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“Lavadero” se lee en un cartel, cuando se enfila con el auto hacia el ingreso principal de la fábrica Eitar. El letrero está atado a las rejas del portal de entrada. Un operario manguerea una camioneta en el playón interno. Detrás suyo, las persianas de uno de los sectores de la planta está a medio bajar. No hay ninguna máquina funcionando. Pero todo está dispuesto como si el inicio de la producción estuviera próximo a iniciarse. Es solo una apariencia. Hace más de tres meses que en esta firma que produce componentes para línea blanca está todo parado.

“Eitar produce válvulas para artefactos a gas. Todo lo que es para cocinas, termotanques, estufas. Durante 60 años ocupó casi el 90% del mercado argentino. Obviamente, el mercado se cayó muchísimo y la importación, que liberó el gobierno en 2016, nos complicó aún más. Este panorama sumado al mal manejo de los dueños, nos llevó a esta situación”, explica Marcelo López, delegado de la fábrica que está tomada por sus trabajadores.  

La empresa de accesorios para artefactos a gas sobrevivió al Rodrigazo, a la última dictadura militar, a la hiperinflación y al “crack” del 2001. Pero no pudo resistir las políticas del macrismo. La brutal caída del consumo interno y la apertura indiscriminada de las importaciones, junto a los tarifazos, la “hirieron de muerte”. En mayo pasado, después de 60 años, la empresa cerró sus puertas y dejó a 240 trabajadores en la calle, sin pagarles la indemnización. 

“Tenemos que saber cómo desempeñarnos día a día porque la moneda no la llevamos a casa. Hacemos ferias, otros compañeros levantaron un lavadero acá en la fábrica. Yo me arme una parrilla. A veces no vendemos nada. O apenas un chorizo”, cuenta Osvaldo Arrua, que dejó 29 años de su vida en Eitar. 

Juan Pohl se desempeñó en la empresa casi tanto tiempo como Osvaldo: 26 años. “Mi vida hoy es triste. Tengo 62 años, no se si me voy a poder jubilar y mis posibilidades de trabajo ya no son las mismas”, dice, en tono pausado, buscando las palabras justas que traduzcan su sentimiento. 

Una angustia similar atraviesa a Silvina Acevedo. “Con 50 años, ¿dónde me van a dar trabajo si no hay? No tengo con qué sostenerme. Me vienen $2.000 de luz, $600 de agua y a eso se suma el alquiler. Mi hija me mira y me dice: ‘Se me terminó la sube’”, relata, no pudiendo contener las lágrimas. 

El abandono y la toma

A pesar de la dura realidad, los operarios y operarias no bajaron los brazos: tomaron la planta que está totalmente equipada, a la espera de ver si pueden transformarse en una cooperativa o que la reactivación que se espera en un próximo gobierno lleve a un empresario a invertir en esta industria nacional que supo ser líder de su sector no mucho tiempo atrás. Sin ir más lejos, en 2014 empleaba a más de 500 personas y cubría gran parte del mercado local. Era proveedora de marcas como Longvie, Orbis, Domecq y Eskabe, entre otras.

Los trabajadores ocupan la fábrica en turnos, para que siempre haya gente aún entrada la noche y así evitar un desmantelamiento.

Es que la semana del 20 de mayo, cuando comenzó este abandono, los dueños de la empresa, Raúl Gazoto y Mario Borto, fueron a la fábrica por la noche y se llevaron computadoras con información financiera, administrativa y de producción. Fueron vistos por vecinos, quienes alertaron a los trabajadores.

“Siempre pensamos que cada mañana nos íbamos a levantar y nos íbamos a ir a trabajar. Pero un día nos encontramos con que se llevaron todo -relata Beatriz González entre lágrimas-. Se llevaron nuestra dignidad”. “Nos decían que saquemos rápido los pedidos, nos pedían producir y producir. Dejábamos nuestra vida acá. Y los dueños se borraron. Nos dejaron en la nada”, continúa Beatriz.

Desde mayo, los trabajadores no cobran el sueldo. “Venían percibiendo un 30% o 40% de sus haberes hasta mayo. Después, los dueños intentaron hacer un vaciamiento, abandonaron la empresa y pidieron la quiebra”, explica a El Destape, Ezequiel Aguer, abogado apoderado de la UOM, de la seccional Quilmes. Aguer no pierde el optimismo. 

El caso Eitar está judicializado: tramita en el Juzgado Civil y Comercial N°14 de Lomas de Zamora, a cargo de Osvaldo Lezcano. “La empresa está en concurso preventivo”, afirma el letrado del sindicato. “El juez rechazó el pedido de quiebra de los dueños, habilitó el salvataje, el cram down, y que nos presentemos a hacer una propuesta de cooperativa en formación. Estamos trabajando en esto. Vamos a hacer una presentación la próxima semana”, indica Aguer.

Los trabajadores creen que ante un cambio de escenario político, con un modelo de país que apueste a la producción, es viable la continuidad de la empresa, que por ejemplo, llegó a ser pionera en la fabricación de válvulas de seguridad y exportar sus productos a siete países. “Ellos proponen hacerse cargo, pagar las deudas y mantener las fuentes de trabajo”, señala el abogado apoderado de la UOM.

El colapso industrial

Las decenas de máquinas de la empresa, anclada en Bernal oeste, partido de Quilmes, están apagadas. El silencio se expande allí donde se escuchaba el sonido de los motores funcionando. Da la sensación de que alguien bajó la palanca de la producción y la fábrica, que se extiende en un imponente predio, se congeló por tiempo indeterminado. La postal condensa la crisis que afectó a la industria nacional en los últimos cuatros años.

Las cifras reflejan la magnitud del colapso. Según el INDEC, la industria en general cayó 8,4% en julio, en la comparación interanual. Fue el decimoquinto mes de baja consecutivo: desde mayo de 2018 la caída no encuentra piso. El reflejo de estos datos se traduce, por ejemplo, en el cierre de 18.748 Pymes. Una de ellas fue Eitar.

Este descalabro tiene su correlato en el empleo.

Desde que asumió Macri, la pérdida de empleo fue muy fuerte en la mayoría de los rubros. Solo en el último año, de acuerdo a los datos disponibles, se aniquilaron 172.000 puestos de trabajo registrado. Se trata del período junio ‘18 – junio ‘19, según datos de la Secretaría de Trabajo. 

De ese total, 148.500 ocurrieron en el sector privado: 57.000 fueron en la provincia de Buenos Aires y 37.000 en Capital Federal. 

En el mismo período (junio ‘18 – junio ‘19), la industria perdió 63.0000 trabajos formales, lo que refleja que la destrucción en este sector fue mayor al resto.

Este panorama alarma a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que en el caso de Eitar, por ejemplo, facilita como contención un bolsón de comida, $2.000 mensuales y abogados. 

“Nosotros teníamos un sueldo y hoy tenemos que estar agradecidos porque nos donen una bolsa arroz. Las chicas están haciendo truque, vendiendo la ropa de los chicos para sobrevivir, nos dejaron sin nada”, relata, quebrada, Miriam Blaho. E interpela, en pleno llanto, a Mauricio Macri: “Si en verdad nos escuchó, Presidente, haga que funcione la industria argentina porque está destruyendo todo el trabajo del país!”.

La situación que hoy atraviesan los operarios y operarias de Eitar no es más que un espejo de lo que viven muchos otros trabajadores. Es un fiel reflejo de la crisis que provocó el macrismo. 
 

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