20 de diciembre, 2021

Cine Bizarro

Шахматная горячкаf (la carrera imposible por Duna)

En 1965 Frank Herbert publicó la novela «Dune», considerada la «Guerra y la Paz» de la ciencia ficción. «Dune» atrajo de inmediato la atención de Hollywood. El escritor chileno, Alejandro Jodorowsky fue el primero que se atrevió a aproximarse a esta obra pantagruélica, prácticamente inadaptable, pero sus ambiciones fueron demasiado grandes. Fue un productor italiano, el legendario Dino De Laurentiis  y David Lynch los que consiguieron la primera aproximación cinematográfica a la obra de Herbert. Hoy, un director de origen franco canadiense, Denis Villeneuve,  tuvo también el coraje de abordar la novela. Diego Curubeto nos cuenta los entretelones de todas las adaptaciones y los secretos detrás de esta nueva versión de una de las obras cumbre de la ciencia ficción y de la literatura en general. 

Шахматная горячкаf (la carrera imposible por Duna)

Villeneuve: 2/ Lynch: 1/ Jodorowsky: 0

«Esto recién empieza».

Dicho a las dos horas y veinte de proyección, este dialogo podría sorprender al espectador que está terminando de ver Duna (Denis Villeneuve, 2021)y empezando a entender que es una película con final trunco.

El detalle que Denis Villeneuve solo cuente la mitad de la novela de Frank Herbert que trata sobre el planeta que reserva toda la energía de una galaxia bajo la forma de una especia alucinógena es, probablemente, el punto débil de esta película que intenta triunfar donde falló David Lynch en 1984. Pero que, al menos, logró meter un gol cuando su predecesor en la misión imposible, el chileno Alejandro Jodorowosky, directamente perdió por penales.

Pero, por otro lado, lo cierto es que aquí el complejo libro de Herbert está contado no solamente con gran fluidez y coherencia, sino también con un ritmo narrativo que va creciendo desde su descriptivo principio hacia una vertiginosa serie de fugas y notables escenas de acción que atrapan al espectador en el final de este film que, en muchos aspectos, está a la altura del desafío que enfrentó el director de Sicario y La llegada.

Claro, aquellos que recuerdan el lujo visual del film de Lynch, dotado de una de esas increíbles direcciones de arte y vestuario —que solo podían surgir de una súper producción de Dino De Laurentiis— probablemente tengan cierta dificultades para digerir cierto tono ascético del film de Villeneuve. Es que para el director Duna es algo así como un Star Wars para adultos, y por eso basó gran parte del look del film en las escenas desérticas de la primer parte del primer film de La guerra de las galaxias. Pero, al mismo tiempo, aquí hay una contradicción, dado que Villeneuve también limitó al mínimo las explosiones de violencia, el gore y cualquier toque de erotismo que pudiera surgir del libro de Herbert.

Dicho esto, Duna sin duda conformará en lo narrativo y en el tono general de la adaptación, y también incluye un gran manejo visual de las escenas épicas, con un gran uso de la pantalla ancha para momentos claves de la historia y decorados ciclópeos que, a veces, parecen inspirados en la estética oriental mezclada con el expresionismo del Fritz Lang de La muerte cansada, cuyos 100 años celebramos hace algunos meses en Fierro.

Tampoco hay ni una pizca de sentido del humor, y la solemnidad de la aproximación de Villeneuve no ayuda mucho a la performance del protagonista Timothee Chalamet, que no es el actor más carismático del mundo pero que, por suerte, está rodeado de un excelente elenco donde se luce Rebecca Ferguson, Josh Brolin y Jason Momoa, mientras que uno querría ver más del villano volador Stellan Skarsgaard y del enigmático nativo de Duna Javier Bardem.

Más allá de algunos elementos desparejos, da la sensación que cuando finalmente Villeneuve estrene la por ahora distante Duna II ésta habrá sido la mejor adaptación de un libro, difícil como pocos a la hora de llevar al cine.

