18 de septiembre, 2020

Héroe argento

Cien años de perdón

Misterix fue el héroe más copiado de la historieta argentina y, al mismo tiempo, el más homenajeado. Aquí un repaso de sus clones, de sus aventuras y hasta de su aparición en el cuadrilátero de catch junto a Karadagián. 

Cien años de perdón

Misterix es uno de los superhéroes más conocidos de la historieta argentina, sin embargo no es argentino; es italiano. Fue creado por el guionista Giorgio Massimino (Max) Garnier (aunque al poco tiempo lo sucedería Alberto Ongaro, que se encargaría de tallar adecuadamente al personaje) y por el dibujante Paolo (Paul) Campani para la revista italiana Le più belle aventure (segunda serie, No 94, un 12 de diciembre de 1946). En nuestro país fue publicado, por primera vez, en la revista Salgari de Editorial Abril, en el número 33, un 28 de enero de 1948. 
Misterix siguió saliendo, semana tras semana, en la revista Salgari hasta el número 63 y su éxito fue tal que el 3 de Septiembre de 1948 llegó a los quioscos el primer número de la revista homónima. Este hecho no es menor, ya que ningún otro personaje de la editorial había recibido revista propia (fenómeno que no volvió a repetirse dentro de la casa editora de Cesare Civita). 
Misterix siguió republicando las historietas originales italianas hasta su número 58, en el que alcanzó a imprimir la totalidad de las aventuras realizadas en aquel país. Pero al cortarse la serie allá, Cesare Civita decidió continuar el personaje con aventuras nuevas. Las mismas fueron realizadas durante un tiempo por el mismo equipo, para más tarde pasar a ser dibujadas por Eugenio Zoppi, el artista argentino que estuvo más asociado, históricamente, con el personaje. A este dibujante le siguieron muchos otros artistas y guionistas, entre ellos: F. Zulauf; Ray Collins, Tibor Horbarth, Jorge Morían y «Lito» Ángel Fernández. 
En la Argentina, se publicaron alrededor de 4230 páginas de Misterix, contra la cifra, paupérrima en comparación, realizada en Italia: unas 330 páginas. A mi entender, podemos considerar argentino al personaje —o naturalizado, si quieren— porque lo expropiamos de los italianos a fuerza de trabajo nativo. 

Misterix entre las cuerdas

La trascendencia de este personaje tal vez pueda medirse en el influjo que tuvo sobre la memoria de los chicos de aquel entonces. Pocos saben que en 1962 comenzó en la televisión argentina el programa «Titanes en el Ring». Desde sus primeros programas, Martín Karadagián supo nutrir el programa de personajes enmascarados y de otros que funcionaban como chivos publicitarios. Durante 1962 y 1963, los que éramos niños en ese período, tuvimos el privilegio de ver hacer la «Doble Nelson» y arrojar patadas voladoras, nada más ni nada menos, que a Misterix. La creación italiana fue encarnada en la arena del catch por «Lechuga» Fernández que, además de luchar en cada velada, repartía revistas Misterix a los todos los chicos que concurrían a verlo. Lo cierto es que Misterix fue el personaje más copiado de nuestra historieta vernácula. 

Los clones del cinturón atómico

En 1967, apenas un año y pico después de que dejara de salir su serie, aparece la primera copia. Se llamó «Lasserman, el Hombre Rayo», y tuvo su primera aparición en la revista Superhéroes, número 38, impreso por la Editorial Oeste. La historia iba sobre Jim Clayton y su hermanastro Lotus, creadores de un rayo láser que, aplicado sobre una persona, lograba una conjunción de materia y energía ante la cual resultaban inútiles cualquier tipo de armas, incluso las nucleares. El problema era que ese rayo mataba a quien se lo aplicara. Pero Clayton también creó un traje aislante que lo protegía  de los efectos nocivos del rayo. Lotus quería usar el invento para dominar el mundo, pero su hermano se lo apropió y se transformó en «Lasserman». Gracias a los efectos del rayo, sumados a los del traje, se volvió invulnerable y hasta era capaz de desafiar las leyes de la gravedad. Lasserman, en pocas palabras, era un robo descarado. La historieta era una copia a carbón del primer capítulo de Misterix. Lotus es igual a Takos (el hermano de Misterix), pero con barbita. Todos los aciertos se repiten: traje creado por el genio atómico, cinturón con hebilla de donde fluye la energía del traje y de donde parte el temible rayo.
Dos años después, hizo su aparición el personaje «Superinvencible», en la revista homónima impresa por la editorial Hachedé, con portada del talentoso Juan Dalfiume. Este nuevo latrocinio fue “creado” por el guionista A. J. Diax y dibujado por Hassini. 
El argumento puede resumirse así: el profesor  en Física Nuclear, Antony Power, creó un traje que le otorga enormes poderes. Su armadura emite ondas que rechazan las balas y los rayos, así como también absorbe toda clase de gases. La fuente de su poder se encuentra en su cinturón, compuesto con mini-impulsores que le permiten volar a una velocidad vertiginosa. En el frente de dicho cinturón se encuentra un potente emisor de rayos láser. Su archi-enemigo se llama Dr. Genius, inventor de una horda de robots súper poderosos que, a pesar de sus nombres rimbombantes, encuentran, con cansina regularidad, la derrota ante la invulnerabilidad del héroe Superinvencible. 
Pero la influencia de Misterix no se limita a la Argentina, sus ondas radioactivas también cayeron sobre la superficie de otros países donde también fue continuado o copiado. En Francia, luego de que se acabaran las aventuras originales, el guionista André Rojer y el dibujante André Bohan realizaron 22 episodios nuevos para la revista «Plutos» (1949-1950). En 1951, bajo el nombre de «Mister X», se publicaron 10 números más (fuente: Maldito Takos! Carlos Altgelt, 2009).  
También en Brasil robaron a Misterix. En 1966, la Editorial «Taica» publicó el número 1 de la revista Fantastic. Con un superhéroe muy parecido a nuestro Misterix, pero cuyo uniforme (que era casi idéntico) era de color azul. Fantastic era más un agente secreto que un superhéroe, contaba con el apoyo de las Fuerzas Armadas brasileñas y de la Interpol, y luchaba contra siniestras organizaciones internacionales, agentes comunistas y científicos atómicos. Siempre rodeado de yates lujosos y bellas garotas. Contaba con un traje de su propia creación que, alimentado por su cinturón atómico, le permitía volar, ser invulnerable y pulverizar a sus enemigos. El creador de este superhéroe fue Osvaldo Taló, rosarino, quien realizó gran parte de su carrera artística en Argentina hasta que emigró hacia o maior país do mundo.
Además de estos robos —diríamos: a mano armada—, también encontré, inspirados en Misterix,  al menos tres personajes humorísticos, que paso a señalar:
«Mistérico, el hombre a transistores» fue creado por Mänken para la revista Afanancio, número 1 (junio de 1963). Apareció varias veces, a lo largo de los años, en las distintas revistas de Mazzone (Capicúa, Piantadino, etcétera). El personaje tenía un traje casi idéntico al de Misterix, con la única diferencia que la parte superior de la capucha estaba abierta y por allí asomaba un prominente jopo. Mistérico también fumaba en pipa como el héroe atómico. En su primera aventura conoce al escritor Juan Perico con quien llegan a un acuerdo para que éste redacte sus memorias, o sea, las aventuras que fueron apareciendo en la revista.

