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En vísperas del Día del Trabajador se concretará un Paro General y una Movilización a Plaza de Mayo que ha generado amplias adhesiones sindicales, de organizaciones sociales e incluso de diversas representaciones de Pequeñas y Medianas Empresas. Se descuenta que también participaran trabajadoras y trabajadores de otros gremios, cuyos dirigentes no adhirieron. Todo hace pensar en un recrudecimiento de la confrontación con el Gobierno, que evoca otras luchas obreras que fueron decisivas en la historia del país.

La realidad supera toda imaginación

Los fundamentos que llevaron, hace sólo dos semanas, a la convocatoria del Paro General del 30 de abril aludían a que el actual gobierno no escucha a los trabajadores, hace del diálogo un monólogo y avanza con esta política que ha llevado a la Argentina al borde de la quiebra (…) Reiteramos, como hicimos al adherir al paro del 25 de septiembre de 2018 (…) Desde que asumió el presidente Mauricio Macri, y su equipo de gobierno, no dejaron lugar a dudas respecto del plan que iban a implementar. La claudicación ante los fondos Buitre (…) Todo un combo de desregulación cambiaria, financiera y comercial que dejó al país sin Soberanía y a expensas de la voracidad del capital financiero internacional más especulativo.

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La apremiada respuesta del Gobierno, inconsulta y sin buscar consenso alguno, consistió en improvisadas medidas que decían traerían un “alivio” a la población. Pero que no han podido siquiera implementarse en la fecha anunciada, ni los “caballeros” se mostraron como tales a la hora de honrar los supuestos pactos que garantizarían su eficacia.

La ostensible insustentabilidad del plan, la carencia de mecanismos de control en su implementación, los incrementos en precios y tarifas que ya se habían producido, sumado a la confirmación del rumbo elegido por Macri aún a sabiendas de la escasa capacidad de maniobra frente a una crisis autogenerada, generó un escepticismo en la sociedad que se demostró justificado en tiempo récord.

Transcurridos pocos días, los “Mercados” se manifestaron en el mismo sentido, restando todo respaldo al equipo de gobierno en su desesperada estrategia electoralista, con una nueva corrida cambiaria y el consecuente impulso del “riesgo país” que superó los 1000 puntos, acompañado por la caída en Wall Street de las acciones y de los títulos de la deuda argentinas.

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Los efectos inflacionarios que aparejarán esas variables junto a las tasas de interés que el Banco Central llevó al 70% anual, transformarán en nuevos pesares los lábiles alivios augurados y en un mayor desabastecimiento de los productos básicos de la economía familiar.

Cualquier parecido… ¿mera coincidencia?

Las estrategias de los sectores concentrados de la Economía, no sólo imponen recordar las alternativas que precedieron a los golpes de Mercado que pusieron en jaque la gobernabilidad del país y condicionaron salidas superadoras de situaciones críticas, sino la reacción del Movimiento Obrero y las actitudes –tanto de resistencia como de complacencia- que asumió la dirigencia sindical.

Muchos son los ejemplos que registra la Argentina en la segunda mitad del siglo XX, pero algunos se constituyeron en hitos relevantes de la lucha gremial. Resulta interesante, por lo tanto, analizar ciertas semejanzas que dan cuenta de una línea reivindicativa persistente en los planteos sindicales.

En 1957 la Declaración de La Falda: elaboración de gran plan político-económico-social de la realidad argentina, que reconozca la presencia del movimiento obrero como fuerza fundamental nacional; denuncia de todos los pactos lesivos de nuestra independencia económica; planificación de la comercialización teniendo presente nuestro desarrollo interno; control centralizado del crédito por parte del Estado, adecuándolo a un plan de desarrollo integral de la economía; política de alto consumo interno, altos salarios, mayor producción para el país con sentido nacional; fortalecimiento del estado nacional popular, tendiente a lograr la destrucción de los sectores oligárquicos antinacionales y sus aliados extranjeros.

En 1962 la Declaración de Huerta Grande: prohibir toda importación competitiva con nuestra producción nacional; abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente a las sociedades comerciales; planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades; desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo.

En 1968 la Declaración del 1° de Mayo de la CGT de los Argentinos: durante años solamente nos han exigido sacrificios. Nos aconsejaron que fuésemos austeros: lo hemos sido hasta el hambre. Nos exigen que racionalicemos: así vamos perdiendo conquistas que obtuvieron nuestros abuelos. Un millón de personas se apiñan alrededor de Buenos Aires en condiciones infrahumanas, sometidas a un tratamiento de ghetto y a las razzias nocturnas que nunca afectan las zonas residenciales donde algunos “correctos” funcionarios ultiman la venta del país y donde jueces “impecables” exigen coimas de millones de pesos. Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar en el punto donde otros las dejaron, viejas banderas de la lucha. El aplastamiento de la clase obrera va acompañado de la liquidación de la industria nacional, la entrega de todos los recursos, la sumisión a los organismos financieros internacionales. Este poder de los monopolios que con una mano aniquila a la empresa privada nacional, con la otra amenaza a las empresas del Estado donde la racionalización no es más que el prólogo de la entrega, y anuda los últimos lazos de la dependencia financiera. Es el Fondo Monetario Internacional el que fija el presupuesto del país y decide si nuestra moneda se cotiza o no en los mercados internacionales.

