Contra el golpe, contra Milei, contra el bloque de poder que lo sostiene

La gigantesca movilización contra el golpe militar en todo el país fue una advertencia contra el presidente. Pero también un tiro por elevación contra el arco de poder que lo llevó a lo más alto y todavía lo sostiene. Mensaje y desafío para la dirigencia opositora.

25 de marzo, 2026 | 00.05

Las imágenes dan la vuelta al mundo, como tantas veces. A 50 años del golpe que marcó el inicio de un proceso de exterminio masivo en Argentina, una gigantesca movilización copó las calles de todo el país en repudio a la última dictadura militar. Transversal -con participación de un arco amplio de partidos y sectores políticos-, transgeneracional y también transclasista, la marcha del 24 fue protagonizada por una marea social que hizo bastante más que repudiar una época tenebrosa y criminal

Con un presidente como Javier Milei, con una vice como Victoria Villarruel, con un gobierno de extrema derecha que desprecia y castiga a sus opositores, con una economía que no arranca, cientos de miles de personas salieron de sus casas para llegar hasta las plazas de todo el país. 

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En las inmediaciones de Plaza de Mayo, era imposible caminar. A más de 40 años del regreso de la democracia, el rechazo al golpe de 1976 se confirmó una vez más como una de las convocatorias que más capacidad tienen de interpelar a la sociedad argentina y ponerla en movimiento. El protagonismo popular volvió a expresarse detrás de las consignas de los organismos de derechos humanos, “Memoria, Verdad y Justicia”, pero fue mucho más allá. Como si una vez más hubiera que reconstruir todo desde los cimientos.

Como si fuera un paréntesis en medio de un ciclo prolongado de malas noticias, lo que se vio entre los manifestantes fue un clima mucho más festivo que de pesar. Los que estaban bajo ese cielo enorme y celeste tenían motivos para celebrar: primero reconocerse unos a otros como parte de un nosotros heterogéneo pero opuesto al del poder de turno. Después, ratificar la potencia del reclamo colectivo en las calles. Cuando todos los manuales de los profesionales se prendieron fuego, la política resurge desde las calles y vuelve a abrir un horizonte.  

Claramente opositora, la marcha no esperaba nada de Milei y el grupo de inquilinos de la Casa Rosada. Pero era sin dudas un mensaje contra el presidente. Ese rechazo abrumador de la multitud funciona también -aunque se pretenda ignorarlo- como una advertencia para los actores de poder que respaldan a Milei y ganan con él. 

Desde que aterrizaron en el poder, Milei, su gobierno represor y su jauría desataron mil formas de violencia, incluidas la reivindicación de la dictadura y la banalización del terrorismo de Estado. Sembraron mucho odio. Frente a la negación de los 30 mil desaparecidos, se expandió la consigna “Que digan dónde están” y las caras de los caídos se multiplicaron al infinito. Frente a la juventud mileista, hoy blanco de la desocupación libertaria, el 24 de marzo volvió a mostrar a una nueva generación militante, dispuesta a hacer su propia experiencia en la vereda de enfrente de la extrema derecha. 

Los que salieron a las calles conforman un grupo heterogéneo. Si no se puede concluir que todos piensan lo mismo, tampoco se puede negar que eran mayoría los que marcharon en defensa de otro tipo de democracia. Contra Milei, contra su gobierno, pero también contra el arco de apoyos que lo llevaron a lo más alto y todavía hoy lo sostiene. Nadie piensa que Milei haya llegado solo a la presidencia. Tampoco que las medidas que toma y las leyes que aprueba sean ocurrencias personales: es parte de un pliego de condiciones que fijaron las elites argentinas desde hace por lo menos un cuarto de siglo y que necesitaba un intérprete. Alguien que pudiera ejecutar en democracia un programa de similitudes notables con el que la dictadura vino a imponer a sangre y fuego, con Alfredo Martinez de Hoz como ministro de Economía. Milei es un instrumento, un empleado de ese poder de facto que decidió utilizarlo como vehículo de sus pretensiones.  

Con su brutal racionalidad de poder, el ex panelista y la extrema derecha que lo parió dejaron de lado toda formalidad, redujeron al mínimo la necesidad de consenso para aplicar sus reformas y gobernaron por decreto y con represión. Esa política tiene un impacto impredecible sobre la oposición. En la movilización del 24 de marzo conviven los que creen que hace falta recuperar el denominado consenso alfonsinista con los que toman conciencia del grado de enfrentamiento que plantea Milei y los sectores que lo sostienen. Milei y su grupo demostraron una disposición para el combate que había estado ausente en el macrismo. Así, queriéndolo o no, el presidente y su secta están creando una oposición más dura. 

La dirigencia política opositora tiene motivos para creer en un nuevo estado de situación, que anuncia un desgaste de Milei en un contexto de hartazgo creciente. Pero también tiene un desafío: interpretar cuál es el tono y cuáles son las demandas que la marcha contra el golpe incorporó a la escena política. Salvo excepciones, las multitudes que se movilizaron viven desde hace tiempo en algo muy parecido a la orfandad política. Hace falta algo más que traducir o regular esas demandas. Abrir los ojos ante lo que se mueve. Sintonizar para expresar lo nuevo que puede nacer a partir de un reclamo histórico.