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En noviembre del 2015, apenas Mauricio Macri ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, Luis Majul afirmó con una pasión desbordante que el presidente electo tenía “algo de Nelson Mandela”. También explicó que el ex presidente de Boca estaba “en un estado zen” y que Marcos Peña, el designado Jefe de Gabinete, buscaba convertirlo en el “primer presidente del siglo XXI”. 

Por aquella época que hoy parece tan lejana, Marcos Aguinis se sumó al entusiasmo generalizado de nuestros periodistas serios y comparó al nuevo presidente ya no con el reconocido líder sudafricano sino con el primer canciller de la República Federal de Alemania: Macri era “una suerte de Konrad Adenauer que debe sacar a su país de la ruina”. Aguinis concluía su columna con un optimismo contagioso: “¡Bienvenida, ansiada República! Donde caben las críticas y también los elogios. Pero donde prevalecerá la verdad sobre la ceguera, y la lógica sobre el fanatismo.”

Jorge Lanata, periodista del Grupo Clarín e integrante de la Santa Trinidad conformada por los medios, la Justicia federal y los servicios, afirmó a mediados de 2016 que “Macri no necesita poder ni dinero. Es muy noble que haya querido ponerse al frente del caos que hay en la Argentina”. Que el Estado fuera administrado por sus contratistas no le generaba ningún tipo de preocupación o sospecha. Según la candorosa visión de Lanata, al haber tomado la precaución de nacer rico heredero, el presidente había apartado de su gestión cualquier conflicto de interés.

Federico Andahazi, antes de consolidarse como el macrista televisivo insoslayable, sostuvo: “Provengo de la izquierda y apoyé a Macri. Mi abuelo era militante comunista”. La pasión del escritor apocalíptico duró al menos hasta las PASO. En efecto hace algunas semanas, en junio del 2019, saludó la designación de Miguel Ángel Pichetto como vicepresidente y consideró que “es el hecho más importante en la política argentina del siglo XXI”.

 

 

En octubre del 2017, después de que el oficialismo ganara las elecciones de medio término, Eduardo Fidanza escribió en La Nación una columna asombrosa, aún para los estándares generosos del periodismo entusiasta. Para el director de Poliarquía, Mauricio Macri era “un líder de otra galaxia que constituye una completa novedad”.

En aquella misma época, Alfredo Leuco, deslumbrado por la victoria de Cambiemos, explicó que “Mauricio Macri dio un paso hacia la gloria política y CFK dio un paso más hacia la cárcel”. El destino carcelario de los líderes opositores es una noble tradición reaccionaria que los entusiastas de Macri retomaron con brío.

Durante los años de gobierno de Cambiemos, Mauricio Macri no fue el único beneficiario de los ditirambos mediáticos. Marcos Peña fue presentado como “el Kennedy argentino” por Eduardo Feinmann y en diciembre del 2017, la revista Forbes le dedicó la tapa de su edición local, presentándolo como “el CEO del año”. “Su éxito, ¿será también el de la Argentina?”, se preguntaba Willy Kohan en la nota principal, sin percatarse que la pregunta en sí era una contradicción en los términos. ¿Cómo podría ser exitoso un gobernante independientemente del destino del país que administra?

La realidad le dio de palos al optimismo de Forbes y de Kohan, aunque debemos reconocer que no fueron sus únicas víctimas. Las 21 principales consultoras económicas y bancos de inversión del país se equivocaron en sus proyecciones económicas para 2018 en más de un 100%, incluyendo a ABECEB, la consultora de Danta Sica, quién fue recompensado por su generoso margen de error con un ministerio.

En una columna publicada hace apenas un mes, en julio del 2019, Roman Lejtman, otro entusiasta del periodismo enamorado, describió al Kennedy argentino como “EPA, el Puto Amo”, “un capo en estrategia electoral” y el “Jedi de Durán Barba”. Parece que fue hace un siglo.

El resultado impiadoso de las PASO nos dejó sin Nelson Mandela, sin Konrad Adenauer, sin Kennedy, sin El Puto Amo, sin líder de otra galaxia y sin gloria política. Pero, sobre todo, nos privó del coro estable de esos periodistas apasionados que durante casi 4 años rivalizaron en carne trémula y loca pasión.

