14 de mayo, 2020 | 19.46

El aumento de casos de coronavirus en Capital tensa el vínculo entre Kicillof y Larreta

Si bien ambos equipos eligen destacar el trabajo conjunto, preocupa el aumento de circulación y potencial propagación del virus.

El aumento pronunciado de casos positivos por coronavirus en las villas porteñas, que por estos días se consolidaron como el epicentro de la pandemia en el país, y el esfuerzo del gobierno bonaerense por contener su expansión en los más de mil ochocientos barrios vulnerables del conurbano, le agregan tensión a un vínculo complejo entre los gobernadores Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta. 

Opuestos en muchos aspectos, y obligados a cooperar para lidiar con la pandemia en el área metropolitana, ese uno por ciento del territorio nacional donde vive uno de cada tres argentinos, dejaron atrás las diferencias durante los primeros dos meses de gestión de crisis. Por ahora, ambos equipos prefieren destacar el trabajo conjunto, aunque las dificultades dejan en evidencia que existe un cortocircuito.

En La Plata no entienden por qué la Ciudad decidió arriesgar con la flexibilización de la actividad comercial en un momento complicado, cuando los números parecen haberse salido de control. Con las cifras de esta mañana, CABA duplica casos en menos de diez días y ese indicador viene bajando de manera consistente desde principios de mes. Si la Ciudad explota, estiman que es imposible que el conurbano no se prenda fuego también.

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“Hay un incendio, estamos intentando apagarlo y hay uno que lo está abanicando”, se lamentan en el gobierno bonaerense, donde advierten que cada medida que relaja las restricciones repercute en la circulación en el conurbano. “Es imposible” hacer control epidemiológico de semejante caudal de gente, advierten. Los mayores temores pasan por el transporte público y el riesgo de “importar” casos a barrios donde no llegó el virus.

En términos epidemiológicos, explicaron, “lo peor que puede pasar es abrir el comercio”. Cuando se abre una industria, se puede controlar a los empleados. “Sabés donde viven, los podés pasar a buscar con un auto, los llevás a la fábrica y tenés un protocolo para cuidarlos”. En cambio, “si abrís un local y pasan 300 personas todos los días, no sabés quiénes son, de dónde vienen y si alguno se contagia no podés hacer un control de casos”.

En la ciudad minimizan el riesgo que tomaron al liberar los comercios. Aseguran que cada día transita no más de medio millón de personas entre los dos distritos, la octava parte de los cuatro millones que viajaban todos los días antes de la pandemia. En La Plata desmienten esa cifra y arriesgan que podría llegar a ser el triple: un millón y medio de bonaerenses cruzan a capital todos los días, desde que se relajaron las restricciones.

El diálogo entre ambos gobiernos es permanente y fluido. Los encargados de mantener la comunicación cotidiana son los jefes de Gabinete, Carlos Bianco y Felipe Miguel, el vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli y el secretario general de la gobernación, Federico Thea. Kicillof y Rodríguez Larreta hablan directamente, cuando es necesario. También coinciden en charlas de tres con el presidente Alberto Fernández.

A la hora de llevar a la práctica esas decisiones políticas, la colaboración se vuelve más pantanosa y abundan los reproches cruzados. “El escenario expansivo que está planteando la CABA es peligroso para todos”, asegura un funcionario bonarense, que lamenta que se ponga en riesgo el trabajo hecho hasta el momento. “Si seguís teniendo el flujo de personas abiertas de un lugar a otro y los casos siguen estando, no se va a solucionar”, señala.

No está en los planes de Kicillof tomar medidas unilaterales para restringir la circulación entre la capital y la provincia, algo que --señalan-- sí hizo la ciudad cuando comenzó el aislamiento, cerrando la mayoría de los accesos. El gobernador considera, sí, que CABA debería retroceder al protocolo de la Fase 2 de cuarentena y recortar la actividad a menos de un 25 por ciento, porque no alcanza la barrera de 15 días para duplicar contagios.

El tema también está en la agenda de los intendentes del conurbano, que hacen el mismo diagnóstico de la apertura porteña. Una docena de ellos estuvo esta mañana con Kicillof. Le pidieron que interceda para que Rodríguez Larreta vuelva a enfriar la actividad. Por la tarde, durante una recorrida que compartieron en Almirante Brown y Quilmes, el gobernador bonaerense le comentó esas inquietudes a Alberto Fernández.

En la Casa Rosada están “siguiendo con atención la evolución” del foco en la ciudad de Buenos Aires y dicen que “todas las herramientas están sobre la mesa” si la situación escala. El propio ministro de Salud, Ginés González García, dijo que "si dentro de unos días no está funcionando la apertura de actividades vamos a apretar el freno". Se tratará, dicen en el gobierno nacional, de una decisión consensuada con Kicillof y Rodríguez Larreta. 

Desde el gobierno porteño, en tanto, aseguraron que “es prematuro” hacer un análisis de la flexibilización tras sólo dos días de apertura. “Resulta raro que la provincia pida dar marcha atrás por una medida que se tomó en conjunto en la misma mesa”, sostuvieron. Sin embargo, aseguraron que “es legítimo el temor, es una situación inesperada, desconocida y nadie sabe cómo va a terminar”.

En ese sentido, fuentes de la administración porteña advirtieron a El Destape: “Si hubiera un dato sanitario que pusiera en duda que la gente que viene acá se infecta y lleva el virus a la Provincia, se da marcha atrás”. Hoy, el vicejefe de gobierno, Diego Santilli, reconoció que “los últimos tres días no han sido buenos” y el ministro de Salud, Fernán Quirós, habló de la posibilidad de “desandar” las medidas.

De todas formas, es difícil que una decisión así se precipite: el jefe de gobierno, por ahora,  plantea que es necesario darle por lo menos una semana a esta modalidad antes de evaluar los resultados. Dentro de su gabinete, hay una interna potente entre los que adhieren a la política nacional de priorizar la estrategia sanitaria y un grupo minoritario pero poderoso que hace lobby para desregular la actividad.

Si el propio Rodríguez Larreta o el presidente Fernández no precipitan una decisión en otro sentido, está previsto revisar el aislamiento recién el 24 de mayo. Para ese día, según la progresión de los últimos diez, la ciudad de Buenos Aires podría estar reportando más de 500 positivos diarios. No sería, aún, el pico: según anticipó esta tarde Quirón, “en el peor momento vamos a tener cerca de 800 a 1000 casos por día”.

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