Solía referirse que entre los economistas se distinguían cuatro tipos de Modelos: el Capitalismo privado, el Capitalismo de Estado, el caso de Japón y el de Argentina. En Política pareciera que nuestro país también ofrece características difíciles de encasillar, como puso de manifiesto lo ocurrido en esta última semana. Lo esencial, sin embargo, no es invisible a los ojos, sino que está a la vista de todo aquel que no se niegue a ver.

 

La indiscutible vigencia del Peronismo

 

Desde hace más de 70 años la Política en nuestro país ha estado atravesada, y me atrevo a afirmar, condicionada por el Movimiento Peronista, como protagonista principal y de ineludible consideración para la gobernabilidad en Argentina.

En el ejercicio del poder formal, durante los casi 20 años de proscripción, en los reiterados períodos dictatoriales del siglo XX o en los de Gobiernos de otros partidos que accedieran por medio de elecciones y en los que cumpliera el rol de primera oposición, ha ocupado un lugar central y ha demostrado ser la representación de amplias mayorías.

Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen fueron figuras determinantes de una impronta reformista fundamental para la instauración de una Democracia republicana liberal, al imponerle al Régimen conservador la sanción de la ley del voto secreto, universal (para los varones) y obligatorio.

Así como Perón, con el Movimiento nacional que impulsó, emerge como “la figura” de una etapa de transformaciones revolucionarias que permitieron el acceso de la clase obrera a la política (cuyos representantes ocuparon importantes funciones en los distintos Poderes del Estado); alcanzar una verdadera universalización del voto (al incorporar a las mujeres al electorado), plasmar en una nueva Constitución un Proyecto de país soberano e independiente con justicia social; dar reconocimiento a derechos humanos fundamentales (laborales, sociales, económicos y culturales). En definitiva, concibió y concretó un Estado Democrático Social de Derecho, inclusivo y con un grado de equidad hasta entonces inexistente e impensable.

Quizás sean esos logros con sustento en una doctrina original y disruptiva de la aparente bipolaridad reinante en su época, junto con una construcción política diferente y que excedía en mucho a las clásicas formaciones partidarias de la democracia burguesa, lo que ha llevado a consagrar al Peronismo como un caso único en el Mundo: mantener su vigencia transcurridas más de cuatro décadas de la muerte de su Líder.

 

Quiénes no lo son

 

La conocida frase de Perón que da título a esta nota es una metáfora es elocuente, por cierto, en el contexto en que fuera formulada pues cobraba sentido no sólo por la amplitud de las corrientes que cobijaba y su carácter movimientista, sino por su identificación con anhelos, objetivos y prácticas efectivas, propias del campo nacional y popular. En nuestro país fue acercando paulatinamente, generación tras generación, a militantes y ciudadanos sin activismo pertenecientes –o que adherían- a otras expresiones partidarias.

Está claro que hay una parte de la población que no es ni será jamás peronista. Sin embargo, lo toma como referencia al definirse políticamente como anti-peronista, exhibiendo un repudio visceral y cargado de emociones negativas –de distinto signo- para descalificarlo.

En ese espacio no sólo se ubican facciones que hacen gala de un rancio conservadurismo o abrevan en un acérrimo neoliberalismo, sino también sectores que se exhiben como “izquierdas” y que se arrogan una representación obrera y popular que jamás han demostrado en ámbito alguno, particularmente en las compulsas electorales.

Paradójicamente, ambas expresiones ideológicas culminan siendo funcionales e igualmente reaccionarias, con la diferencia - no menor- que las primeras de las mencionadas cuentan con la fortaleza propia del Poder económico -hoy robustecido por las corporaciones Mediáticas y Judiciales- y en buena medida ligado a intereses extranjeros y antinacionales.

También, justo es reconocer, que existen otros que sin situarse como enemigos sino como adversarios o presentándose como “apolíticos” tampoco son abarcados por el Peronismo, aunque con frecuencia son tributarios de la acción política peronista o incluso coyunturalmente pueden constituirse en declarados aliados o simplemente sumarle su voto en una elección.

