25 de noviembre, 2020

Investigación

¿Quién es JUAN?

A partir de hoy –y durante todos los sábados– Fierro publicará una serie de entrevistas hasta ahora desconocidas realizadas por Francisco «Paco» Urondo para el ignoto semanario JUAN. Quino, Karadagián, Troilo, Brascó, Botana, María Rosa Gallo, Tito Cossa, Favio, y Marechal, conversan con el poeta sobre arte y política en aquel decisivo año de 1967 bajo la dictadura de Onganía y con el peronismo construyendo la unidad.

¿Quién es JUAN?

Entre el 17 mayo y el 29 septiembre de 1967 (*) apareció en los kioscos el semanario JUAN, así, con mayúsculas y en potente rojo contra fondo amarillo. Salía los miércoles con un precio de tapa de 100 pesos moneda nacional, con un amplio formato de 35 cm x 27 cm y un total de 36 páginas (luego pasó a 42), que no desentonaba en diseño con las publicaciones de la década como Panorama, Confirmado, Primera Plana o Siete Días Ilustrado.

Por alguna razón (¿el vértigo político y cultural del final de esa década?), esta publicación quedó fuera del radar de los historiadores, a pesar de que en sus páginas aparecieron firmas como Quino, Landrú, Cilencio, Francisco Urondo, Tito Cossa o Enrique Silberstein.

Los únicos indicios, al menos detectados aquí, de la existencia de JUAN están en la bibliografía completa de Urondo que realizó Roberto Baschetti (ver acá) y en el libro de Eduardo Ernesto Gurrucharri Un militar entre obreros y guerrilleros. Correspondencia inédita entre el General Perón y el Mayor Alberte (Colihue, 2001) donde, precisamente, se toma para su imagen de tapa la fotografía realizada por JUAN el 12 de julio en la entrevista al delegado personal del Perón titulada «El peronismo está unido».

Es que JUAN (que sólo consignaba a Carlos Alejandro Infante como director, personaje vinculado a la izquierda radical y dueño por entonces de Radio Rivadavia y el Diario El Mundo, del grupo Haynes) apuntaba al regreso del líder y a la unidad del peronismo, se declaraba enemigo del vandorismo, agitaba la figura de Raymundo Ongaro, daba lugar destacado a las nuevas voces de la CGT con entrevistas a Lorenzo Pepe, Luis Raúl Roca, y Julio Guillán, etc. (¿ensayo de la CGT de los Argentinos?); prestaba particular atención a los acontecimientos políticos y sociales en África y Medio Oriente con una visión tercermundista, y apuntaba sus cañones contra la jerarquía eclesiástica desde la óptica de los curas postconciliares (Concilio Vaticano II).

El primer reportaje de la publicación fue al seminarista Juan García Elorrio director de Cristianismo y Revolución, quien «inmediatamente se trasladó a la redacción de JUAN para dar su testimonio» días después de haber sido liberado tras el famoso episodio en la Catedral Metropolitana cuando interrumpió con su propia homilía el Tedeum del 1ro de mayo en presencia del arzobispo de Buenos Aires Antonio Caggiano y del mismísimo Onganía.

Seis semanas más tarde, en el número 7 (23 de junio) la revista dedicó otra entrevista (también sin firma) al padre Mugica censurado por la policía durante un acto en Capital para el MASPLA (Movimiento de la Autodeterminación y Solidaridad de los Pueblos) donde iba a conferenciar sobre la encíclica «Popularum Progressio» del Papa Pablo VI (publicada el 26 de marzo del 67).

Bajo el título «El mensaje prohibido del Padre Mugica» explica JUAN: «Ante la imposibilidad de hablarle libremente a su público se dirigió a la redacción y aquí dijo lo que en otros lugares no lo dejaron decir». Al final del reportaje se le preguntó al sacerdote de la parroquia Cristo Obrero: «-¿Cuál es el mensaje que la policía le impidió decir en esa conferencia? -Quería decir allí, que es necesario crear las condiciones para que el pueblo tenga acceso al gobierno. Pienso que a luz del documento pontificio debemos esclarecer a nuestro pueblo el estado de cosas que vivimos. Hay que negar esa falsa opción a la que el Liberalismo quiere empujarnos: o los Estados Unidos o Rusia. No. El papa en eso también habló claro: ´la tercera línea´, es decir el tercer mundo en el que él pone sus grandes esperanzas. Tenemos que crear algo nuevo».

El nacimiento de JUAN parece justificarse en esas líneas. A la dirección política hay que sumarle el siguiente dato: el encargado de «las finanzas» era el cura Juan Marcelo Soler, quien más tarde dejó los hábitos, y hoy figura en la lista de desaparecidos del centro clandestino El Vesubio. JUAN cerró a los cinco meses luego de pagar a sus colaboradores con vales de comida.

