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La versión oficial marca que las ventas minoristas crecieron un 18,2 por ciento en comparación al mes pasado, que la inflación de junio pasado estará por debajo de los tres puntos, y que en ese mes el dólar cayó un cinco por ciento, mientras que las tasas de referencia, es decir las de las letras de liquidez (Leliq) llegaron al 60 por ciento, bajando diez puntos porcentuales en relación a comienzos de mayo.

Serían noticias alentadoras para la economía, si no vinieran acompañadas de otras, mucho menos difundidas por el gobierno, que grafican la película completa: esto es, que dentro de la comparación interanual, como se mide correctamente, las ventas cayeron un 12,2%; que producto en gran medida del sostenido valor actual del dólar la "formación de activos externos privados", es decir la fuga de divisas, alcanzó los 9.500 millones de dólares en lo que va del año, o que con las tasas oscilando en el nivel actual, la producción industrial, el rubro que mayor cantidad de empleos aporta a la economía, cayó en mayo un 6,9 por ciento interanual, y 9,8 por ciento durante todo el 2019.

Por ello mismo, los positivos guarismos exhibidos por el gobierno en nada permiten presagiar que la fuerte recesión que experimenta la economía desde el año pasado, tenga signo alguno de comenzar a concluir, como tampoco que haya llegado una paz cambiaria, habida cuenta del fuerte y constante drenaje de dólares y las altas tasas de interés que implican mantener a raya su cotización, a lo que se agrega un segundo semestre en el que los comicios llevarán a la histórica dolarización y altas tasas de interés frente a la incertidumbre política.

De hecho, aún cuando programas antes demonizados como el “Ahora 12” o los subsidios a la compra de 0 KMs puedan disminuir la caída en las ventas, o cuando las fortísimas tasas de interés y los dólares con los que aún cuenta el gobierno producto de un endeudamiento record puedan sostener el valor de la divisa y frenar la inflación, el tiempo que transcurre manteniendo el actual modelo económico no hace más que profundizar la caída en aspectos cruciales de la economía real, como la producción y el empleo, o financiera, como la señalada fuga de divisas y las altas tasas de interés abonadas por las Leliq, que implican una deuda cuasi fiscal que llega ya a los 1,25 billones de pesos, siempre a tiro de una dolarización.

Pero nada de estas cuestiones parecería estar en la agenda económica del gobierno, pues queda cada vez más claro que su principal y único objetivo, en materia de política económica, es el de pagar altísimos costos en variables claves para exhibir aunque más no sea frágiles cifras positivas, con el objetivo de sostenerse competitivos de caras las elecciones. Aquí, destaca lo relativo a mantener a raya el valor de dólar, conscientes de que nada en la economía es más visible a los ojos de los argentinos que su cotización, así como su consecuente traslado a la inflación.

Por eso, el interrogante radica en si todas las variables descuidadas por el plan económico electoral, como producción, empleo, fuga de divisas, o la bola de nieve de las leliq, saldrán a la superficie antes o después de las elecciones. La apuesta del gobierno, por ahora cumplimentada, es que las mismas se manifiesten una vez realizados los comicios. Lo logre o no, todos saben qué en el momento en que estas inconsistencias salgan a la luz, otra será la historia.