diseño de personajes es imprescindible…

EC: Lo primero que definimos fueron los personajes.

DF: Yo le pasé un perfil de los personajes, con la descripción de cada uno. Él me iba mandando dibujos y nos pusimos de acuerdo en cómo tenían que ser.

EC: Igualmente, fueron cambiando bastante.

DF: En lo que nos pusimos de acuerdo enseguida fue en que llevaran traje, para que dieran la sensación de tiempo pasado. Al mismo tiempo, entraba en la lógica de parodia y homenaje al policial negro.

EC: Pero los personajes también tienen objetos contemporáneos, como celulares… es una mezcla rara. Al suceder en una heladera, al ser una historia tan “irreal” podemos hacer cualquier cosa. Por ejemplo, nos damos la libertad de insertar objetos antiguos y actuales.

¿Qué influencias tienen a la hora de escribir y dibujar?

EC: Cuando nos pusimos en contacto, el primer nombre que mencionó Damián fue a Charles Burns. Fue la principal influencia.

DF: Sí, Charles Burns, un historietista norteamericano independiente, guionista y dibujante. Para trabajar los negros y el ambiente oscuro nos parecía ideal. Otras influencias fueron el dibujante Mezzo y el guionista Pirus, que hacen policiales negros, muy buenos. También trabajan sobre el negro, sobre un ambiente oscuro y degradado. Así como las novelas de Jim Thompson, que escribe ese policial negro con protagonistas que tienen una moralidad más que discutible. Por otra parte, el narrador es parecido al de Fantagás o El patito Saubón, de Carlos Nine, que tenían esas voces en off serias en un contexto que era absurdo y surrealista. Se ve esa posición narrativa en la voz en off de nuestro protagonista. Otra influencia que tengo presente es Ricardo Barreiro, por el hecho de contar una historia de acción.

¿La idea es llevar el género del policial negro a ese mundo extrañado, hacer una especie de transposición de ese género?

DF: Sí, pero hay elementos de parodia al género y de sátira política.

EC: Tiene algo tragicómico. Ves a los personajes y te dan risa.

DF: Hay chistes metidos en la trama. Hay que ver si se notan, pero están. Al mismo tiempo, la idea era reírse con los elementos de la heladera. Que el cadáver sea un pollo, por ejemplo y que se hable de un asesinato seguido de desplumamiento…

Damián, antes dijiste que tenías terminado el guión ¿fue una ventaja para empezar a trabajar?

DF: Sí, nos contactamos con el guión terminado.

EC: Primero lo leí entero, después empecé a dibujarlo.

DF: Era importante que él leyera todo. El guión tiene diferentes etapas y los personajes se van transformando, se van pudriendo. Así que hay que ir decidiendo a partir de qué momento esto se nota gráficamente. El antagonista es una manteca, te imaginarás que está muy interesado en conseguir hielo...

EC: Hay muchos flashbacks en la historia, constantes viajes al pasado. Por eso, fue bueno para mí conocer la historia desde un principio. Ya tengo diseñados los personajes, sé cómo avanzan en su putrefacción, aunque no tenga todos los capítulos listos.

¿Cómo manejan el tema del espacio, de los fondos? La historieta genera la sensación de transcurrir en ambientes amplios, más allá del espacio cerrado de la heladera.

EC: Sí, es un poco raro. Se supone que es una heladera cerrada, pero, al mismo tiempo, es una gran ciudad. Son licencias que nos tomamos, para que los personajes tengan mucho espacio por recorrer. 

DF: Pasa que está contado desde el punto de vista del huevo. Para él la heladera debe ser un espacio gigante.

EC: Igual exageramos un poco. Por ejemplo, con las nubes. No se supone que existan nubes ahí adentro. Pero podría ser el vapor de la podredumbre de la heladera.

DF: Una vez que dije: “Voy a contar una historia dentro de una heladera y la voy a comparar con la sociedad”, empecé a ver qué diferencias y qué similitudes podía encontrar entre una y otra. Si el hielo está arriba de la heladera, los que están más cerca son los que tienen más posibilidades económicas. Así se arma la escala, de arriba para abajo, como si fuese una jerarquía social.

EC: Claro, los más cercanos al piso serían los de clase baja.

