Carne, pan y leche: ¿Cómo se forman los precios de la canasta básica?

15 de febrero, 2021 | 06.00

Aunque las reuniones entre el Gabinete Económico y los diversos sectores -empresarial, sindical y productor agropecuario- tengan tinte más político que definiciones económicas claras, sin dudas el precio de los alimentos de la canasta básica fue la problemática transversal que motorizó cada uno de los encuentros.

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Durante la convocatoria con los empresarios se encontraban los representantes de las marcas líderes de las góndolas de los supermercados, como Nestlé, Mondelez, Arcor, Ledesma, Danone o Molinos Río de La Plata, ABC o Cervecería Quilmes. Allí, cara a cara con los rostros de la concentración, el Ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, puso sobre la mesa el incómodo mote de “formadores de precios”, calificación que hace picarle la oreja al sector, y explicó: “Algunos sectores tienen una participación muchas veces en el mercado monopólica u oligopólica y el objetivo es justamente ver todos los precios de la cadena, revisar qué sucedió con los insumos, dónde hay rispideces, qué cosas puede mejorar e ir a un acuerdo.”

A pesar de que haya marcado que los empresarios “han tenido una actitud positiva” en la reunión, el Gabinete se sentó con un eslabón que tiene importante incidencia en el precio final en los alimentos básicos para cumplir necesidades nutricionales. Se entiende entonces que con el poder real las negociaciones tienen un límite y luego juega el poder político y la palabra de autoridad. Así además lo fundamentan un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), al que pudo acceder El Destape, y datos recolectados de un documento de la Comisión Nacional de Defensa a la Competencia (CNDC).

Supermercados en primera fila

El informe del CEPA resalta que la existencia de empresas con posiciones dominantes en sectores de consumo esencial no sólo se constituye como un importante condicionante para la determinación de los precios en las góndolas, sino para el conjunto de la cadena de producción y comercialización. La góndola de supermercado está ampliamente ocupada por productos del rubro alimenticio. Según CEPA, el 88% de la composición de la góndola corresponde a alimentos. El producto que más preponderancia tiene es la leche, casi con un 9% de representación, le siguen las galletitas, jugos en polvo y enlatados, con casi 7% cada uno de ellos; gaseosas y aguas con poco más del 5% cada una, y otros lácteos como quesos y yogures con 4% cada una.

Aunque los costos de los alimentos se explican por varios elementos (materia prima, industrialización, logística y distribución, bastantes impuestos nacionales, provinciales y municipales, variaciones internacionales, etc), la oferta concentrada es uno de los principales puntos a analizar en las próximas convocatorias del Gobierno.

En el caso de la leche fresca, según la CNDC, la marca líder MASTELLONE HNOS. S.A. se lleva el 65% de la facturación, en tanto el 33% de las ventas leche en polvo corresponde al proveedor Nestlé. Con respecto al pan, Bimbo representa el 63% de las facturación de pan de molde y Molinos Río de La Plata el 68% de pan rallado.

Por otro lado, de acuerdo al CEPA, para el rubro refrigerados y congelados, donde se encuentra la carne, casi el 30% de la facturación es explicada por la empresa BRF, el 17% por Swift y el 12% por Molinos Río de la Plata. Estas tres firmas concentran casi el 60% de la facturación total. De la elevada concentración de oferta se desprende el dato de que en las principales cadenas de supermercados, un tercio de todos los alimentos ofrecidos los otorga solo diez proveedores.

De acuerdo a la CNDC, hay falta de reglas que explícitamente impidan que los proveedores más grandes o líderes influyan en el precio de las góndolas de los competidores, modificaciones unilaterales entre acuerdos comerciales dados por supermercados-proveedores y falta de transparencia y previsión explícita en las condiciones comerciales para exhibición de productos y ubicación en góndola, entre otros problemas en la dinámica de precios de la comercialización.

Detrás de un super que concentra, hay trasnacionales detrás

Antes de llegar al supermercado, el alimento pasa por otros eslabones. Matias Strasorier, referente del Frente Productivo Nacional (FPN) y Director del Centro de Estudios Agrarios, compara al modelo agroalimentario con un reloj de arena. En una base hay una gran cantidad de productores, en la otra base una gran cantidad de consumidores. En el medio se concentran quienes tienen el dominio de los eslabones más importantes: la comercialización, donde empresas transnacionales, como Cargill, Greygus, ADM, o Glencore, siguen dominando el comercio internacional de granos de soja, maíz y trigo. Luego están la producción y distribución, dominadas por empresas como Nestlé, Pepsico, Unilever y Coca-Cola, entre otros, tal como explica Strasorier y el CEPA. También agrega un eslabón clave, el vinculado a la producción del conocimiento estratégico, es decir, los insumos utilizados, como las semillas. Se suman las maquinarias y tecnología de punta.

