“Otro Nisman”: la noticia deseada de El Club del Odio

04 de julio, 2020 | 19.00

Una porción de los argentinos odia a Cristina Fernández. El sentimiento -visceral, ciego- es alimentado y explotado por dirigentes, medios y comunicadores opositores que lucran con la violencia simbólica y verbal. No les va mal. El discurso del odio lidera el rating entre los noticieros y mantiene cohesionada a la oposición, que imagina su retorno a la Casa Rosada bajo el influjo del mantra que alfombró el camino en 2015: Nisman-Venezuela-Corrupción-Impunidad.

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La estrategia se despliega sin disimulos. “No necesitamos otro Nisman” dispararon dirigentes opositores apenas se conoció la desaparición de Fabián Gutiérrez, ex secretario privado de CFK. Las granjas de trolls que aún responden al dispositivo adjudicado al ex jefe de Gabinete Marcos Peña convirtieron la consigna -verbalizada por incontinentes como Laura Alonso y el “lilito” Toty Flores- en trending topic. Una repetición de la técnica de intención paradójica -o psicología inversa- que el macrismo explotó con éxito durante la campaña que lo depositó en el poder. 

En psicoterapia, la psicología inversa se usa para lograr que el paciente haga o desee que ocurra aquello que teme. El terapeuta activa el mecanismo mediante una provocación. “No necesitamos otro Nisman” pretende actuar de ese modo, pero sobre las audiencias, que por el confinamiento están más expuestas que nunca a la prensa del sistema, que monopoliza los espacios en radio y tevé.

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Ocupado en capear la pandemia, el Gobierno postergó la desarticulación del andamiaje mediático, económico, político y judicial que acunó la trágica experiencia macrista con operaciones y mentiras. Una decisión razonable pero riesgosa, como se pudo verificar en estos cien días de lucha contra el Covid: el Club del Odio militó contra la cuarentena, e incluso estimuló los contagios propiciando manifestaciones callejeras contra adversarios imaginarios, como el “comunismo albertista” o la “infectadura”. 

El Club del Odio prepara otro festival de contagios para el próximo 9 de Julio. La convocatoria llama a “resistir” nuevas acechanzas inventadas como la “persecución y prisión de periodistas” y "la ola de atentados al campo”, según la síntesis que eligió la prensa del sistema para titular episodios marginales de rotura de silobolsas. 

Ya se sabe: en la posverdad importa más la percepción de los hechos que los hechos en sí. 

Sobre esa percepción trabaja Juntos por el Cambio. El sábado al mediodía, sobre el cadáver recién hallado de Gutierrez, la coalición opositora calificó el hecho como “Un crimen de extrema gravedad institucional”. Y a pesar de que las evidencias sugieren un homicidio común, pidió el pase a la justicia federal, donde se tratan los crímenes de Estado. Así de simple, irresponsable y brutal.

El oficialismo, en cambio, tiró manotazos defensivos al aire, sin destino ni coordinación. No es la primera vez. Por impericia o desprecio, la comunicación oficial fertiliza el campo donde siembra la oposición: la vacuidad de los medios públicos y la omnipresencia del presidente como vocero de su propia gestión robustecen la supremacía del dispositivo mediático que moldea el sentido común. Así las cosas, a los dueños del poder y del dinero les costó poco y nada "venezuelizar" la discusión sobre la utilidad pública de Vicentin, o entorpecer el indispensable flujo de alimentos en tiempos de pandemia, estableciendo como un hecho de "corrupción" la compra de fideos y legumbres a precios abusivos dispuestos por proveedores cartelizados que operan desde hace décadas al amparo de la burocracia estatal. 

Sostener el oligopolio comunicacional preexistente con insumos privilegiados -como las primicias de gestión-, y conceder la construcción de sentido a los mismos actores que perpetraron el desastre macrista, es más que un riesgo: constituye el huevo de la serpiente de la antipolítca, condición necesaria para que las elites se ilusionen con recuperar la suma del poder que perdieron cuando Macri cayó frente a la audaz y exitosa movida electoral de Cristina Fernández. Fue la piedra en el zapato que impidió completar el ciclo de saqueo y restauración conservadora diseñado para la Argentina y la región. Una impertinencia que la oposición, y sus sponsors, se proponen combatir de la peor manera: en modo Nerón.

 

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Adrián Murano

Nació en el barrio porteño de Villa Urquiza, en 1973. Egresado de la escuela de periodismo Taller Escuela Agencia (TEA), lleva 30 años desarrollando el oficio de periodista en radio, gráfica y tevé.
En radio trabajó en las radios América, La Red y Del Plata, entre otras emisoras, donde cumplió tareas como productor, columnista y animador. En la actualidad conduce El Arranque, en la primera mañana de Somos Radio, de Buenos Aires.

En televisión fue columnista político en las señales de noticias A24 y CN23, participó de ciclos periodísticos en la Televisión Pública, y condujo el programa de entrevistas Tenemos Que Hablar (#TQH).
Escribió sobre actualidad política y económica en Noticias, Veintitrés, Poder y Perfil, entre otros, donde cumplió tareas como cronista, redactor y editor.

En la última década ejerció la secretaría de Redacción en el diario cooperativo Tiempo Argentino. En la actualidad se desempeña como Jefe de Redacción del El Destape.

Publicó los libros de investigación periodística Banqueros, los dueños del poder (Editorial Norma) y El Agitador, Alfredo de Angeli y la historia secreta de la rebelión chacarera (Editorial Planeta).