En tiempos de reacción a los gobiernos de Cristina Kirchner se utilizó el término “relato” para atacar el discurso de legitimación del entonces oficialismo. El procedimiento era sencillo, todos los logros del modelo nacional-popular en materia de empleo, crecimiento, desendeudamiento, aumento de los grados de libertad de la política económica y conquista de derechos eran tildados de “relato”. Vale reconocer, nobleza obliga, que con la manipulación zonza de algunos de los agregados del Indec, el viejo oficialismo le dio un gran argumento a la estrategia, pero no es el punto. El concepto complementario al de “relato” fue el de “corrupción”, que calzaba mejor tanto para hablar de las logros que no se alcanzaban como para lo que directamente se hacía mal. El objetivo general de la estrategia no fue solamente deslegitimar los logros del adversario, sino también quitar el foco sobre la discusión del modelo económico.

Es necesario recordar que en la campaña de 2015 Cambiemos literalmente escondió a sus economistas o les pidió taxativamente que hablen de otra cosa, no de lo que iban a hacer. En aquel año los electores no politizados no votaron el regreso al neoliberalismo. Hubo una clara estafa electoral que, como se destapó en el juzgado de Dolores, se complementó con un conjunto delictivo de operaciones de inteligencia-judicial-mediáticos, como el “asesinato” de Nisman o la falsa vinculación de Aníbal Fernández con el narcotráfico, un factor clave del triunfo en la provincia de Buenos Aires y, por extensión, a nivel nacional. Estas estafas y operaciones convierten a Cambiemos en un gobierno con serios problemas de legitimidad de origen.

Bien mirado, el descalificado “relato” es en realidad lo que se dijo al comienzo: el discurso de legitimación que cualquier gobierno construye para sus acciones. El macrismo, en su afán de ocultar sus objetivos económicos, construyó primero un “contrarrelato” de República y división de poderes al que sumó la presunta defensa de la libertad de expresión. No faltó la muletilla clásica sobre respeto a las reglas, la “seguridad jurídica” y la transparencia. En lo económico, muy extrañamente si se considera la historia local, logró vender la posesión de una supuesta eficiencia técnica basada en el origen empresarial de sus cuadros. En esto contaron con la ventaja histórica de la construcción de “seriedad” atribuida a los economistas del establishment. Otra idea falsa, pero consolidada con millones de horas de repetición en los medios de comunicación. Aunque los gobiernos neoliberales condujeron siempre a fracasos económicos, a verdaderas crisis que no tuvieron nada de “asintomáticas”, sus economistas siguen siendo considerados “serios” y poseedores de “solvencia técnica”. Por paradójico que parezca, es un hecho. Y nótese que ni siquiera se habló de sus predicciones.

Si se juzga por los resultados electorales de 2015 y prescindiendo de los citados problemas de legitimidad de origen el contrarrelato funcionó. Cambiemos llegó al poder y el contrarrelato devino relato. El problema fue que desde el primer día comenzó a hacer todo lo contrario a su contenido.

En materia de República empezó con el nombramiento de jueces de la corte por decreto, pero fue sólo el principio. El macrismo se convirtió rápidamente en el campeón histórico en el uso de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) en democracia. El respeto a la división de poderes incluyó el copamiento del Poder Judicial con jueces propios, el desplazamiento de los magistrados cuyas sentencias disgustaban y la interferencia en causas vinculadas a la familia presidencial. La colusión entre juzgados federales y servicios de inteligencia alcanzó niveles de escándalo. La persecución a opositores, el direccionamiento de sorteos, el armado de causas y la prisión política se volvieron moneda corriente.

En materia de libertad de expresión las violaciones son interminables, empezando por haber diezmado el gremio de los trabajadores de prensa y volteado la ley de medios, pero el cuadro de situación se sintetiza en una sola cita: la existencia de la prisión mafiosa a los dueños de canales de televisión opositores.

De la transparencia no quedó nada. Argentina fue el único país en el que las filtraciones de los Panama Papers no produjeron consecuencias políticas a pesar de que se descubrieron empresas offshore de Mauricio Macri y del grueso de sus funcionarios. Más tarde el propio presidente alteró vía DNU la orden expresa del Congreso para excluir del blanqueo de capitales a los familiares directos de los funcionarios, acción que derivó, por ejemplo, en que un hermano presidencial blanquee 35 millones de dólares. Mientras tanto, los organismos oficiales de control sólo se dedicaron a la persecución de funcionarios del gobierno anterior.

La presunta eficiencia técnica de la Ceocracia sólo se tradujo hasta ahora en la reducción de las funciones del Estado, el derrumbe de la inversión pública, el regreso a la dependencia con el FMI y el descenso al subsuelo de la actividad económica, con el parate de una de cada dos máquinas de la industria, el aumento del desempleo a dos dígitos y la desaparición de miles de empresas. El fracaso económico es total y la macroeconomía sólo se sostiene por la decisión geopolítica estadounidense de no dejar caer a un gobierno subordinado clave en la región.

Frente a este panorama devastador, y a pesar de la persistencia de un blindaje mediático que hace agua por todos lados, el relato macrista comienza a generar irritación en la población. Los timbreos que se contraponían a los vallados del espacio público no dejan de generar sorpresas desagradables, los mohines de la gobernadora bonaerense aparecen cada vez más impostados y las fotos oficiales que alternan en fila y en espacios abiertos a funcionarios y trabajadores se volvieron una caricatura de si mismas. Tan caricaturescas como el acuerdo de continuidad neoliberal que, en un intento desesperado por ganar tiempo, se ofreció al opoficialismo.-

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