En 1985 los 26 Puntos de la CGT (conducida por Saúl Ubaldini): establecer una moratoria para el pago de los servicios de la pretendida deuda externa, en razón de la necesidad vital de aplicar los recursos nacionales a la inmediata reactivación de la economía nacional; no contraer nuevas obligaciones para pagar servicios ni admitir el crecimiento usurario de la pretendida deuda externa por recargo de intereses bancarios; colocar el sistema financiero al servicio del país mediante un Banco Central que actúe como orientador del crédito, privilegiando las actividades productivas, movilizar el alto margen de capacidad ociosa mediante medidas de inmediato apoyo fiscal y crediticio, directamente condicionadas a planes efectivos de mayor producción y de preservación y aumento de los niveles de ocupación, con control de su efectivo cumplimiento; impulsar un proceso de sustitución de importaciones congruente con el esfuerzo de reactivación del aparato productivo nacional, generando el adecuado ahorro de divisas que impone la actual situación; garantizar en la práctica los derechos del trabajador establecidos por la Constitución Nacional, así como el funcionamiento de las convenciones colectivas de trabajo, amparadas expresamente en el texto constitucional; elevar el salario de los trabajadores y jubilados para asegurar una retribución justa que contribuya como mecanismo de reactivación a través del consumo interno; reclamar el urgente aumento del presupuesto educativo para remediar la deserción escolar, el aumento del analfabetismo, la falta de escuelas, el funcionamiento inapropiado de las necesidades reales de los comedores escolares; revalorizar la función de los trabajadores de la educación; luchar para que no se exceda la autoridad económica, por ningún concepto, de la jurisdicción constitucional, especialmente en sus negociaciones con el exterior;

En 1994 el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), agrupamiento de numerosas e importantes organizaciones sindicales constituido en ese año, que se diferenciaba dentro de la CGT de las posturas pasivas -e incluso complacientes- asumidas por su conducción (cuya Secretaría General ocupaba Rodolfo Daher, hermano de Héctor); se inscribía en las concepciones y reivindicaciones de aquellos históricos pronunciamientos gremiales, impulsando diversas medidas de protesta (paros generales, movilizaciones, propuestas legislativas), en muchos casos en conjunto con la CTA (por entonces unificada). Formulando concretos planteos de: rechazo a la reforma laboral precarizadora y a la descentralización de la negociación colectiva con prevalencia del convenio de empresa para favorecer una mayor flexibilización de las condiciones de trabajo; reclamando la reformulación del rol del Estado y su necesaria intervención en la Economía, con capacidad para generar empleo y mediar en las relaciones entre Capital y Trabajo; propiciando una acción estatal con políticas redistributivas del ingreso favorables a los trabajadores; manifestándose en contra del modelo económico como expresión de políticas “neoliberales”, de las injerencias del FMI y del endeudamiento externo.

Quien quiera oír que oiga

Más allá de las circunstancias históricas particulares que dieron marco a los posicionamientos y reclamos sindicales anteriormente referidos, todos ellos exhiben un coincidente reproche a las políticas antipopulares –liberales y neoliberales- y, en particular, demuestran la incidencia determinante que, en su época, adquirieron los planteos y acciones del Movimiento Obrero animado en ese común ideario.

En la convocatoria al Paro General, la Declaración emitida en el Plenario de Regionales de la CGT del 11 de abril de 2019, señala: la emisión de Letras a intereses astronómicos, que promovió una gigantesca bicicleta financiera y destruyó el crédito a la producción nacional, constituyeron apenas las primeras medidas de un plan económico y social impuesto por las clases dominantes; blanquearon decenas de millones de dólares provenientes del lavado de dinero de empresarios delincuentes, entre los que figuran muchos de los ministros de gobierno y familiares del presidente; con la Ley Tributaria regresiva favorecieron a los más ricos; con la Ley Previsional hundieron en la pobreza a los jubilados y pensionados; destruyeron las economías regionales, fundieron más de 10 mil Pymes y hundieron en la miseria a decenas de miles de productores de la economía popular; desvirtuaron las negociaciones paritarias, eliminado la Paritaria Nacional Docente y forzando a los trabajadores de muchos gremios a negociar salarios a la baja antes que perder el empleo.

Ante una nueva emergencia nacional que compromete seriamente el futuro de la Patria, esa reseña retrospectiva pone en evidencia la existencia de una línea de pensamiento y de confrontación permanente, que se expresa en un amplio espectro del campo gremial y hoy se corporiza en la continuidad de un Plan de Lucha del que forma parte la medida de fuerza dispuesta para el 30 de abril.

En reclamo por el cambio de la política económica para la protección de la industria nacional, Pymes y economías regionales; la recuperación del mercado interno; el repudio al acuerdo con el FMI; la defensa de la producción y mano de obra Nacional; el rechazo de la reforma laboral y previsional -cuya derogación se propicia-; el otorgamiento de aumentos de emergencia de salarios, jubilaciones y pensiones; que constituyen demandas concretas de las organizaciones convocantes.

“Quien quiera oír que oiga, quien quiera seguir que siga, mi empresa es alta y clara mi divisa, mi causa es la causa del pueblo, y mi bandera la bandera de la Patria” (Juan Domingo Perón)

Consigna que, legítimamente, pueden hacer suya los dirigentes que han convocado, adherido y activado el Paro General.

La sordera, en cambio, será lo que distinga a otros sin voluntad de lucha e incapaces de asumir los compromisos que la hora demanda.