DF: La historia se relacionaba más con el contexto del 2001. Ahora, podría irle bien al público de las crisis de Europa.

¿Tienen más proyectos en mente para trabajar en conjunto?

DF: Ahora estamos con una novela infantil y pensamos hacer una historieta más. Como ya lo conozco, podemos charlar un poco más nuestras ideas. Conseguir un dibujante que se entusiasme con el guión es difícil. Además, una cosa que tiene de bueno Ezequiel es que es diseñador gráfico. Entonces le da importancia al espacio de la página, hay una propuesta de lectura. Hay una idea en cada página. Eso es un plus que aporta él. Cuando empezamos, probamos diferentes diseños y un dibujante, Juan Pita, nos fue haciendo algunas devoluciones, hasta que nos pusimos de acuerdo con Ezequiel en qué diseño íbamos a usar.

EC: Me sirvió mucho estudiar diseño. Yo diseño tanto las páginas como los personajes. Damián me va diciendo lo que quiere. Al ser diseñador gráfico estoy acostumbrado a hacer lo que pida el cliente.

DF: En ese sentido, tengo la suerte de ser un cliente que no paga...

¿Eran lectores de Fierro?

DF: Sí, yo sí. Cuando era chico ya leía Fierro... y en la adolescencia iba a buscar la vieja etapa en las librerías de usados. Siempre leí mucha historieta

EC: Yo, la verdad, no era muy lector de historietas. Leía alguna de vez en cuando. Cuando nos conocimos y él me nombraba autores de referencia, muchas veces no los conocía. No era el mundo en el que estaba metido. Ahora que sí estoy metido, me resulta apasionante.

¿Qué los motiva a contar historias más personales en este medio?

DF: En historieta podés contar cosas que no podés contar o que son mucho más difíciles de narrar con otros medios. Por ejemplo, hacer una película cuesta mucha plata. Lo mismo pasa con la televisión. Si nosotros quisiéramos hacer Putrefacción en otro medio, probablemente debiera ser animación.

EC: Yo veía al principio a la historieta como un consuelo para los que no podemos hacer animación… pero después me di cuenta que no era así. Es un ambiente diferente. Cuando leés, creás la voz de los personajes en tu mente. Es algo más íntimo, de alguna manera. Tiene más interpretaciones propias.

DF: En ese sentido es como un lugar intermedio entre la literatura y la animación, en la que vos leés y vas imaginando los personajes. La historieta tiene, por un lado, los personajes dibujados, ya concretos, figurados. Pero, al mismo tiempo está la voz que tiene el personaje, que vos escuchás al leer. Aparte, hay una cuestión en la espacialidad de la página y en la temporalidad, que no encontrás en otros lenguajes. Vos ponés un cuadro en blanco y es diferente a poner unos instantes en blanco en el cine. En cambio, en la historieta, el cuadro blanco convive con los otros cuadros que están en la página. La nueva historieta que estamos pensando juega más con esas posibilidades del lenguaje de la historieta. Un poco como Jimmy Corrigan y los trabajos de Chris Ware. Él trabaja mucho con el diseño de página. Por ejemplo, una página en la que dibuja un árbol: muestra cómo lo plantaron, muestra el mismo árbol en otoño, ya más crecidos los personajes… hay una expansión temporal en la misma página, con el mismo elemento. Son cosas que se pueden explotar en la historieta. El trazo mismo es de vital importancia. Si bien en cine está el director… Por ejemplo, Tim Burton, que tiene mucho diseño. Pero las personas son personas. El dibujante puede hacer otra cosa, hay una expresividad en la línea que no tenés en el cine.

EC: El blanco y negro además te da una sensación más dramática, más cruda. Lo que queríamos resaltar son las texturas, las pieles de las verduras, etc. Acá también ayuda el contraste entre blanco y negro.

DF: Por otra parte, el narrador en primera persona ayuda a meterte en ese mundo. Un amigo me dijo: “Pero bueno, después de un tiempo te olvidás de que pasa adentro de una heladera…”. En un momento te dejás llevar por la historia. Me parece que en ese sentido gana, porque podés jugar con el mundo de la heladera, pero sin estar completamente atado a él.

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Santiago Sánchez Kutika

Santiago Sánchez Kutika

Guionista y editor.

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