“Nunca estoy seguro de nada”, advierte Federico Jeanmaire con seguridad, en una especie de oxímoron. El autor acaba de reeditar su novela Fernández mata a Fernández, una atrapante obra que es un diálogo de principio a fin y que intenta develar el misterio de la muerte de una mujer. En una entrevista con El Destape se mete en política y cuenta que firmó la solicitada en apoyo a la fórmula Fernández-Fernández. Su padre gorila, la dictadura militar, su enamoramiento en Europa y los mensajes ocultos en su obra.

“Muchos piensan que una novela es aburrida y su origen es la diversión, la intriga. Creo que hago lo que quiero y lo que puedo, pero estoy satisfecho si me dicen que mi obra los divirtió”,afirmó Jeanmaire, que además explica que la novela fue publicada en 2011 y reeditada tras el anunció de la fórmula Alberto Fernández- Cristina Fernández de Kirchner.

“Esta novela la escribí en 2010 y salió publicada en 2011. La nueva obra se publicita después de que Cristina anunció que iba de vice de Alberto. El sábado del anuncio, en Twitter empezó a aparecer mucha referencia a mi novela que se había vendido un montón. El lunes posterior al anuncio de Cristina hablé con la Editorial Planeta, porque la anterior edición que era de Alfaguara (Clarín) se había agotado. Yo gané el premio Clarín que era muy jodido, porque había que darle los derechos de los dos libros siguientes a la obra ganadora”, narró el autor.

Jeanmaire cuenta que se fue de su casa en Baradero para vivir en Europa, donde se enamoró de una holandesa y comenzó un derrotero que lo llevó a trabajar en una pizzería y a vender sánguches en la calle.  “Uno de los trabajos más lindos que tuve fue manejar un colectivo eléctrico para llevar a personas con discapacidad a sus trabajos. Como tenía una mala pronunciación, ellos me hacían decir salchicha y a mi me salía decir teta, entonces se mataban de risa”, cuenta.

El autor además recordó que su padre era "gorila" y muy autoritario. “Fue intendente de facto de Baradero”, afirma Federico, quien además contó que vivió en Barcelona y que tuvo una tía exiliada. En Europa, se enamoró de una holandesa y comenzó un derrotero que lo llevó a trabajar en una pizzería de italianos y a vender sánguches en la calle.

 “Uno de los trabajos más lindos que tuve fue manejar un colectivo eléctrico para llevar a personas con discapacidad a sus trabajos. Como tenía una mala pronunciación, ellos me hacían decir salchicha y a mi me salía decir teta, entonces se mataban de risa”, cuenta.

Acerca de la actualidad de la Argentina, Jeanmaire sostiene que es asfixiante y afirma que firmó la solicitada en favor de Fernández-Fernández. "Yo no soy peronista, pero esto no se aguanta cuatro años más", sostuvo.  

-¿Por qué escribiste este libro?

Hace años separé y me fui a vivir con mi hijo a Hipólito Yrigoyen y Sarandí, a la parte de atrás del Congreso. Es un lugar que está lleno de palomas y había una señora que todos los días se tomaba el colectivo con una bolsa de pan para darles de comer. Después se iba. Yo tenía un departamento muy chiquito con tres ventana a la calle y me vivían 30 palomas con sus ruidos a las tres de la mañana, el repiqueteo constante. Hace doce años me mudé de ahí, pero todavía veo a la señora. Entonces yo lo quería era matar a esa mujer y lo hice en la novela, porque en la vida real no ando matando gente.

-La historia tiene una gran dinámica, ¿cómo conseguís que la narración sea tan intrigante?

Sólo sabía el inicio del conflicto, luego la historia se fue ramificando por acción de los personajes. Cuando al principio de la novela, el portero le responde al periodista que es gay, yo no lo sabía. En mis obras los personajes tienen su propia vida y yo no intentó arreglarlo para mi idea original.

-¿Por qué utilizaste la conversación como forma de narración?

-Es una decisión literaria y política. Mis amores literarios están en el nacimiento de la novela hace 400 años a partir del teatro: el quijote y las primeras novelas son diálogos. Es como volver al origen de la novela. También tiene otras cuestiones literarias como lo coloquial y el diálogo. La literatura que me gusta tiene que buscar siempre el procedimiento, la forma para decir de un modo no explicito algo que sentís que pasa en el mundo. De allí que viene mucho lo político.

-La literatura que me gusta tiene que buscar siempre el procedimiento, la forma para decir de un modo no explicito algo que sentís que pasa en el mundo.

-Se hablaba en aquel momento mucho del relato y yo creo que no era un tema de relato, si no justamente lo contrario: la falta de un narrador. Entonces lo que había eran monólogos que chocaban, que es lo contrario a un relato. Entonces yo tenía que buscar decir esto en una novela: hay monólogos muy fuertes que se chocan y que gana el más fuerte. Es lo que pasa en cualquier bar de Buenos Aires.

-¿Por qué el título de la obra? ¿Qué evoca el nombre de los personajes?

-Primero en verdad se llamaban todos Martínez. Hasta que un día me levanté temprano y escuchaba la radio. Entonces en esos días se habían peleado Alberto con Aníbal y estaba también Cristina. Me dije que todo eran Fernández y yo tenía que hacer que los personajes se llamen Fernández. La tapa del libro de 2011 son siete patitos en fila porque Aníbal Fernández dijo que Carrió no tenía los patitos en fila.

-¿Qué buscas con esta novela?

-Que los lectores se diviertan como lo hago al escribirla. A este libro lo leyeron varias escuelas secundarias. Recuerdo haber estado en San Pedro, que queda al lado de Baradero. Era una escuela para adultos, noctura y la profesora no sabía cómo hacerlos leer un libro. Entonces se tomó varios meses y leían una parte cada clase. Ellos se divirtieron mucho. Tenían veintipico y creían que la novela es sufrimiento, cuando en verdad puede ser algo placentero, divertido. Es una novela para reírse mucho y mi intención es que la gente se ría y piense de qué me estoy riendo. La reflexión posterior a la placentero.