En el día del periodista, Horacio Vertbisky contó en El Destape Radio anécdotas sobre la profesión y narró cómo fue trabajar con glorias del periodismo como Rodolfo Walsh y García "Pajarito" Lupo. 

“Me siento un privilegiado de haber formado parte de esa época, de haber compartido la vida con ellos, la militancia, el trabajo, como lo hago con ustedes. Me siento un viajero en el tiempo”, afirmó Verbitsky en el programa Habrá Consecuencias. 

García “Pajarito” Lupo

García Lupo era un tipo que tenía un enorme sentido del humor y una gran ternura. El diario se imprimía en la Calle Rivadavia y la rotativa estaba en el sótano, donde se entintaban los rodillos y se hacía correr la rotativa lentamente primero para ver si la impresión era buena. Era el tiempo en que en el diario se publicaba en la contratapa cada semana un capítulo de Quién mató a Rosendo, la obra de Rodolfo Walsh sobre el Vandorismo y el asesinato de Rosendo García.  Un día estábamos los tres, Pajarito Lupo, Walsh y yo en la imprenta y vemos que el obrero hacer correr las rotativas, después las detiene y saca un ejemplar para leer el capítulo en la contratapa. En ese momento Lupo me codea y dice: “El folletín de la clase obrera".

Tiros en la imprenta

En ese taller dónde imprimíamos el diario también se imprimían todos los pasquines de izquierda, de derecha, sionistas, antisemitas, todos. Un día estaba Marcelo Sánchez Sorondo, el padre del Obispo, que editaba la revista Azul y Blanco. También estaba Guillermo Patricio Kelly que era responsable de un pasquín que era pagado por Onganía y que tenía toda la basura de los servicios. En un momento, Sorondo increpa a Kelly por algo que había escrito y le empezó a pegar con un bastón.  Entonces Kelly sacó un arma con un cañó larguísimo, apuntó al techo y disparó al yeso: quedamos todos cubiertos de blanco.

 

El arma de Rodolfo Walsh y el “Capitán delirio”

Un día Leonidas Barletta, el director de la revista Propósitos se encontró con Rodolfo Walsh, a quien le había publicado una parte de Operación Masacre. Walsh se había comprado una especie de capote militar que le llegaba casi hasta los tobillos y Barletta fue a darle un abrazo con tan mala suerte que golpeó con la mano el arma que llevaba y salió espantado. En esa época el periodismo era así: quien más, quien menos, portaba algo. Por esa capota y por el arma, Pajarito Lupo lo rebautizó a Walsh y le puso “Capitán delirio”.