Barrios: la estrategia del Estado para combatir la pandemia

El coronavirus fortaleció la articulación en los barrios entre el Estado nacional, las provincias y municipios, y la red comunitaria. Una recorrida por el Barrio Carlos Gardel, en el conurbano bonaerense, refleja esa dinámica que se repite en otras barriadas.

05 de junio, 2020 | 22.41

El contagio avanza en el Área Metropolitana de Buenos Aires. El coronavirus es una amenaza que, más allá de la curva y los números, apuró y fortaleció la articulación en los barrios entre el Estado nacional, las provincias y municipios, y la red comunitaria.

El Estado llega, pero es la trama organizacional desde abajo en el territorio la que sostiene una situación siempre al límite, de arrastre y estructural, y con un horizonte que va a requerir reformas profundas para revertir las desigualdades que quedaron expuestas con la pandemia.

Una recorrida por el Barrio Carlos Gardel, partido de Morón, en el conurbano de la provincia de Buenos Aires, refleja esa dinámica que se repite en otras barriadas.

“Los problemas que hay son los mismos en todos los barrios populares, hay violencia de género, falta de laburo y alimentos, pero se resuelve con las redes que armamos los vecinos”, cuenta Camila.

“Todos sabemos qué pasa dentro del barrio, a veces vemos que en la televisión cuentan cómo vivimos nosotros, pero ninguno de los que habla viene a ver cómo estamos realmente”, dice Kevin.

Los dos, jóvenes que apenas superan los veinte años de edad, caminan el barrio y describen una realidad que se relata demasiado desde afuera.

Los barrios Carlos Gardel y Presidente Sarmiento, conocidos como Villa Carlos Gardel, están ubicados en las inmediaciones del Hospital Posadas, al bajar la Autopista Acceso Oeste en el sur. Ahí el proceso de urbanización comenzó en 2005.

Esta porción de tierra pertenecía, hace muchos años, a la familia Martínez de Hoz. Es uno de esos tantos territorios que amontonó familias en varias capas de expulsados por las crisis económicas.

Camila destaca que “es un barrio con mucha solidaridad, surgieron ollas en los monoblock, todos se cuidan mucho”, y Kevin agrega que “los vecinos limpian sus lugares de descanso, todos aportan porque saben que la cosa está complicada, se cargan el barrio al hombro”.

Por las calles y pasillos del barrio van tres hombres con mameluco blanco y una mochila con pulverizador manual. Agua y cloro en puertas, veredas, rejas, escaleras y espacios comunes. “Queda olor a pileta pero ni cerca de ver una”, dice uno de los vecinos.

Son tareas de higienización y sanitización que realizan integrantes de la Unidad de Gestión Comunitaria que el municipio de Morón tiene en el barrio, en un trabajo de asistencia preventiva en materia de salud articulado con el ministerio de Seguridad de la Nación, que además montó un nuevo operativo de vacunación contra la gripe.

“La situación está complicada, pero hay que pasarla, no queda otra”, dice una de las enfermeras.

“La gente agradece mucho cuando le damos la vacuna porque de otra manera por ahí no acceden. Así evitamos que vayan a los hospitales por una gripe común y corran riesgo de contagiarse”, agrega otra mientras vacunan a quienes se acercan a la Unidad de Prevención Barrial que la Gendarmería tiene en la entrada del barrio.

Este jueves realizaron un trabajo similar en Villa Azul y el lunes lo harán en Villa Itatí, en Quilmes. También realizaron un relevamiento socio-sanitario en Villa La Cava, en San Isidro, junto a organizaciones sociales, comunitarias y religiosas para mapear grupos de riesgo y zonas de conflictividad. Y en las villas porteñas 1-11-14 y la 21-24.

Este tipo de despliegues coordinados se realizan de forma periódica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires, y forman parte del plan ministerial “Estrategias de participación y Abordaje multiagencial”, en el marco del programa Barrios Seguros.

El Barrio Carlos Gardel es uno de los que está incluído en ese programa, que consiste en el despliegue de fuerzas federales en las Unidades de Prevención Barrial. “Tienen una formación específica para gestionar las conflictividades sociales, es una policía de proximidad, de cercanía con las organizaciones sociales y la comunidad”, explica el director del plan, Mauro Vivas.

“Venimos de un enfoque punitivista y de hostigamiento, sobretodo a las capas juveniles, pero tenemos la misión de articular un abordaje integral con la comunidad y las organizaciones”, dice Vivas en diálogo con El Destape.

Propone aportar desde otro lugar y poner a las fuerzas federales en un rol comunitario, de mayor acercamiento. “Hoy lo que pasa en los barrios está mayormente sostenido por las organizaciones sociales, sostienen desde abajo con comedores, merenderos, ollas populares. Entonces nuestras intervenciones son socio-sanitarias, de acompañamiento, de relevamiento, de conflicto y de violencia de género y familiar que también recrudecieron”, dice el director de Participación Ciudadana y Abordaje Multiagencial del ministerio de Seguridad nacional.

Muestra otro aspecto de la relación entre las fuerzas y la sociedad, que quedó en el centro del repudio político y social luego de una serie de casos de violencia institucional, con hechos graves cometidos por las policías provinciales de Tucumán, Chaco y San Luis. La ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, aseguró que cada vez que las Fuerzas Federales cometieron un delito, apartaron a los responsables.

En los barrios, la relación con Gendarmería tiene conflictos y contradicciones. “Depende el sector del barrio. Los más pibes por ahí no quieren, están jugando al fútbol y cuando pasan los gendarmes los chiquitos salen corriendo. Pero es cierto que muchos sienten que están más cuidados y hay comunicación con los referentes de los barrios”, cuenta Camila para marcar esa relación entre barrio y las fuerzas federales.

Es por eso que la estrategia para la implementación de campañas y actividades oficiales son coordinadas en encuentros con las organizaciones sociales, los referentes barriales, los curas y pastores de las iglesias, con la red de vecinas y vecinas que habitan cada barrio.

Las proyecciones de la pospandemia indican que la crisis económica y social será peor que la de principios de siglo, aunque esta vez con la existencia de una red comunitaria y de asistencia del Estado que evitaron, y por ahora evitan, una conflictividad que desborde la capacidad de contención.

Atento a este escenario, el presidente Alberto Fernández ratificó que los esfuerzos del gobierno nacional se centrarán en los barrios más pobres para contrarrestar los efectos de la pandemia. “Somos un habitante más de Villa Azul, del Barrio Padre Mugica, de la 11-14 y de cada barrio popular de la argentina, porque allí es donde hay una necesidad y un derecho que reponer”.

“La pandemia agravó la situación que ya existía pero no se evidencia una conflictividad. Hay mucha conciencia de la situación que se atraviesa, se reforzaron los lazos solidarios en el barrio. Los comedores aumentaron su capacidad con la asistencia alimentaria del Estado y surgieron experiencias de ollas que ayudan a mitigar”, cuenta Mariano Spina, secretario de Desarrollo Territorial y Relaciones con la Comunidad del municipio de Morón.

El barrio, por ahora, no fue golpeado por la pandemia. La cuarentena se respeta, hay conciencia del riesgo que corren si se propaga el virus en esas condiciones. Hoy viven unas 13 mil personas en casas y monoblocks.

“Acá por ahora tuvimos dos casos. Uno dado de alta que ya volvió al barrio, y otro que está aislado con su familia en un hotel, en cuartos separados”, dice Natalia Lazarte, directora de la Unidad de Gestión Comunitaria (UGC) N° 12.

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