 

Quienes no se reconocen como tales siendo afines

 

El espíritu frentista que siempre ha manifestado el Peronismo, cualquiera fuere la herramienta electoral propia (el PJ u otras denominaciones de Partidos que lo expresaban), ha producido la confluencia con distintas organizaciones, no exclusivamente políticas, que lo han dotado de mayor envergadura y potencia, enriqueciendo sus signos identitarios.

Las adhesiones referidas también se advierten en ciudadanos de a pie, cuyo pensamiento o ideología la entienden afín a las propuestas doctrinarias y experiencias concretas que ha ofrecido esa expresión política en la Historia de la Argentina.

Sin que ello valide eliminar las diferencias, sí denota que el Movimiento Nacional y Popular que hegemoniza el Peronismo se nutre de otras muchas voluntades colectivas e individuales que justifican esa presencia permanente y descollante en la escena política de nuestro país.

 

Saber distinguir, una exigencia para evitar engaños

 

El Peronismo se propone como pluriclasista pero, como toda doctrina, se funda en ciertos dogmas que lo definen como tal.

Así, el objetivo de conciliar los intereses del Capital y el Trabajo no lo plantea como una equiparación axiológica entre ambos, sino en la prevalencia de los trabajadores y los sectores más desposeídos, tanto como en la función social que le adjudica a aquél y el compromiso que le exige de responder a los requerimientos para el engrandecimiento de la Nación y la felicidad del Pueblo.

La centralidad que le otorga a la Soberanía política y a la Independencia económica, lleva como correlato el rechazo de todo sometimiento que implique afianzar la dependencia en cualquier terreno, subordinarse a los Organismos Financieros Internacionales o ceder a las manipulaciones imperialistas.

El reconocimiento de formar parte de una Patria Grande junto con los demás países latinoamericanos, promoviendo una acción permanente por estrechar lazos que potencien las políticas soberanas y que también permitan conformar bloques que fortalezcan las relaciones internacionales; conlleva como contrapartida, la férrea oposición a cualquier injerencia extranjera y, particularmente, las que conspiran contra el desarrollo de las Naciones y la libre determinación de los Pueblos.

En la actualidad, como una curiosidad más de nuestra política, el cierre de las Alianzas para las próximas elecciones dio como resultado la participación de figuras provenientes del Peronismo en todas las que se exhiben como competitivas. Será necesario entonces analizar cuánto suponen como expresión de tal identidad, para lo cual resulta imprescindible –sin abusar de ortodoxias o pruritos inconducentes- desentrañar cuánto expresan de los principios dogmáticos que definen a ese Movimiento político.

Hoy como ayer y como siempre la puja es entre los libertadores y los colonialistas, los nacionales o los antinacionales, los que resiste la presión y los que la favorecen (…) El problema que encara el peronismo es (…) cuando encuentra su Patria ocupada, su Pueblo miserable y hambriento, sus riquezas entregadas a los más oscuros intereses, sus hermanos sin trabajo y su país sumido en una inercia suicida (…) Podríamos hablar días enteros sobre este tema, pero ‘para muestra basta un botón’. Hoy muchos argentinos muchos argentinos se peguntan ¿qué hay que hacer? La respuesta es muy simple: corregir de alguna manera tamaños desatinos y volver nuevamente a empezar, imponiendo nuevas estructuras financieras y económicas, a fin de evitar que este proceso de descapitalización se siga pronunciando, levantar la economía popular y crear confianza mediante un procedimiento serio y efectivo que vuelva a organizar y defender a la economía argentina” (“La Hora de los Pueblos”, año 1968).

Perón siempre contaba: "Yo tenía un perro que se llamaba León, y yo lo llamaba … León, León y León venía, pero yo sabía que no era un león, era un perro, lo mismo pasa con algunos que se llaman peronistas y yo los llamo y vienen, pero yo sé que no son peronistas".

La reflexión sería igualmente útil si la mascota en cuestión hubiera sido un gato, lo verdaderamente importante, en definitiva, es que no nos dejemos meter el perro.