Mientras duró, el semanario no pasó desapercibido: el periodista Mariano Montemayor disparó contra la publicación en repetidas oportunidades desde Confirmado acusándola de ser un subproducto de grupo Haynes y de estar financiada por petroleras. Estos ataques, más la insistencia de los lectores -reflejada en la sección «Los que leen, escriben»- por saber si JUAN hacía referencia o no al General en el exilio, llevó a que en el número 7 (28 de junio), el semanario aclarara su origen en una respuesta: «Nos llamamos JUAN por diversas razones: una de ellas es que a Infante y a Landrú les pareció bien. Pero ese nombre implica una toma de partido hacia lo popular, y esa circunstancia nos justifica. No somos peronistas, no somos radicales, no somos socialistas, no somos comunistas. Somos argentinos. Entrañablemente argentinos. Pero eso sí, JUAN jamás atacará a nada –así sea un mito- que tenga que ver con los entreverados cariños de nuestro pueblo. Aunque ese cariño se llame Perón ¿estamos?».

La mención a Landrú con decisión en la génesis de la revista, es un tema para prestar atención: el humorista solía aparecer en las primeras páginas antes de los chistes de Quino, Cilencio, Siulnas o Geno Díaz; su Tía Vicenta, censurada un año antes por Onganía, estuvo ligada al grupo Haynes; y cabría la posibilidad que por JUAN haya pasado Rogelio García Lupo, amigo personal de Landrú. A propósito: no deja de llamar la atención la proximidad entre las fechas de nacimiento de JUAN y de La Hipotenusa, separadas apenas unas semanas de aquel mayo de 67, conjetura que se agranda al observar que ambas revistas se imprimían en los mismos talleres gráficos de Rotag-Arg. de Bolívar 1753.

 

La hermosa gente

 

JUAN funcionó en un entrepiso de un edificio de la avenida Córdoba 1114. A partir de las fotografías publicadas (los créditos de las imágenes correspondían a Eduardo Giménez pero, sobre todo, a William Fredes quien formaba parte del staff de la revista Confirmado), se deduce que la redacción tenía una gran mesa y unos sillones de cuero donde se sentaron entrevistados como el Padre Mugica, Helvio Botana, María Rosa Gallo, Alberto Fernández de Rosa, etc. Sillones donde el mismo Urondo (a veces acompañado por Tito Cossa) utilizó en su función de entrevistador.

Además de Carlos Alejandro Infante (como director), y las firmas de los humoristas ya mencionados, la revista tenía algunas secciones fijas como «The Financial John» del economista, narrador y dramaturgo Enrique Silberstein y «Las cosas y el delirio» (título tomado del primer libro de Enrique Molina) que firmaba Alfredo Andrés.

Este poeta apenas recordado por sus versos (supo pasar por El Escarabajo de Oro y Barrilete) nunca fue olvidado por sus emprendimientos comerciales tales como Todo Cine (1981), revista que duró cinco números y que permanece, marcado a fuego, en la memoria de los acreedores. Andrés se dedicaba a agitar al mundo cultural de aquellos años aplicando golpes de prosa mordaz. Cayeron bajo sus adjetivos descalificadores: Abelardo Castillo y Ernesto Sábato (ambos enviaron cartas de lectores quejándose del maltrato), Pedro Orgambide (a su novela El Páramo la descalificó con una única onomatopeya “¡¡puaj!!), Néstor Sánchez (a quien le pega en el número 1 pero lo entrevista en el 7), Rodolfo Alonso, Mario Trejo, Julio Llinás, Julio Huasi y hasta al propio Rodolfo Walsh. Andrés parece haber sido el redactor encargado de la parte final de la revista que no sólo incluía crítica de cine y libros, sino algunas entrevistas breves como a Federico Luppi, a Carlos Gandolfo, Rodríguez Monegal y a Manrique Fernández Moreno, poeta que supo compartir con Urondo espacio en la revista Zona de la poesía americana.

A esas secciones fijas se le sumaba una central llamada «La hermosa gente» que se desdoblaba en reportajes dedicados a jóvenes de la cultura porteña y en entrevistas a figuras de peso. La sección parece haber sido conducida, aparentemente, por Francisco Paco Urondo.