 

 

Apenas conoció el resultado de las primarias, Eduardo Feinmann escribió un tuit demoledor: “Sorprendentes 15 puntos de diferencia. Que no vio nadie. Tremenda piña se dio el gobierno. Tremenda paliza recibió. Hubo un profundo voto bronca. Inapelable! Definitivo”. En un editorial que desbordó desilusión, y no sin cierta valiente autocrítica, denunció a quienes le decían a Macri “que estaba todo bárbaro, todo genial” y comparó al presidente con la tan detestada CFK (“Tiene la misma actitud que la Gran Cristina”). “Va a ser un parto de acá a las elecciones de octubre”, concluyó el autor del Kennedy argentino.

Su colega Luis Majul dio un paso más allá y afirmó tener que hacer “una profunda autocrítica”. “No llegué a dimensionar en toda su envergadura el daño que el ajuste y los tarifazos le hizo a los sectores de la clase media y a los más pobres (…) No lo llegué a mensurar”. Majul explicó que la suya fue una reacción desmedida frente a “los medios que exageraban la situación, planteando siempre que cuanto peor, mejor”. No sabemos a qué medios se refería el notable periodista de La Cornisa ya que la enorme mayoría de los mismos hizo como él y apoyó con frenesí al oficialismo, al menos hasta las PASO. “No investigué en materia política y económica lo necesario”, concluyó Majul. Es cierto que para constatar que en estos años de gobierno de Cambiemos la pobreza aumentó, como también la indigencia y el desempleo, era necesario llevar adelante un exhaustivo trabajo de campo.

Luego de elogiar a Macri durante todo su gobierno e incluso afirmar haberlo votado, Jorge Lanata denunció las medidas que anunció el gobierno después de las PASO: “¿Por qué alguien votaría a un Gobierno con el que está peor? Las medidas que se anunciaron ahora, esta especie de mini plan de alivio, a mí me parecieron realmente patéticas (…) No podés darle a la gente en 3 meses lo que no le diste en 3 años. Y por otro lado suena cínico, porque ¿para qué lo hacés? ¿Los estás comprando? ¿Por qué ahora les das cuando no les diste antes? ¿Querés que te voten comprándolos?". Lanata descubría con indignación un detalle que hasta ese momento se le había escapado: que las mayorías estaban peor desde que gobernaba el presidente que tanto defendió.

Fastidiado por el resultado de las primarias, Marcos Aguinis dejó de lado a Konrad Adenauer y opinó: “Lo que ha ocurrido ahora es producto de que los argentinos no asumimos con suficiente intensidad y responsabilidad a nuestro país. Somos bastante infantiles e irresponsables y dejamos que las cosas se vayan arreglando solas”. Es bastante sencillo: cuando gobernaba CFK, la culpa era de ella y ahora que gobierna Macri, la culpa es de nosotros.

Luego de haber elogiado al Kennedy argentino durante años, y describirlo como un genio de las elecciones y de la nueva política, Alfredo Leuco lo consideró “el mariscal de la derrota”. “Para dar un sacudón sería bueno que antes que abran los mercados, el Presidente a las 8 de la mañana salga anunciando: ‘He leído los resultados electorales, por lo tanto he tomado una serie de determinaciones que espero vayan en consecuencia de lo que la gente estaba pidiendo'” concluyó el conductor de Los Leuco, señalando, como Lanata, esos reclamos de la gente que nunca antes había señalado. 

 

 

Por su lado, Federico Andahazi descubrió luego de las PASO un país que hasta ese momento le había sido esquivo. “Tiene dos nombres esta derrota: Durán Barba, Marcos Peña (…) Esto es lo que nunca entendió Marcos Peña, la gente vota con el bolsillo siempre. Un Gobierno es aquel que te administra lo más importante de tu vida, que puedas comer, que te puedas vestir, que puedas llegar a fin de mes. Esa es la vida de la gente”. Con apenas 3 años y medio de retraso, Andahazi descubrió incluso los tarifazos: “Esto que pasó el domingo fue el resultado de la economía. Arrancaron aumentando tarifas, aumentando la nafta. O sea, está perdido. Durán Barba fue el cerebro y Marcos Peña fue el corazón”.

Lo más notable es que ninguno de esos antiguos entusiastas devenidos en amantes despechados, criticó las políticas que generaron el enorme descontento popular que reflejaron las PASO. De hecho, en su mayoría las justificaron e incluso las aplaudieron.

Lo que le critican al gobierno estos expertos en Crêpes Suzette es algo mucho más elemental: haber perdido.