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Los buenos resultados de las elecciones a gobernador en Córdoba pintaron una sonrisa en el rostro de Omar Perotti. Salvando las distancias en las configuraciones e historia del PJ de ambas provincias, no hay dudas de que el octavo golpe consecutivo para Cambiemos y el hecho de que el peronista Juan Schiaretti haya sacada una victoria abultada le da a la fuerza política una sensación de racha que, de repetirse en Santa Fe, podría asestar una estocada mortal al sueño releeccionario de Mauricio Macri. Para seguir de racha, encima sumó la foto de unidad que tanto buscaba con María Eugenia Bielsa, justo el día en que Cristina Kirchner se sacó la foto de unidad en el Consejo Nacional del PJ.

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Si bien es un error nacionalizar los resultados provinciales, no es menos verdad que la situación del país se inmiscuye en las elecciones de los distritos. Esto es lo que le pasó a Cambiemos, que perdió 200 mil votos en Santa Fe entre las PASO 2015 y las del último 28 de abril. Desde que es gestión en Nación, el PRO pasó en la provincia de cosechar 536 mil votos a 322 mil, 214 mil menos. La marca Cambiemos que le dio tantos éxitos hace dos años en las legislativas de medio término es hoy un lastre. Al mismo tiempo, el resultado positivo de la PASO en Santa Fe más lo sucedido en la provincia mediterránea lo posiciona mejor al rafaelino de cara al 16 de junio.

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Un peronismo robusto

La recuperación del socialismo (Antonio Bonfatti obtuvo el primer lugar como candidato) se dio a partir de la debacle económica del macrismo. Pero el PJ también se revitalizó enormemente bajo el mismo proceso desde la última elección Ejecutiva: saltó de 365 mil a 704 mil sufragios desde las primarias de hace 4 años. La estrategia de Cristina de bajar sus propios candidatos y trazar una alianza con Perotti demostró ser exitosa: el rafaelino es un candidato robusto que imantó votos de distintos sectores, incluso de los productivos del agro del interior de la provincia que se habían divorciado del kirchnerismo.

Bielsa, que perdió la interna justicialista pero se mantiene activa, sorprendió con marcados gestos públicos de apoyo a Perotti, a quien había castigado un poco durante la campaña. Primero vino un comunicado, y luego con la presencia de su principal candidata a diputada, Silvina Frana, y el candidato a senador por Rosario Marcelo Lewandosky (ganó la interna a la representante de Perotti) en diversas actividades de campaña junto al contador. Pero los rumores de distanciamiento de la exvicegobernadora de su rival en las PASO terminaron de sepultarse este martes, cuando se retrataron juntos compartiendo un café en un bar de Rosario ubicado en el barrio de la arquitecta.

Quienes rodean al senador confían en que estos mensajes engorden la cantidad de votantes que eligieron a Bielsa en las primarias y elijan permanecer dentro del caudal del Frente Juntos, lo que estiman arriba del 70 u 80%. “La comunicación entre los equipos es constante. Ellos hablan y se reúnen”, afirma un asesor. Entre bambalinas se comenta que Bielsa ya pidió para su sector un ministerio (sería Desarrollo Social) y la creación de una suerte de Oficina Anticorrupción provincial.

Pero además de los que apoyaron a la rosarina, tiene que ir por los que no votaron en las primarias y los que lo han hecho por otras opciones. “Hay que ir a hablarle a todos los que en otra oportunidad votaron otras fuerzas políticas y están desencantados”, sostiene un asesor, que además admite que “Omar” seguirá con el mismo discurso moderado, sin estridencias, que practicó durante la campaña antes de abril, con especial hincapié en el tema de la inseguridad y la producción. “¿Vos alguna vez lo escuchaste hablar distinto?”, pregunta de forma socarrona ante la consulta de este medio. Pero tiene razón: Perotti siempre fue un equilibrista y hay tantas probabilidades de que kirchnerice su discurso como de que el cielo deje de ser celeste. La búsqueda será sobre los 5 a 8 puntos que se estima se incorporarán con la gente que vota en esta elección y no concurrió en la anterior.

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El laberinto socialista

Bajo este panorama, para colmo Lifschitz y Bonfatti renovaron sus disputas internas: el presidente de la Cámara de Diputados le recriminó al gobernador que su aventura por la reforma constitucional le estaba sacando energía a la campaña, al igual que pasó en las internas de Rosario donde el socialismo perdió con el radicalismo progresista, que se llevó gran parte de los esfuerzos del partido en las PASO.

Esa fue la verdadera razón detrás de la decisión de bajar la consulta, que el peronismo –acusado de culpable del fracaso por Lifschitz- propuso establecer por ley y el gobernador intentaba por decreto. De hecho, en la Legislatura hay cinco proyectos presentados, 3 de los cuales son del justicialismo. La puesta en escena, más que esconderla, hizo más visible la tensión: el exintendente rosarino apareció en la conferencia de prensa con toda la dirigencia atrás para que no parezca una claudicación personal hacia la otra rama del partido y la oposición, sino una cuestión de republicanismo.

Pero la intención ya se sabía casi muerta de antemano. Especialistas habían advertido que la consulta enturbiaba el proceso eleccionario y que esa potestad corresponde a la Legislatura. La oposición había salido a decir que impugnaría el proceso ante el Tribunal Electoral. De hecho, el diputado del PJ Leandro Busatto lo calificó en contacto con El Destape como “un papelón jurídico e institucional”. “Siempre que el socialismo fracasa en algo culpa a otro partido, esta vez nos tocó a nosotros”, dijo quien encabeza la lista de legisladores del frente Juntos.

Este movimiento errático también denotó cierto nerviosismo dentro de una fuerza que gobierna hace 12 años y estuvo a dos mil votos de perder la última elección. Hoy, todos los operadores intentan buscar una manera de captar votos por derecha (Corral) e izquierda (Bielsa). Pero la postura pública de Bielsa en apoyo a su contrincante de interna achicó los márgenes de votos que no pasarían de uno a otro y se irían a otra fuerza. Apenas después de las PASO, en el Frente Progresista especulaban que se quedarían con la mitad de los votos de la arquitecta en la general. Hoy, luego de los gestos amistosos de ambos dirigentes peronistas, creen que serán uno de cada tres.

“La izquierda no vota ni a palos a Perotti ni a Corral, hay que ver si robás algo de ahí. Y me imagino a Corral desinflándose porque quedó lejos y hay un gorilismo que jugará para nosotros. Son 20 puntos, si le robamos 2 ya está. El que votó Macri no vota Cristina”, dice un asesor del socialismo, donde creen sin embargo que la disputa será “difícil” y palo a palo con el PJ. A su vez, Lifschitz intenta buscar una salida a nivel nacional por tercera vía con Lavagna, Schiaretti (encumbrado por su abultado triunfo) y el peronismo alternativo para proyectarse a si mismo fuera de la provincia y para que la identidad del socialismo no quede oprimida entre los polos K y M. Ya sin la ciudad de Rosario, donde formará parte del gobierno en segundo plano, con posibilidad de perder la provincia y sin referencias nacionales fuertes tras el ocaso de Hermes Binner, esa identidad corre riesgo de desaparecer. Por eso estos meses serán fundamentales para el partido de la rosa. Ya veremos.

*Nicolás Maggi es corresponsal de El Destape en Santa Fe.

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