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No puede pasar desapercibido. No es una noticia más. La muestra de sangre de Diego Nicolás Cuevas (19), imputado por atropellar y matar a dos jóvenes en Haedo y herir a otros cuatro, fue diluida en agua.

Se trata del caso de Haedo, donde un joven que corría picadas en la madrugada del domingo de Pascuas atropelló a un grupo de primos y amigos, que volvían de un boliche de Ramos Mejía. A casi un mes del accidente, ocurrieron dos hechos que oscurecen el caso. Por un lado, la muerte de uno de los primos que se encontraba internado desde ese día y por otro, la contaminación de la extracción de sangre del conductor.

Ahora no se puede saber si estaba alcoholizado o no, según le informó el fiscal de la causa a la directora de la Policía Científica la sangre de Cuevas.

Este es un hecho de extrema gravedad. Podría ser, incluso, uno de los mayores escándalos de la justicia bonaerense de los últimos años.

Un caso como este puede poner en riesgo toda la credibilidad del sistema policial y jurídico. Si la sospecha de una contaminación intencional no se esclarece rápidamente, ¿quién puede confiar en la justicia?

El fallo y la eventual sentencia contra Cuevas no será justa, ningún juez podrá determinar si el comportamiento del acusado estuvo motivado por el consumo de alcohol o drogas. Los familiares de las víctimas no tendrán un fallo justo.

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