Milei ha hecho un cambio que marca un antes y un después en la política económica del país al levantar el cepo cambiario que condicionaba el acceso a divisas extranjeras.
La decisión viene respaldada por un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El acuerdo consta de 20.000 millones de dólares. La meta es reactivar la economía argentina.
La medida, anunciada el pasado 14 de abril, implica que las personas físicas ya pueden acceder libremente al mercado de divisas sin las restricciones que anteriormente imponían límites de compra, impuestos extraordinarios o trabas burocráticas.
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La percepción impositiva vigente para la adquisición de moneda extranjera también se ha eliminado. Solo el turismo y los consumos en el exterior mediante tarjetas de crédito quedan fuera.
Nuevo régimen de flotación cambiaria y reacción de los mercados
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) implementó un régimen de flotación administrada, con una banda cambiaria entre 1.100 y 1.400 pesos por dólar.
La depreciación inicial del tipo de cambio fue del 10% (unos 1.230 pesos por dólar). Aun así, los mercados fueron más optimistas que los analistas. Estos pronosticaban una devaluación del 15 al 20%.
Y así fue. La Bolsa de Comercio de Buenos Aires subió hasta el 18% en renta variable. A esto hay que sumarle el comportamiento de los bonos soberanos argentinos, que crecieron un promedio del 8% en sus cotizaciones en dólares.
La eliminación del cepo, calificada por Milei como "romper la cadena más pesada y difícil", es considerada un paso crucial para incentivar el ingreso de capitales y la repatriación de fondos.
Para los actores del mercado, entender los investing horarios resulta ahora más relevante que nunca, dado que la nueva dinámica cambiaria abre la puerta a oportunidades que dependerán del seguimiento preciso de la volatilidad intradía y los movimientos globales.
Esta liberalización no solo potencia el flujo de capitales externos, sino que también permite mayor previsibilidad a las empresas locales en sus operaciones internacionales.
El fin de una era de controles y distorsiones
El cepo cambiario había sido originalmente implementado por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en 2011 y progresivamente endurecido en los años posteriores.
Durante más de una década, las restricciones al acceso a divisas no solo afectaron a los individuos, sino que también impusieron serias limitaciones a las empresas para importar insumos, pagar servicios al exterior o remitir utilidades a sus casas matrices.
Adicionalmente, los exportadores estaban obligados a liquidar divisas a tipos de cambio diferenciales que distorsionaban la economía y desincentivaban la producción.
Tal y como se ven las cosas, la política cambiaria parecía limitar barrera para la inversión (nacional o extranjera, da igual). El entorno de incertidumbre y arbitrariedades no ayudaba.
Con el levantamiento del cepo, las expectativas de mejora en el clima de negocios aumentan considerablemente.
Las autoridades económicas esperan que el nuevo marco cambiario, junto con las reformas estructurales en marcha, favorezca la llegada de inversiones masivas que dinamicen sectores clave como energía, minería, agroindustria y tecnología.
Desafíos por delante y reacción social
A pesar del entusiasmo inicial de los mercados, el camino hacia la estabilidad tiene desafíos.
Como el gobierno ha hecho un acuerdo con el FMI, hay tareas. Cumplir metas fiscales y monetarias exigentes está a la orden del día. Por otro lado, hay que alcanzar un superávit fiscal primario del 1,3% del PBI y sumar 4.000 millones de dólares de reservas netas antes del 2026.
Además, el impacto de la liberalización cambiaria sobre los precios internos es un aspecto sensible. Aunque el peso se ha mantenido dentro del rango previsto, los efectos en la inflación deberán ser monitoreados para evitar una pérdida del poder adquisitivo de la población.
A marzo de 2025, la inflación interanual todavía rondaba el 200%, aunque se evidencian señales de desaceleración.
En el plano político y social, la medida ha generado tanto adhesiones como preocupaciones.
Para muchos ciudadanos, el fin del cepo representa una promesa de mayor libertad económica y posibilidades de ahorro en moneda dura.
Para otros, especialmente los sectores más vulnerables, la incertidumbre sobre los efectos inflacionarios y la estabilidad del peso sigue generando temores fundados.
Javier Milei ha pensado que sería buena idea causar una especie de shock económico al país. Eso sí, ahora toca consolidar estos avances con una gestión técnica eficaz. Mantener un diálgoo institucional que minimice tensiones también es clave. La comunicación transparente y el cumplimiento estricto de las metas con el FMI consolidarían la credibilidad del plan.
A espera de los efectos de la eliminación del cepo cambiario
La eliminación del cepo cambiario representa uno de los actos más audaces del gobierno de Milei en su cruzada por reordenar la economía argentina.
Lejos de ser solo una medida técnica, se trata de una declaración de principios en favor de la libertad económica y la integración plena a los mercados internacionales.
La apuesta es alta, pero las señales iniciales son alentadoras.
Con disciplina macroeconómica, estabilidad jurídica y políticas coherentes, Argentina podría estar escribiendo el prólogo de una nueva etapa de crecimiento.