DUNA, LA NOVELA INFILMABLE, VUELVE A SER FILMADA

Duna, la novela de culto de Frank Herbert, ha sido una verdadera pesadilla para todos los cineastas que intentaron llevarla a la pantalla grande, al punto que luego de que la superproducción de Dino de Laurentiis dirigida por David Lynch se convirtió en uno de los grandes fracasos comerciales de 1984, la excusa fue que en realidad el problema residía en que Duna era un libro infilmable.

Sobrecubierta de la primera edición de Dune. Chilton Books, 1965. EE.UU. Arte de cubierta de John Schoenherr.

Bueno, ahora la nueva Duna de Denis Villeneuve —que se estrenó hace algunas semanas en los cines argentinos— trata de demostrar lo contrario. El problema es que, en realidad, el film estrenado hace un mes en los Estados Unidos, no es del todo Duna, sino, más bien, una «media Duna». Y es que la película de Villeneuve, a pesar de durar más de dos horas y media, apenas llega a la mitad de la novela, así que para saber qué demonios pasa con las luchas entre los clanes Atreides y los Harkonen por dominar la poderosa «especie» que solo se encuentra en el planeta del título homónimo, el público deberá espera uno o dos años, con suerte, dado que la futura Duna II —que prepara el ambicioso director de Blade Runner 2049— apenas ha entrado en la etapa de pre-producción. Y este detalle es bastante tramposo e injusto con la gente que paga su entrada para ver la nueva Duna sin que nadie le avise que por su dinero solo le darán la mitad del relato.

El director Denis Villeneuve junto a Timothée Chalamet, protagonista del film.

Si bien todos dan por sentado que la segunda parte de verdad existirá y se proyectará en salas de todo el mundo, aquí se aplica perfecto el axioma peronista acerca de que «la única verdad es la realidad», y lo real es que desde hace décadas, cuando los estudios producen una saga de gran presupuesto, como Back to the future 2 y 3- se filman «back to back», o sea, las dos películas al mismo tiempo para contratar a todos los actores al mismo tiempo y reducir costos en todos los rubros. En cambio para Dune II Warner prefirió empezar a producir solo la primera, y solo dio luz verde a la segunda cuando, luego del estreno en cines la película, estuvo disponible para streaming en HBO MAX. Decisión que enojó muchísimo a Villeneuve, que declaró cosas como «mi equipo, elenco y yo pasamos tres años de nuestras vidas trabajando para que el universo de Duna esté expresado en pantalla grande de un modo imposible para el streaming, y esta decisión de Warner podría matar el potencial en la taquilla del film». En esta guerra entre el director y el estudio por lo menos Villeneuve ganó un par de batallas importantes, sobre todo en cuanto a la multiplicidad de locaciones exóticas para distintas escenas (el rodaje utilizó, al menos, media docena de paisajes icónicos distantes entre Medio Oriente y África, y tres estudios centro europeos diferentes para los interiores) y sobre todo presionó para que haya una versión en formato IMAX, lo que logró tan a último minuto que el director de fotografía, Greig Fraser, se enteró el día antes que debía cambiar su opción de cámara y formato de soporte digital a película virgen de 35 mm. Pero el público puede pagar su entrada para ver Duna sin muchos recelos de la concreción de la segunda parte, dado que esta producción de unos 170 millones de budget ya ha recaudado 130, o sea, casi un tercio del costo, en unas pocas semanas en la taquilla mundial, lo que sin ser un éxito descomunal en el box office puede dar a pensar que la segunda película es viable. Eso sí, los fans de la novela de Herbert extrañarán algunos personajes importantes del libro como la princesa Irulan, el malvado Feyd Rautha Harkonnen y hasta el Altísimo Emperador Shaddam IV. Simplemente porque en esta nueva Duna la adaptación no avanza lo suficiente en el libro para poder incluirlos, y el director y guionista se negó a contar la novela de ningún modo alternativo a la narración lineal del libro de Herbert que lo fascinó desde su primera lectura a los 12 años. Es que, según Villeneuve, toda su carrera hasta ahora fue solo una preparación para este desafío, La llegada y la secuela de Blade Runner fueron sus trabajos previos en este género que le sirvieron de antesala de entrenamiento.

