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Por Nicolás Furfaro
Redacción El Destape

El lobby de la American Task Force Argentina (ATFA) no es sólo una movida política sino también un negocio muy redituable para Robert Raben, el propio presidente del think tank que representa a los buitres en los medios y en el Congreso estadounidense. El lobbysta, que también supo ser fiscal general adjunto del Departamento de Justicia durante la presidencia de Bill Clinton, le paga cientos de miles de dólares por año a su propia empresa de relaciones públicas.

El Destape accedió a documentos en los que se comprueba que Raben se pagó a si mismo U$S 90 mil tanto en abril como en junio de este año, pero estas abultadas cifras fueron sólo una pequeña porción de la masa de dinero que el lobbysta derivó hacia sus ingresos. En total, entre 2007 y 2014 embolsó U$S 2.450.000 que engrosaron su cuenta pero pasaron desapercibidos entre los U$S 33.975.000 que recaudó la empresa en el mismo período de tiempo por sus servicios a otros clientes.

El negocio para The Raben Group comenzó en 2007, cuando fue la única empresa que representó a los holdouts a cambio de U$S 120.000. Esa cifra estuvo cerca de triplicarse al año siguiente y llegó a los U$S 350.000, mientras que entre 2009 y 2013 los honorarios se mantuvieron en U$S 360 mil. En tanto, en lo que va de 2014 ya se desembolsaron U$S 270 mil.

Los datos se desprenden de lo informes publicados por la Oficina de Registros Públicos del Senado norteamericano y compilados por el Center for Responsive Politics (Centro para Políticas Responsables).

El lobby es una actividad institucionalizada y reglamentada en Estados Unidos, razón por la que los grupos de presión pueden operar pero deben hacerlo registrados a partir de la Ley de Divulgación del Lobby (LDA, por sus siglas en inglés). El flujo de dinero tiene que ser informado al Estado, con lo que se destapan nombres y estrategias para influir en la elaboración de leyes y reglas.

Sin embargo, la organización Sunlight Foundation apunta que los fondos declarados por los lobbystas representan menos del doble del flujo que realmente existe entre los privados y los relaciones públicas que buscan torcer la opinión de los políticos estadounidenses.

Raben personalmente se encargó este año de presionar en la cámara baja estadounidense para que se considerara una ley que condicionara la pertenencia de la Argentina al G20 de acuerdo a "su adhesión a las normas internacionales de relaciones económicas y su compromiso con el imperio de la ley". La ley fue sponsoreada por el republicano Chris Smith, que fue acompañado por Ron DeSantis, Michael McCaul y Randy Weber que también pertenecen al Partido Republicano, y por Grace Meng, Grace Napolitano y Sean Patrick Maloney, del Partido Demócrata. Estos últimos registran aportes simbólicos (entre 500 y 1000 dólares) a su actividad política por parte del mismo Raben entre 2011 y 2013, lo que muestra un conocimiento previo entre ellos.

Además, la relación entre los buitres y los legisladores tiene un caso testigo con Connie Mack IV, quien fue el principal sponsor de varias de las iniciativas de los holdouts en el congreso y fue reconocido por ATFA con un puesto de lobbysta bien remunerado una vez que abandonó su carrera política al perder las elecciones con las que intentaba pasar de diputados a senadores.

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