Es comprensible que el lector esté aburrido de que le cuenten los malos números de la economía. Estos números negativos son los que explican los resultados de las PASO y permiten adelantar que las voluntades no se modificarán en octubre, cuando lo más probable, por las mismas razones, es que se amplíe la diferencia en favor de la oposición. Quedó claro que el votante castiga a quienes castigan su bolsillo y que cuando las mayorías la pasan mal no hay marketing político que valga. El deterioro final puesto en marcha esta semana acelerará los tiempos y la caída del PIB. El marketing, el duranbarbismo, siempre es más efectivo cuando la economía funciona y la porción más apolítica del electorado puede entretenerse con detalles. Pero si se observa en perspectiva histórica estos votantes siempre premian al oficialismo cuando las cosas marchan relativamente bien y viceversa.

  En 2015, la situación no era mala, pero el crecimiento económico se había frenado relativamente a partir de 2012, el marketing funcionó. Con una campaña mentirosa, ocultando su verdadero plan de gobierno, la Alianza macrista radical logró imponerse por un porcentaje mínimo, pero ganó e inicio un intento de transformación estructural de la sociedad y de la economía. Su objetivo de máxima era terminar con el peronismo, al que se demonizó como “populismo”. El bombardeo mediático de la prensa hegemónica llegó al punto transformar la letra K en mala palabra. Mientras tanto, en el plano material se trató de aprovechar el tiempo de gobierno para provocar transformaciones económicas de difícil reversión. El balance preliminar de la gestión macrista indica que no logró terminar con “el enemigo populista”, pero sí que dejará una verdadera pesada herencia que llevará mucho tiempo y esfuerzo revertir.

  En 2017, ya con el control de las principales cajas nacionales, el oficialismo mejoró su performance electoral, pero debe recordarse también que fue el único año de expansión de la economía macrista. Fue un crecimiento con pies de barro, sustentado en el megaendeudamiento, pero crecimiento al fin. Mientras la oposición seguía dividida, buena parte de la mayoría silenciosa, ese tercio no politizado, volvió a acompañar. La reafirmación electoral llevó a hablar de un cambio histórico y de un ciclo político de al menos ocho años, pero el mismo diciembre, luego de aprobada la poda a las jubilaciones vendida como “reparación histórica”, mecanismo que de paso se utilizó para hacer pasar en un mismo paquete el blanqueo de capitales que benefició a la familia presidencial, marcó el primer límite. Primero fue la gente en la calle frente al Congreso y en muchas ciudades del país. Luego una represión que terminó en cacerolazo. Las mayorías populares volvieron a demostrar que, a diferencia de otros países de la región, tienen una tradición de resistencia.

  La prensa internacional, mientras tanto, ya había advertido que la velocidad a la que el país se endeudaba en moneda extranjera era insostenible. Ya en los primeros meses de 2018 se advirtió el fin del crédito externo del sector privado, el que comenzó a materializarse a partir de marzo. El desenlace fue la larga corrida que llevó al país de regreso al FMI y que se extendió hasta el segundo acuerdo con el Fondo y la asunción de Guido Sandleris en el BCRA. El nuevo flujo de dólares, esta vez del FMI, permitió un nuevo veranito de dólar calmo, pero ya en 40 pesos, una contención que explotó esta semana, en la que el dólar subió al escalón de 60 pesos. En el camino de la nueva devaluación el BCRA gastó 3.904 millones de dólares de las Reservas Internacionales. Estamos hablando de sólo en una semana, una sangría violenta y conocida que no puede persistir.

 

  Pero detengámonos en algunos números clave sobre las transformaciones que vino a hacer el macrismo reseñados en el último informe de coyuntura del Centro Cifra de la CTA. Ya se contó muchas veces que la peor herencia será la deuda. Sólo en lo que resta del año quedan vencimientos por 34.744 millones de dólares. El año que viene, en tanto, los vencimientos demandarán U$S79.552 millones y en 2021, U$S84.407 millones. Por más voluntad de pago que expresen los candidatos, tanto los mercados internacionales como el propio FMI saben que una reestructuración es inevitable.

  El dato duro es que entre diciembre de 2015 y junio de 2019 el macrismo tomó deuda en moneda extranjera por 107.525 millones de dólares que no se destinaron ni a obras ni a infraestructura, sino que 106.779 millones se fueron en fuga de capitales y pago de intereses. Estos pagos de intereses son los que llevaron a una reducción constante y progresiva del gasto primario, que se redujo 1,5 por ciento en 2016, 3,2 en 2017, 8,9 el año pasado y el 12,8 por ciento en el primer semestre de 2019.

  Dicho de otra manera, para pagar la deuda en dólares tomada desaforadamente con la excusa del “gradualismo”, una operatoria que se suponía era para no bajar el gasto, hoy se recortan jubilaciones y pensiones, asignaciones familiares y prestaciones del PAMI, subsidios al transporte, salarios públicos y obra pública. Esta caída del Gasto tiene un efecto muy negativo en el Consumo y en la Demanda y explica la recesión. Frente a este escenario la única propuesta electoral del oficialismo fue profundizar los recortes.

  Perdidas las elecciones primarias por paliza y luego de la pataleta inicial de culpar a los votantes, seguida por uno de los pedidos de perdón más extraños de un presidente (“estaba mal dormido”), el gobierno anunció medidas de ingreso compensatorias que involucran el 0,2 por ciento del PIB y el 0,3 del Consumo. Para colmo, las medidas se financiarán reduciendo otros gastos, como las jubilaciones, que seguirán licuándose por la inflación. En contrapartida, no se tocará a los principales beneficiarios de la devaluación, los exportadores. A pesar de los rumores iniciales, finalmente no sólo no se anunciaron nuevas retenciones, sino que continúan licuándose las establecidas en una suma fija. Llama a risa que las medidas hayan sido calificadas como “populistas” cuando no sólo son insuficientes, sino que no afectan en absoluto a la alianza de clases beneficiada por el gobierno. El modelo macrista está completamente agotado y el único río que resta atravesar, cuyas corrientes no lucen muy bien, es el que separa de diciembre.