Sin embargo, uno de los eslabones más pesados para el referente del FPN es el financiamiento. “Para realizar una campaña agrícola se necesita, de base, 10 mil millones de dólares, de los cuales el 70%-80% se financia por sectores financieros privados, o sea bancos o accionistas transnacionales”, denuncia. En todos estos sectores se concentra la formación de precios, con la lógica de comprarle al productor al menor precio posible y venderlo al mayor precio posible”, describió Strasorier para El Destape. Además, en relación al sector productivo, agregó que la posición para negociar de Alberto Fernández puesto que durante el macrismo “se fundieron muchos productores” y que Cristina Kirchner “no fue anti campo, como muchos creen”, una premisa mayor explicada, entre otros datos, en el próximo libro que el FPN publicará: “50 sombras del Agro.”

Sobre la incidencia del productor en el precio final, es necesario comprender que el sector en Argentina es heterogéneo y así como hay productores chicos y medianos, también grandes empresas concentradoras y extranjeras que nunca saldrán perdiendo por su nivel de poder hegemónico. Sin embargo, hay consenso de que el problema de los precios no es exclusividad del eslabón productor, más bien depende del producto. Por ejemplo, en la producción de pollo, el 70% es alimento balanceado, con lo cual este insumo tiene un peso sensible en el precio, según El Sitio Avícola. Ya en el pan, el peso es menor, el trigo representa el 10%, mismo porcentaje que en la carne.

De todos modos, Hernán Letcher, economista del CEPA, entiende que, en líneas generales, el incremento de ingresos de los productores “fue de un 104%”. La suba se explica por la evolución de los precios internacionales, que duplicó, por ejemplo, el precio del maíz en un año: “En feb-20 la tonelada cotizaba $8.720 (neta de retenciones), hoy está casi $18.000”, publicó el Economista en su cuenta de Twitter, en tanto los costos subieron lo mismo que la variación del tipo de cambio, un 40%, y los salarios en promedio un 33%.

Es por eso que, la discusión del precio de los alimentos no solo pasa por identificar qué sector incide más en la góndola y qué regulaciones determinar al respecto, sino también por el nivel de rentabilidad extraordinaria, la falta de distribución del ingreso que se genera y la desigualdad que eso genera, principalmente en los sectores más vulnerables. Los efectos de esa concentración no tiene más que un efecto regresivo, puesto que los hogares de muy bajo clima educativo destinan el 36% de su gasto a alimentos, mientras que los hogares con clima educativo medio destinan 22,7%, y los de clima educativo muy alto, 14,8%, según CEPA. A esa línea apunta el debate sobre, el aumento de retenciones, al sector productor, en este caso.

En este contexto, el ministro de Economía, Martín Guzmán, optó por una posición determinada pero expresada mediante un discurso moderado. Así es que, referido a la formación de precios, explicó en el encuentro con los empresarios que el beneficio se dará si “avanzamos en en una dirección coordenada, sobre la base de premisas sensatas y prudentes y no querer vender promesas rimbombantes”, principal línea que motorizó el aplauso de los empresarios. Desde ese lugar, son importantes las definiciones económicas de una inflación para 2021 del 29% y una depreciación del tipo de cambio del 25%, o sea un dólar a $102, para delinear expectativas. La meta que más condiciona las negociaciones con el círculo rojo empresarial es que los salarios superen a la inflación. “La inflación es un fenómeno multicausal. Las políticas de precios e ingresos hacen falta porque tenemos una economía que todavía no ha resuelto sus problemas de coordinación”, enfatizó el Ministro.

 

“Planteamos un mecanismo de coordinación donde vamos a monitorear los precios de las diferentes cadenas productivas más importantes de la Argentina y la estructura de costos. Cada sector tiene que asumir compromisos claros y posibles de implementar. Nadie está hablando de que es unos contra otros, sino de ver cómo un gran acuerdo que se busca con estas dos reuniones se logra el objetivo de que haya retroalimentación con el crecimiento de los salarios de los trabajadores, ganancia de los empresarios y más inversión”, concluyó Kulfas en la reunión con los empresarios. Mientras tanto, la inflación de enero promedió el 4%.

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