El barón Vladimir Harkonnen 

La Duna modelo 2021 está protagonizada por Timohtee Chalamet como Paul Atraides y su vasto elenco incluye a Rebeca Ferguson, Zedaya, Javier Bardem, Josh Brolin, Oscar Isaac, Stellan Skarsgård y hasta Charlotte Rampling.

Comprobar que tan fiel es al libro de Herbert esta Duna parte I o «Media Duna»… plantea el sinsentido de cuán fiel a un libro puede ser medio libro. Eso le pasó, por ejemplo, a la versión animada de Bakshi de El Señor de los anillos que era genial hasta que terminaba de golpe cuando se estaba poniendo infernalmente buena. El caso Bakshi/Tolkien se parece mucho al de esta «media Luna», dado que cuando se estrenó el film Lord of the rings, promocionado a ful en todo el mundo, no rindió tanto como se podría haber esperado —era de dibujos, pero bastante zarpada—, aun no existía mucho la idea de ser adulto e ir con amigos nerds a ver largos de animación —algo que, por ejemplo, logró imponer Pixar— así que la segunda parte casi ni se filma, y, finalmente, se fimó como telefilm (algo inexistente en esos tiempos). O sea que ese medio Lord of the rings no contó con casi nadie del talento original —incluyendo Bakshi que salió despavorido del proyecto— y casi no se vio en ningún lado, y lo cierto es que esta breve referencia tampoco logrará que muchos lectores salgan corriendo a ver si la consiguen en HD.

En todo caso, sobre esta Duna de Villeneuve, recomendamos ir al cine y no desperdiciarla en una mala copia, mal bajada o un streaming para ver en una tablet (¡perros infieles!). Ahora, quien tenga la oportunidad de verla en la pantalla magnifica del IMAX, ojala nos cuente su experiencia.

Y no hay que olvidar tener en mente que esto que recién comienza, no empezará a terminar —con mucha suerte— hasta octubre del 2023…

Apostemos a otra definición de «futuro» que no se parezca mucho a la de Ambrose Bierce: «momento de nuestras vidas donde seremos amados por todos, nuestro talento será valorado, gozaremos de prosperidad y respeto universal y el mundo será un sitio feliz». El problema es que para vivir ese paraíso, siempre hay que esperar al futuro donde veremos Duna II y hasta quizás descubramos que la Ginebra Bols cura todos los virus.

Pero no hay que estresarse, olvidemos el futuro y vayamos al pasado, que a veces fue mejor, a veces más o menos igual pero con mas libertinaje y rock and roll, y, a veces, venía con genios —tan pero tan genios— que gastaban millones y millones ajenos para tratar de lograr la montaña pop más grande la historia del cine… lo que nos lleva directamente a la mega producción psicodélica de David Lynch y a los sueños megalómanos de popó de Alejandro Jodorowsky.

Y, créase o no, esto no es metafórico...

LAS PESADILLAS DE DUNA EN LOS SET:

«¡No quiero saber nada con la nueva Duna!». Esto dijo David Lynch, director de la versión de 1984, antes del estreno de la nueva versión de Villeneuve. «No tengo nada contra su director, es solo que para mí ese film fue un gran fracaso personal, nunca tuve el director’s cut y solo me queda el recuerdo de lo mal que la pasé. Fue el gran dolor de cabeza mi carrera».Lynch odió tanto el film que hasta se negó a aparecer en los créditos de la versión telefilm con 50 minutos de escenas adicionales que los estudios De Laurentiis vendieron al cable en los noventa y que terminó siendo firmada por el famoso seudónimo Alan Smithee. De todos modos, la Duna de David Lynch, imperfecta como es, sigue siendo una obra de culto que miles de cinéfilos admiran, incluyendo al mismo Denis Villeneuve.

