Espiar para gobernar

22 de junio, 2020 | 12.10

En las democracias modernas el gobierno es el representante del pueblo. Gobierna en nombre de él y para ello necesitó, mediante un acto electoral, que una notable parte de este le expresara su apoyo y su confianza. El macrismo logró que ese respaldo alcanzara en un ballotage nada menos que al 51% de los votantes. Un espaldarazo nada despreciable, un pacto implícito con esa mitad de la sociedad para llevar adelante un gobierno.

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Casi 5 años después ya sabemos que ese pacto se fue diluyendo lentamente de la mano de un gobierno que fracasó y que no logró dejar grabado en la sociedad ningún logro relevante: se incrementó la pobreza de manera notable, creció la deuda externa junto con la inflación y el desempleo. Los mismos macrista siguen recurriendo a metáforas incomprensibles para intentar demostrar que su gobierno no hizo, lo que hizo con la economía. Pero antes de que sucediera todo esto, Mauricio Macri y quienes lo acompañaban tenían frente a sí una oportunidad histórica con un partido joven que alcanzaba la presidencia de la Nación derrotando al peronismo.

Buena parte de la sociedad le daba la oportunidad de llevar adelante una política que cargada de promesas electorales, se anunciaba como superadora de la etapa anterior. Sin embargo, además de fracasar como proyecto político en el gobierno nacional, el macrismo emprendió con otras tareas. Cada gobierno se encarna en alguna tradición política. El alfonsinismo de los 80 encaraba la tradición radical pero no cabe dudas que le dio una nueva cara, modernizando el discurso, incorporando nuevas demandas, convocando a la juventud. El menemismo prefirió separase del legado peronista y abrevó en las aguas del ascendente neoliberalismo.

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La Alianza probablemente ni siquiera llegó a descifrarnos si tenía alguna construcción más allá de repetir lo que heredó. Las presidencias kirchneristas fueron definiendo la búsqueda de recuperar el programa que se inscribe en la línea de los proyectos nacional popular y que históricamente representó el peronismo. La llegada del macrismo, cuando comenzó a gobernar y ya no eran necesarias las suposiciones porque toda sus medidas fueron en esa línea, pareció sin embargo, que era algo más que repetir el recetario neoliberal.

Liberar la compra de dólares y cancelar la deuda a favor de los fondos buitres fueron sus primeras medidas se convirtieron en la vara de lo  que vendría después. A ello hay que agregar su pretendida refundación de la nación, luego de 70 años de un orden revertido, donde se habrían perdido las jerarquías sociales. Es decir, el macrismo no era simplemente la reposición total el programa neoliberal, sino que buscaba encara otras pretensiones, mucho más ambiciosas por cierto, sementada en la idea de que la sociedad toda debía ser reordenada; algo se había descompuesto en las últimas décadas y debía reordenarse.

En esa dinámica el macrismo expresaba esa desconfianza hacia la sociedad en general. Cuando hace pocas semanas supimos de dos procesos de escuchas ilegales llevadas adelante por la Agencia Federal de Investigaciones durante el gobierno de Mauricio Macri, por una parte no sentimos sorpresa dada la trayectoria en estas prácticas que acompaña al macrismo. Pero a la vez ese descubrimiento deja entrever algo que es mucho más grave que un juego de espías. Ese desprecio hacia la sociedad que el macrismo manifestó en varias ocasiones (recordemos cuando refería que la crisis energética era culpa de la gente que usaba mucho el aire acondicionado) implicaba desde luego una profunda desconfianza, incluso temor.

La democracia moderna se sostiene en el gobierno de lo público: los actos de gobierno no son jamás actos de privados sino de cara a la sociedad. Solo bajo algunas pocas excepciones que establece la ley, algunos actos pueden quedar en la esfera de lo secreto. Y en verdad esa esfera es muy reducida; la consolidación de la democracia desde 1983 ha sido una batalla por favorecer la publicidad de los actos de gobierno y brindar a la ciudadanía herramientas para que sus datos personales sean protegidos por la ley, como lo hizo la reforma constitucional de 1994 incorporando el habeas data como un derecho.

Como sociedad avanzamos en un sentido claro. Por eso lo grave de que el macrismo haya desplegado la escucha ilegal casi como una marca de su gobierno. Y, de comprobarse todo lo que está saliendo a la luz, nos muestra que el macrismo vino también a fundar una nueva tradición política en democracia violando sistemática mente el derecho a la privacidad de los actos y convirtiéndose así en un gobierno de actos ocultos.

No es una acción más; la propensión de los gobierno de derecha a incrementar la deuda externa es una carga que la sociedad argentina carga desde hace mucho tiempo; pero el refugio de la libertades civiles, era una dimensión que creíamos razonablemente consolidada; para el macrismo no fue así. Porque sometió la lógica de la escucha al modo en que deseó ejercer el gobierno. A tal punto que esa práctica antidemocrática la ejerció no solo con la oposición, predecible en un gobierno que piensa de ese modo el orden democrático, sino con periodistas cercanos a sus intereses e ideología e, incluso, contra funcionarios de su propia administración ¿Qué tipo de gobierno resulta de esas acciones? ¿Qué le sucede a la misma democracia sometida al espionaje, la desconfianza y, solapadamente, a la amenaza permanente?

Algunos periodistas que difundieron (de manera ilegal) escuchas ordenadas por jueces durante el macrismo para amedrentar opositores, se enteran ahora que ellos mismos fueron espiados por el gobierno al que creían servir. ¿Qué rol le asigna al periodismo esos intercambios? La causa radicada en los juzgados federales de Lomas de Zamora, refiere a la intervención de organizaciones delictivas en las escuchas, ingreso de estos a la Casa Rosada, etc. ¿Cuánto se pueden sostener las relaciones al interior del sistema político, sabiendo que una de las partes llevó adelante estas prácticas?

Los pisos de confianza son claves porque dan a entender a los actores involucrados cuáles son las acciones que todos los intervinientes han aceptado respetar. ¿Qué sucede cuando la ruptura implica nada menos que espionaje? ¿Significó esto “simplemente” el traslado de prácticas que serían usuales en el mundo empresarial?

El macrismo no fue solo una gestión signada por el fracaso. Fue el intento de romper un pacto básico de la vida democrática: erosionar el gobierno de lo público. Ellos que estimula los lazos sociales y políticos, lo intentó destruir. Esa fue la tradición, peligrosa, que intentó fundar: espiar para gobernar. 

 

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