Los reportajes a jóvenes artistas de fines de la década (Marilina Ross, Gloria Prat, Alberto Fernández de Rosa o Bárbara Mujica) a veces acompañados por notas sobre la noche de las vanguardias en Buenos Aires (hay una referencia al bar Moderno de la calle Maipú, donde se lo ve a Carlos Gorriarena (**), Néstor Sánchez, Sergio Mulet y otros noctámbulos),  estaban a cargo de Lalo Painceira siempre acompañado del fotógrafo Eduardo Giménez. Painceira, platense, aspirante a pintor y que por entonces tenía 27 años, habría ingresado al semanario por ciertos contactos familiares con Infante. Tras el cierre, a principios de los 70 fue detenido, pasó por la Unidad N° 9 de La Plata y luego padeció el exilio en Perú y Chile, según narra en su libro El límite de un conejo (eme). La conjetura plausible es que Urondo le abrió la agenda al joven Painceira para que entrevistara a sus amigos que solían frecuentar su famosa casa de San Telmo.

Pero la nota fuerte de JUAN era sin duda las entrevistas realizadas por Paco Urondo. Aquel año 1967 fue clave para el poeta: viajó por primera vez a Cuba, anduvo por España, escribió guiones de cine, le puso punto final a su libro Adolecer que saldría en 1968, publicó los relatos Al tacto, se conoció Del otro lado (selección de poemas del 60 al 65), se estrenó La Noche terrible con guion suyo y dirección de Khun, y su nombre aparecía en publicaciones como Adán, La Hipotenusa, Todo es Historia y Extra.

Su producción periodística fue intensa, pero en JUAN, Urondo no parece ejercer el periodismo sólo como un medio de subsistencia, hay en sus conversaciones y preguntas, en la edición de este material, y sobre todo, en la elección del personaje, un impulso evidente por indagar (cuestionar) sobre la condición burguesa del creador y su función en relación a los tiempos políticos, donde nadie podía mirar con indiferencia.

Estas entrevistas aparecidas en JUAN –publicadas entre su salida de Clarín y su ingreso a la revista Panorama– no deberían leerse sin ese espíritu que las anima, sin esa red que Urondo va tejiendo conversación tras conversación y que luego lo llevó a emprender él mismo un camino de participación colectiva. Con Quino indaga en la comodidad del artista burgués, con Favio sobre el peso del amor, con Karadagián sobre el sentido de la violencia, con Troilo sobre los mitos y el pueblo, con Botana sobre el catolicismo y la fe, con Marechal sobre el peronismo y la figura de Perón, y con Brascó sobre la creación sometida por el dinero. De alguna manera estas entrevistas, que Fierro irá publicando semana a semana, revelan mucho más de Urondo que de los propios entrevistados.

Tito Cossa, amigo de Paco y con quien creó algunas piezas de teatro, fue entrevistado por Urondo en el número 3 de JUAN. Lo curioso es que después de esa nota ambos formaron dupla (las fotos de Fredes los retrata) y salen, con grabador en mano, a conversar, entre otros, con Leopoldo Marechal y Helvio Botana. Consultado, Cossa sólo recordó que «fue una experiencia extraña» y que ellos no trabajaban en la redacción sino que las únicas veces que visitaban el entrepiso de JUAN era para coordinar las notas y después para entregarlas. «Infante no estaba, él único que nos atendía, y que en verdad hacía la revista dentro de la redacción, era ese personaje nefasto que después salió en televisión apoyando a la dictadura en Malvinas. Ah, sí, ése, José Gómez Fuentes»”.

 

NOTAS

* El Instituto Iberoamericano de Berlín dice poseer 20 números de la publicación sin asegurar que la colección de la revista esté completa, siete números más de los que posee la Biblioteca Nacional Mariano Moreno (13). En el Archivo de Historieta y Humor Gráfico de la BNMM, se encuentran los primeros 11 números.

** El primer encuentro de un ejemplar de JUAN fue en el ex departamento-estudio de Carlos Gorriarena en Colegiales donde el pintor vivió entre 1979 y 1981. Allí, junto a dibujos y poemas en joda de amigos (una noche del 11 de abril de 1973 Juan Gelman tipeó sobre una hoja de armado de La Opinión: «Si lo ves a Gorriarerda pues que se vaya a la mierda. Y, por las dudas, a Carlos: que se quede tiempos largos. / Exactamente en la mierda, si lo ves a Gorriarerda») se encontraban, impecables, ejemplares de JUAN, hallazgo que motivó la búsqueda de los datos publicados en esta nota.

Fueron de gran importancia para este informe las conversaciones mantenidas con Juan Gianella, Emiliano Tavernini, Horacio Verbitsky, Tito Cossa, Ricardo Ortiz, José María Gutiérrez, María del Carmen Viola y Osvaldo Aguirre.

 

Lautaro Ortiz

Lautaro Ortiz

Es poeta, periodista, y guionista. Trabajó con los dibujantes Juan Soto, Pablo Túnica, Lucas Nine e Ignacio Minaverry. Es director de Fierro.

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