Los desastres relacionados con adaptar Duna empezaron a fines de los setenta, cuando el exitoso director underground y gurú, Alejandro Jodorowsky, consiguió grandes sumas off Hollywood para filmar un guion de Dan O’Bannon (el escritor de la Alien original) con el mismísimo Salvador Dalí —como el emperador de Duna—; Orson Welles —que en esos tiempos se prendía en cualquier cosa que le pague alguna estadía por un par de semanas, se hiciera o no— y un rumoreado Mick Jagger como el villano que luego interpretó Sting en la versión de Lynch.

Pero las ideas del director del film de culto por excelencia El Topo, western psicodélico que casi generó por si solo el fenómeno de las midnight movies, básicamente funciones de trasnoche de películas tan raras que jamás iban a verse al circuito maisntream, y que muchas veces eran apenas un fondo audiovisual, más o menos borroso, para que los hippies tuvieran donde colgarse totalmente colocados, sin que nadie los molestara mucho. Ojo, El Topo tiene secuencias maravillosas, pero desperdigadas en medio de un caos importante. Por lo que quien trate de verla en una función vermouth, digamos, o en alguno de esos festivales re snobs que se reproducen como hongos, si la ve entera es masoquista, ya que todos saben que en las funciones de trasnoche la gente iba y venía —ya fuera del pasillo o de su última neurona—, por lo que, en realidad, muy poca gente puede decir que la vio completa, de cabo a rabo. Lo que no quita que la más ambiciosa, y, tal vez, la auténtica obra maestra de Jodorowski, La Montaña sagrada, no sea un auténtico film alucinante, que se puede apreciar en cualquier momento y en cualquier estado y que solo mejora con el paso del tiempo.

Jodorowsky y Moebius durante una prueba de vestuario para Dune.

Pero esas dos películas estaban filmadas totalmente off Hollywood, e, incluso, la más costosa Montaña... tenía fondos de inversores —por decirlo de algún modo—, siempre había un astro de rock millonario, a punto de ser timado por un financista, que luego le echaba la culpa de la bancarrota a «esas ideas locas, re creativas, pero poco realistas», digamos un John Lennon.

Vestuario de Moebius para Dune.

Las estrategias del talentoso autor de comics de Metal Hurlant —devenido en famoso gurú y seudo filósofo de estilos de vida alternativos new age, etc.— eran demasiado dementes y absurdas para una súper producción de Hollywood que, además, incluía mano de obra europea.

Así que antes de filmar una sola toma, ya había gastado varios millones de dólares, por lo que los inversores huyeron despavoridos, y el pobre O’Bannon terminó internado en una clínica luego de un intento de suicidio.

Hasta ahora la única versión de Duna que cuenta la novela de manera fiel y literal es la versión miniserie para el cable dirigida por John Harrison en el año 2000, con actuaciones de William Hurt y Giancarlo Giannini y una duración de 4 horas y media, es decir 30 minutos menos que lo que se espera de la nueva Duna de Villeneuve y su aun no filmada segunda parte.

La miniserie no fue un fracaso, peo tampoco fue un éxito y, aunque era digna, solo obtuvo críticas tibias y poco seguimiento de los fans del género. Es muy berreta a nivel pos posproducción y eso que es de John Harrison —habitual colaborador de Stephen King en series pioneras del pay TV— y pone bastante atención al sexo de las intrigas cortesanas y galácticas de Herbert, sumado a una fotografía del maestro Vittorio Storaro, el mismo de Apocalypse Now, Novecento y de tantas películas geniales.

La adaptación se que quedó en el tiempo con una burda pero graciosa estética psicodélica mitad Batman de Adam West y mitad fluo ochentero.