Un par de años más tarde, en 1966, en la revista Planetín, de Ediciones Torino, Serrano creó el personaje «Misterric, el hombre a pilas», que, en un principio, usó un traje idéntico al de Misterix y luego lo cambió un poco.
A mediados de la década de los 70s, el editor y dibujante Prys (Prystupa) creó para la revista Astroboy (donde Prys hacía historietas apócrifas del robótico personaje japonés) a el Pibe Atómico. Su traje era parecido al de Misterix pero con una «A» en el pecho y también llevaba en el cinto una pila atómica (hummm… ¿dónde oí eso?).
No hay mucho para decir de estos tres personajes, ya que ninguno duró demasiado. Basta con resaltar lo evidente, Mänken era la mejor revista y la de Prys daba vergüenza ajena.

Tributos

A lo largo de los años Misterix tuvo varios homenajes (por así decirlo) en diversas historietas. Robin Wood y Carlos Vogt lo parodiaron en uno de los capítulos de «Mi novia y yo» (Intervalo, Súper Álbum, número 2) donde un amigo de Tino (el protagonista) se disfrazaba de diversos superhéroes de su infancia, entre ellos Misterix. Jorge Lucas —y sus cómplices artísticos— lo devolvieron a la historieta en el segundo número de la revista El Die junto al Cazador y otros superhéroes como Sónoman, el Caballero Rojo o Superhijitus.
En las revistas Secundaria de superhéroes escrita por un servidor y dibujada por Javier Solar, aparece una versión envejecida de Misterix y uno de los protagonistas es su nieto, llamado «X». También hubo varias referencias al genio del átomo, en las revistas del Caballero Rojo.
Por extraño que parezca, Misterix es el personaje argentino más copiado. No hay duda que El Eternauta es el más homenajeado, pero nadie lo copió. Nippur de Lagash solo fue copiado por la propia editorial Columba con Kabul de Bengala; Argón el justiciero y algún que otro personaje parecido. Ni el sargento Kirk, ni Mort Cinder, ni Alvar mayor, ni el Loco Chávez, ni ningún personaje fue tan replicado como lo fue Misterix.
La pregunta entonces es: ¿qué tenía de especial Misterix? Es un superhéroe, sí, pero no al estilo norteamericano, sino como nosotros concebimos a los héroes. Como bien señala la investigadora Laura Vázquez en «El héroe adaptado»: «Como en El Eternauta, un traje de hechura manual y escasos recursos de inversión», Misterix “garantizaba la aventura sin los millones de Batman o la invulnerabilidad extraterrenal de Superman”. Pero sin duda alguna, para su éxito también contribuyó que la revista que llevaba su nombre traía, además de sus aventuras, algunos de los personajes más importantes de nuestra historia de la historieta como Bull Rockett o el Sargento Kirk.
Misterix quedó grabado a fuego en la memoria de muchos artistas argentinos. Una porción, a la hora de alzar el pincel (que bien mirado puede confundirse con un arma) reprodujo eso que más admiró, la historia de un superhéroe italiano que, a fuerza de encanto y de réplica desvergonzada, se volvió argentino, sin necesidad de ciudadanías ni de papeleos burocráticos.

 

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Toni Torres

Toni Torres

Especialista en historietas, coleccionista, autor de el Caballero Rojo.