06 de diciembre, 2019 | 08.28

Huelga en Francia: más de un millón de manifestantescontra la reforma jubilatoria

Macron impulsa una reforma que perjudica a los futuros jubilados y toda la gente salió a la calle para repudiarlo. 

La masiva huelga de este 5 de diciembre ha sido un éxito tanto por la cantidad de huelguistas como por las masivas manifestaciones en más de 245 ciudades de Francia. Según la CGT, hubo 250.000 manifestantes en París y un millón y medio en total (806.000 según el Ministerio del Interior) .

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La huelga en los gremios del transporte fue contundente: solo funcionó un tren sobre diez, todas las lineas de metro cerradas salvo dos, 30% del tráfico aéreo anulado, pararon empleados de la empresa estatal de electricidad, camioneros, refinerías, enfermeros, maestros y estudiantes, algunos policías y bomberos, abogados y magistrados, recolectores de basura...Escuelas, colegios y facultades cerrados o con la mitad de profesores y alumnos presentes. Gran cantidad de comercios bajaron sus persianas y hasta la emblemática torre Eiffel estuvo cerrada.

La mayoría de las manifestaciones se terminaron sin grandes perturbaciones. A pesar de la presencia de unos 700 “black blocs” en Paris, los desmanes fueron relativamente menores gracias al servicio de orden de la CGT y de los otros sindicatos presentes. La Policía omnipresente en París con 6000 efectivos evitó reprimir con armas letales; la utilización de gases lacrimógenos estuvo bastante acotada salvo en la Plaza de la República donde hubo algunos enfrentamientos que interrumpieron la manifestación durante una hora. Cientos de chalecos amarillos también estuvieron presentes.

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La mayoría de los partidos de izquierda manifestaron junto a los sindicatos como así también, hecho insólito, algunos miembros del partido de Marine Le Pen. Se entonaron consignas contra la reforma jubilatoria y por la renuncia del presidente Macron. Varios latinoamericanos desfilaron con banderas de Bolivia, Chile y Argentina coreando consignas contra el golpe en Bolivia. En un camión de la CGT del 92 se vio flamear una wiphala.

Si bien la reforma jubilatoria figuraba en el programa electoral de Emmanuel Macron, recién se pudieron conocer los lineamientos generales en el mes de julio. En las 130 páginas del Informe del Alto comisionado para las pensiones, Jean-Paul Delevoye, se sientan las bases para el proyecto que el gobierno está “afinando” a través de "consultas" con algunos sindicatos. A diferencia de la llamada "igualdad" y "universalidad", el sistema de puntos crearía las condiciones para una regresión de derechos nunca vista antes. De aplicarse, un euro contribuido otorgará "los mismos derechos para todos". Se suponía que el eslogan respondía a la injusticia de las diferentes reglas vigentes en los 42 regímenes existentes. Pero detrás de esta aparente "igualdad de trato", existe la realidad de las desigualdades de carrera y salario que, si no se corrigen parcialmente por derechos más ventajosos otorgados a los más débiles, se reproducen al momento de la jubilación.

La reforma propone la edad “pivote” de 64 años. Si alguien se jubila a los 62 (actual edad legal con 43 años cotizados) recibiría una jubilación menor. Si sigue trabajando después de los 64 años recibiría un plus. Ninguna precisión existe sobre la valor del punto ni si se indexará o no sobre la inflación.

El primer ministro Edouard Philippe ya ha planeado una serie de concesiones, que podría anunciar la próxima semana: un aplazamiento de las medidas económicas, el establecimiento inmediato de un “Órgano paritario de gestión de las jubilaciones”, un calendario flexible para el régimen especial  para los docentes esperando dialogar con la CFDT (que no adhirió a la huelga salvo algunas secciones del sindicato). Su idea es lograr una disminución de la tensión que permita aprobar el principio de la reforma, y de ser necesario modificar su aplicación.

Los huelguistas ya anunciaron que seguirán parando hasta el lunes 9 de diciembre. El gobierno teme una repetición de las tres semanas de huelga que en 1995 derrotaron la reforma de Alain Juppé. Si la situación se prolonga, por más racional que sea, la palabra gubernamental se volverá inaudible.

La bronca trascenderá el movimiento social, haciendo que cualquier compromiso sea imposible. A diferencia de los chalecos amarillos, el gobierno enfrenta, no una protesta sin líderes ni estrategia, sino un sindicalismo forjado en las relaciones de fuerza con el poder y hábil en la negociación. Con la gran huelga y movilización de hoy, los sindicatos toman su revancha y restauran su legitimidad. Esto deja espacio para la discusión con el gobierno. Hasta donde podrá ceder Emmanuel Macron sin renunciar a su reforma emblemática? Lo sabremos en las próximas semanas.

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