En el 2010, la Paramount anuncio una nueva Duna, pero luego de las dudas de varios directores, incluyendo Peter Jackson, se fue perdiendo el tiempo límite, por la opción de los derechos, y todo quedó en la nada.

Y, créase o no, el nombre de una diva como Charlotte Rampling —que tiene un papel secundario en esta nueva Duna— es el que nos lleva directo a las épicas montañas de popó —para decirlo con un término ingenuo y casi luminoso— había aceptado un rol estelar en la frustrada versión de Jodorowsky, que le había contado que iba a actuar junto a Salvador Dalí. Pero cuando leyó el guion vio que ella tenía una escena de dimensiones épicas, rodeada por 2000 extras que hacían popó al mismo tiempo, por lo que decidió que el film no era para una perfumada estrella europea como ella. Tal escena no formó parte de la visión de Lynch y, por lo que se ve, tampoco de la de Villeneuve, salvo que haya alguna sorpresa para Rampling en la segunda parte...

Ojalá Villeneuve tenga libertad creativa absoluta en su visión cosmogónica de Duna, parte II, pero que, por favor, justamente, nadie vaya a incluir por eso montañas del «número dos».

Hay muchos nerds del comic y la ciencia ficción, pero también intelectuales del altísimo nivel —como el director de esta publicación, Lautaro Ortiz— que son fans de este documental estrenado en el 2013, pero no muy difundido más allá de los festivales y la Web. Lo cierto es que es muy divertido y da la sensación que, en cambio, la adaptación de Jodorowsky podría haber sido un auténtico plomazo del infierno.

BONUS TRACK: Toto & Eno vs. Hans Zimmer

Si hay algo en lo que más allá de la duda razonable esta nueva Duna le pasa por arriba a la versión de Lynch, es en el score original de Hans Zimmer, lo que es sorprendente teniendo en cuenta que la música de Toto —extrañisima elección—era mucho más elaborada y sutil que sus hits bien FM. Brian Eno se lucía en un solo track, un hipnótico ambiente épico —a esta altura las descripciones sonoras no pueden dejar estar un poco más que influidas por la especie, mil disculpas— pero este soundtrack está a otro nivel. Se puede afirmar, sin que nadie pueda atribuirlo al abuso de especie, que estamos ante una de las obras maestras de la música para cine del siglo XXI.

Aparentemente, Hans Zimmer decidió dedicarse a escribir música de films soñando con que algún día podría componer el soundtrack de una adaptación de la novela de Frank Herbert, y cuando supo de la nueva Duna, plantó a todos los directores —incluso a Christopher Nolan— para dedicarse exclusivamente a los sonidos del planeta Arrakis. Su score es formidable, al punto que, por momentos, el director silencia los diálogos para aferrarse solamente a la música (de nuevo, da ganas de saber cómo suena esta locura en un IMAX). Dicho esto, Zimmer lanzó tres álbumes separados sobre Duna: uno es el notable «original soundtrack», con más de una hora de matices, coros, instrumentos y arreglos asombrosos. Luego está el disco doble, algo excesivo, «The Dune Sketchbook», con versiones extra largas del anterior, y, por último, acaba de aparecer un «Companion book soundtrack», pensado como fondo musical del libro: «The Art and Soul of Dune». Escrito por la productora ejecutiva Tanya Lapointe —esto es solo para nerds ultra obsesivos.

En todo caso, el score es notable y, como dice uno de los tracks: «Esto es solo el principio». Dado que todavía hay que esperar el estreno de la segunda parte de Duna, que llegará mañana, o sea, el momento de nuestras vidas en que tendremos la tarjeta sube cargada y que habrá felicidad universal, ¿no?

 

“Dune (Original Motion Picture Soundtrack)”/ “The Dune Sketchbook- Music from the Soundtrack”/ “The Art and Soul of Dune- Companion Book Soundtrack” Hans Zimmer –Water Tower Music-

Diego Curubeto

Diego Curubeto

Director de cine, periodista y crítico. Autor de «Cine Bizarro».

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