Elecciones 2019: Nueva democracia

Pese al desencanto por la crisis económica y social, la reacción no fue "que se vayan todos" sino que la democracia busca nuevas formas. 

29 de septiembre, 2019 | 02.00

La democracia no es solo un procedimiento de elección de representantes sino que, en sentido amplio, es una forma de organizar la convivencia social. De ahí que no se la debe plantear como una definición dogmática y cerrada, sino como una investigación y una experimentación mediante la cual la polis va encontrando su forma legítima y las mejores condiciones para la vida en común. 

Se trata de una categoría abierta,  discutible y en disputa, que palpita y se revitaliza cuando lo social se convierte en un laboratorio activo, una búsqueda colectiva sobre el bien común. Incluye el conflicto político, los desacuerdos, el debate, el pasado como legado - no como tradición conservadora o melancólica -,  los afectos y las pasiones. Las comprensiones, elaboraciones y conclusiones a las que el cuerpo social arriba, no están definidas a priori ni establecidas para siempre, sino que son provisorias y constituyen un desafío y un compromiso de tod@s.

Eduardo Rinesi afirmó que en la Argentina la democracia fue variando de significado: en los 80 como utopía, en los 90 como rutina, en el 2001 como espasmo y en el 2003 como proceso. Propongo agregar a la lista de Rinesi en el 2015 la democracia como simulacro. 

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Jean Baudrillard en Cultura y simulacro afirmó que en la posmodernidad el territorio ha dejado de existir y que sólo ha quedado el mapa, se ha borrado la diferencia que existía entre ellos, siendo imposible distinguirlos. Los simulacros hacen emerger un modelo virtual por encima del territorio real.

El modelo neoliberal del gobierno macrista fue una gran fake news en la que, a través de los medios de comunicación y un aparato de imposición, hicieron creer que así era la democracia moderna de los “países en serio”. Por un tiempo el marketing consiguió naturalizar el sacrificio, la pérdida de derechos y vivir en la incertidumbre. La democracia debe consistir en una solución, nunca asociada al hambre y la tristeza del pueblo.

A pesar del desastre de la gestión de Cambiemos que buscó (y en gran medida logró) degradarla, la democracia como proyecto de vida en común no está en cuestión ni es una experiencia fracasada. Más allá del actual desencanto generalizado, luego de los doce años de la experiencia de gobierno kirchnerista ya nadie dice como en el 2002 “que se vayan todos”; por el contrario, insistimos en la democracia probando nuevas formas y eso significa un triunfo de la política.

Se tratará de reinventar la democracia, plantear un orden diferente que dice No al neoliberalismo; el nuevo pacto social que propuso Cristina debe ser un problema a resolver entre tod@s, teniendo en cuenta el campo de lo pensable y lo posible. Habrá que redefinir la libertad (que no es el individualismo ni la ausencia de regulaciones), la igualdad, la fraternidad/sororidad, incluyendo límites y bordes. Plantear nuevas formas de la economía, de la comunicación y reconstruir el daño de estos últimos cuatro años: fundamentalmente tendremos que realizar el trabajo de deconstruir el odio social sedimentado.

Surgirán nuevas tensiones que habrá que enfrentar y soportar entre voluntad y poder, lo singular y lo colectivo, la democracia y el capitalismo, los anhelos de los individuos y un proyecto solidario. 

La nueva democracia debe tener la osadía de confiar en el pueblo como un poder democrático que, junto con un Estado al servicio de las mayorías, vehiculice  un proyecto emancipatorio. 

Vale la pena participar de esta experiencia política.

 

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